Los cambios en Televisa: delgados colchones para una caída libre.

Un verdadero cambio resulta de la reflexión de los propios actos y sus consecuencias en el otro. Cambiar para recuperar la relación con el otro requiere aceptar que uno se ha equivocado y que en la esencia se transforma eso que impulsó al error. De esta forma se recupera la relación con el otro de manera satisfactoria para ambas partes. Pero los cambios que Televisa está implementando no reflejan esa reflexión de sus errores, pues su intención real, esa que está causando la ruptura del otro, su audiencia, aún persiste.

Por Noé Ixbalanqué Bautista / @Balamke

A partir del lunes 22 de agosto Televisa ha puesto en operación los cambios que semanas atrás anunció en un breve comunicado. El viernes previo, el 19 de agosto, se despidieron de la pantalla Lolita Ayala y Joaquín López Dóriga, dos de las cartas fuertes en el área periodística del emporio televisivo. Lolita Ayala envuelta en llanto se despidió tras casi 30 años de llevar el noticiario vespertino del canal 2 y con problemas de salud, se rumora; mientras que López Dóriga lo hizo con rencor acusando que fue víctima de una “canallada”. Lo cierto es que estos cambios obedecen a razones más altas y que forman parte de una estrategia de recuperación que la empresa mediática ha emprendido ante la inminente caída en rating y credibilidad. La recuperación que por vez primera, en su historia de más de medio siglo, está perdiendo: el poder.

En entrevista con el mismo López Dóriga durante la última emisión de su noticiario, el presidente de grupo Televisa, Emilio Azcárraga Jean, argumentó que estos cambios obedecen a motivos tecnológicos y no mencionó la crisis de rating y financiera por la que está pasando la empresa; además de la fuerte crisis de credibilidad que vive especialmente desde 2012, año en que Enrique Peña Nieto fue elegido Presidente de México y en el que Televisa jugó el papel protagónico en tal elección que devino en la crisis actual; entre otros factores. Habló también de la “desaparición” del Canal 2, que después del canal 4, es canal televisivo más antiguo de México y que fuese el origen y la columna vertebral del emporio televisivo fundado por el abuelo de Azcárraga Jean y consolidado por su padre. El canal 2 ahora será una plataforma con “contenidos” innovadores y atrevidos, tales como la reducción de capítulos en las telenovelas, comedia con contenido político y el cambio de los titulares de los espacios noticiosos.

Cambios que no son de fondo. Cambios que son de la forma sin tocar el fondo, es decir el verdadero contenido. Cambios que no representan un cambio. Un verdadero cambio resulta de la reflexión de los propios actos y sus consecuencias en el otro. Cambiar para recuperar la relación con el otro requiere aceptar que uno se ha equivocado y que en la esencia se transforma eso que impulsó al error. De esta forma se recupera la relación con el otro de manera satisfactoria para ambas partes. Pero los cambios que Televisa está implementando no reflejan esa reflexión de sus errores, pues su intención real, esa que está causando la ruptura del otro, su audiencia, aún persiste. Esa intención persistente es la de la tenencia y ostentación del poder que desde el nacimiento de Televisa en enero de 1973 se ufanó en poseer.

En un reciente articulo publicado por Octavio Islas, uno de los importantes investigadores de la comunicación en latinoamérica, donde desarrolla una breve historia de Televisa, señala como un factor esencial para comprender el crecimiento monopólico de la empresa mediática y el poder resultante de ello, el hecho de que tanto Azcárraga Vidaurreta como Azcárraga Milmo se declarasen “soldados del PRI y del Presidente”. Esta disciplina al partido en el poder y al Presidente le dió acceso a un sinnúmero de concesiones y prebendas más allá de los marcos legales, legítimos y éticos. Mientras existió tal obediencia, Televisa creció sin objeciones ni ante una verdadera competencia mientras que la audiencia mexicana estuvo sin opciones en su exposición a los medios. Hoy las cosas son distintas, son, de hecho, todo lo contrario. El subordinado ahora quiere mandar, el pato ahora le tira a la escopeta. Todo parece indicar que Azcárraga Jean, en una soberbia inédita, considerase ahora al PRI y al Presidente, “soldados de Televisa”.

Esperemos a ver que pasa, pero todo parece indicar que la caída libre de Televisa nada ni nadie la detiene. Todo parece indicar que los cambios de la televisora son tan sólo delgados colchones que no  minimizarán el aparatoso impacto de esta caída.

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