Será porque llegó la Navidad

Por Renata Bermúdez / @Renbyh

Con diciembre llega no sólo el fin del año, también la tan esperada y ansiada Navidad, la cual está llena de consumismo;  en las tiendas hay descuentos con la finalidad de vaciar sus anaqueles y llenarlos con nueva mercancía. En este momento del año, la televisión nos satura con contenidos referentes al tema, con Santa Claus por todas partes, renos y cascabeles. Sin embargo la fecha también sirve para juntar a las familias alrededor de la mesa.

En esta época, lamentablemente aumenta en 50% la tasa de suicidios, pues no sólo representa esas emociones encontradas, sino también la crisis económica por la que atraviesan las familias, además de la falta de interés que se generan hacia las actividades cotidianas y que devienen en depresión. Esto me recuerda a la tan célebre obra Un cuento de Navidad, que es el reflejo de su tiempo; el siglo XIX con su desarrollo científico y técnico, la consolidación del capitalismo, aquellos que casi todo tienen y casi todo pueden, pero también con el otro polo: el de la pobreza, el de la segregación y el sufrimiento.

Actualmente la situación no ha cambiado, aún hay personas que viven en las periferias de la existencia, lo vemos en las noticias ante la crisis de desplazados, la guerra, los atentados terroristas, en el mismo México, accidentes carreteros, con pólvora… un sinfín de tragedias, pero que nos deben poner de frente a nuestra fragilidad humana y regresar, como Scrooge, a las navidades pasadas y asumir la responsabilidad que tenemos. Nuestro paso por la vida es temporal y en estas fechas –y todo el año—deberíamos tener la consciencia de hacer este mundo un lugar mejor, esto no implica hacer hechos extraordinarios como irnos a rescatar personas en los escombros de Alepo, pero sí en un metro a nuestro alrededor, con nuestros vecinos, en nuestra familia.

Pero regresemos a la esencia de la Navidad, como dijo un santo que no es de mi devoción, pero sí tuvo un mensaje impactante a los jóvenes en el Estadio Nacional de Chile en 1987, Juan Pablo II: ¡No tengan miedo de mirarlo a Él!

No tengamos miedo de mirar a Jesús, el celebrado en esta noche, aquel que si no lo queremos ver como el Mesías o Dios, sí podemos verlo como un líder capaz de cambiar al mundo, sembrando un mensaje muy claro:

Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos, ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando y lo que les mando es que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado.  Y el amor se refleja en el servicio, en el acompañamiento, en el perdón, en la caricia sincera y el abrazo alegre. Feliz Navidad y “que Dios nos bendiga a todos”.

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