Otro fútbol es posible: La democracia Corinthiana

democracia

El fútbol es hijo del pueblo, un terreno de disputa política, donde valores contrahegemónicos (solidaridad, elaboración colectiva, espíritu de equipo) pueden abrir brechas en el discurso dominante e, incluso, construir comunidad.

Por Denis Naki de Fúbol Rebelde Revista Poder Popular

El fútbol es el opio del pueblo. Tras esta sentencia “pseudomarxista”, aparentemente tajante, se esconden múltiples contradicciones. El fútbol, como el deporte en general, formaría parte de lo que Althusser denomina “aparatos ideológicos del Estado”, reflejando los valores de la clase dominante (competitividad, individualismo, éxito a cualquier precio), y contribuyendo a asentar y extender su hegemonía en la vida diaria. Sin embargo, el carácter social de este deporte, lo convierten también, con todos sus claroscuros, en un reflejo de los valores de las de abajo. El fútbol es hijo del pueblo, un terreno de disputa política, donde valores contrahegemónicos (solidaridad, elaboración colectiva, espíritu de equipo) pueden abrir brechas en el discurso dominante e, incluso, construir comunidad.

Un ejemplo histórico de las posibilidades que tiene la relación entre fútbol (aun de alta competición) y política (más allá de lo institucional), es el caso del Corinthians de los 80. Liderado por Sócrates, jugador tan elegante como progresista, este equipo de la liga brasileña consiguió aunar éxitos deportivos con un funcionamiento radicalmente democrático, transmitiendo que, más allá del valor de una victoria, conviene tener en cuenta cómo y para qué se lucha por ella. Una vez más, el derecho a decidirlo todo, para ganarlo todo.

Un país y un equipo luchando por la democracia frente a la dictadura militar, implantando un sistema en el que la opinión del utillero contaba lo mismo que la del presidente, en el que las alineaciones y la táctica se votaban democráticamente y los premios y beneficios se repartían a partes iguales entre todos los miembros de la comunidad. No sólo ganaron dos campeonatos paulistas (1982, 1983), sino que impulsaron la lucha contra la dictadura mediante consignas en sus camisetas como “directas-ja” (elecciones directas ya) o “queremos elegir presidente”. Demostraron que otro fútbol era posible, con autogestión y participación desde abajo, y contribuyeron a una doble revolución; en el fútbol, mejorando las relaciones laborales de los jugadores con sus clubes, y en la sociedad brasileña, que pudo librarse de la dictadura en 1985.

Hoy, con un fútbol dominado por la mercantilización y la corrupción, la Democracia Corinthiana nos transmite un legado. Como un pase al pie desde 50 metros, abre el campo a todxs lxs que creemos en el lema de la pancarta que Sócrates y sus compañeros portaron en una de sus finales: “Ganar o perder, pero siempre con democracia.”

(*) Denis Naki es un futbolista alemán de origen kurdo, ex jugador de St. Pauli y actualmente del Amedspor kurdo que juega en la Liga Turca.

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