Desde las montañas del sureste mexicano

corazon

Por Roberto Longoni/ @Galleta27

Desde las montañas del sureste mexicano nos llegó en enero de 1994 una pequeña y luminosa luz de esperanza. Compañeros indígenas organizados bajo el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional levantaron la voz y las armas para gritarle a México que debía despertar. ¿De dónde habían surgido?

Las montañas siempre han sido tierras misteriosas. Sobre su oscuro manto se ha escrito más de una historia de terror, y en más de una ocasión alguien ha temblado de sólo pensar en vagar solitario en alguna región montañosa que, aparte de todo, se presenta hostil para la vida humana.

Las montañas guardan secretos, pero no siempre han sido misterios tenebrosos.

Si uno camina por las montañas de Chiapas se dará cuenta de lo contradictorio que puede llegar a ser habitarlas. En sus faldas hay comunidades con cientos de indígenas de las más variadas etnias y los más variados colores. Sus tradiciones, costumbres y creencias, son guardadas con recelo más allá de la tierra firme. Los caminos están llenos de curvas, baches y grietas. Uno se adentra en la montaña y la neblina lo va cubriendo todo.

Desde las montañas del sureste mexicano nos llegó en enero de 1994 una pequeña y luminosa luz de esperanza. Compañeros indígenas organizados bajo el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional levantaron la voz y las armas para gritarle a México que debía despertar. ¿De dónde habían surgido? Así lo cuenta uno de sus líderes, el conocido Sup Marcos…

“Pido que se nos permita imaginar que un día como hoy, pero hace 20 (32) años, en 1983, un grupo de personas preparaba en alguna casa de seguridad los implementos que habría de llevar a las montañas del sureste mexicano. Tal vez, hace 20 (32) años, el día transcurría checando la impedimenta, recabando informes sobre los caminos, las rutas alternativas, los tiempos; detallando itinerarios, órdenes, dispositivos. Hace 20 (32) años, tal vez a esta hora, estarían abordando un vehículo e iniciarían el viaje hacia Chiapas. Si pudiéramos estar ahí, tal vez les preguntaríamos a esas personas qué es lo que iban a hacer. Y seguro nos hubieran respondido: “fundar el Ejército Zapatista de Liberación Nacional”. Habían esperado 15 años para decir esas palabras.

Supongamos entonces que inician su viaje el 10 de noviembre de 1983. Unos días después llegan al final de un camino de terracería, bajan sus cosas, despiden al chofer con un “hasta luego” y, después de acomodar sus mochilas, inician el ascenso de una las sierras que atraviesan, inclinadas al occidente, la selva Lacandona. Muchas horas después de caminar, con unos 25 kilos de peso en su espalda, montan su primer campamento, ya sierra dentro. Sí, es posible que ese día hiciera frío y hasta lloviera.

Hoy, hace 20 (32) años, la noche se ha adelantado debajo de los grandes árboles y, ayudados por lámparas de mano, estos hombres y mujeres ponen un techo de plástico con un cordón como travesaño, amarran sus hamacas, buscan leña seca y, prendiéndole fuego a una bolsita de plástico, encienden la hoguera. A su luz, el mando escribe en su diario de campaña algo así como: “17 de noviembre de 1983. Tantos metros sobre el nivel del mar. Lluvioso. Montamos campamento. Sin novedad”. En la parte superior izquierda de la hoja en la que se escribe, aparece el nombre que le han puesto a esa primera estación de un viaje que todos saben muy largo. No ha habido ninguna ceremonia especial, pero ese día y a esa hora se ha fundado el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Seguramente alguien propuso entonces un nombre para ese campamento, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que ese grupo estaba formado por 6 personas. Los primeros 6 insurgentes, cinco hombres y una mujer. De esos 6, tres eran mestizos y tres indígenas.”

Desde entonces se inició lo que sería un largo camino de, sobretodo, escuchar y aprender. Comprender que, como la montaña, el EZLN debía ser un movimiento de contradicciones: Un ejército que aspira a dejar las armas. Encapuchados que se tapan el rostro para que los vean. Aceptar la muerte para dar la vida. “Para todos todo, nada para nosotros”.

Hace 32 años, un 17 de noviembre de 1983, nacía ese ejército de locos de esperanza que se llama EZLN y que tiene su base en todos aquellos diferentes que buscan gritar ¡NO! a este sistema de muerte, junto a muchos otros.

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