La radio que regala dinero

Por Gabriel Sosa Plata

Una de las estaciones de Grupo Radio Centro (GRC) ha decidido regalar dinero a sus radioescuchas. Según la promoción, los interesados en ganarse dos mil pesos, deben llamar a la estación, registrarse, escuchar la transmisión, esperar la llamada de uno de los locutores y responder “Yo escucho Alfa 91.3, donde todo nace”.

El 21 de marzo cada 15 minutos regalarían esa cantidad, pero supongo que ante el éxito logrado se decidió extender la promoción los martes y los jueves. Para estar en posibilidades de ganar, obviamente el radioescucha debe sintonizar la estación a lo largo del día y esperar con mucha paciencia a que suene su teléfono.

Regalar dinero o cualquier otro producto o servicio es un “gancho” muy utilizado para mantener y sumar audiencias, aumentar los ratings y tener más anunciantes. Desde el nacimiento de la radio comercial, este tipo de estrategias han existido, pero hubo una época, en los años sesenta, que se le cuestionó porque creaba (y crea) audiencias ficticias, más interesadas en los premios que en los contenidos.

La misma Cámara de la Industria de la Radiodifusión (hoy Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, CIRT, que agrupa a los concesionarios de los medios electrónicos comerciales) exhortó en 1963 a sus afiliados a “terminar de una vez algo que, en realidad, no dice mucho en favor de sus estaciones: el ir de puerta en puerta haciendo u ofreciendo regalos, a fin de incrementar el número de auditores” (Boletín Radiofónico, 10 de enero de 1963).

Las estaciones con pocos recursos económicos y menor cobertura la consideraban una práctica desleal porque no podían competir en las mismas condiciones que las emisoras grandes, como la XEW, la XEB o la XEQ. También la calificaban como una práctica poco ética porque era a través del pago como se inflaban los puntos rating, que suelen ser en muchas ocasiones determinantes para que las agencias publicitarias compren espacios en las estaciones “más escuchadas”.

La molestia de algunos empresarios de la radio no detuvo la realización de concursos, sorteos, rifas y otras promociones (que incluían “regalar” dinero a cambio de mencionar el nombre de la estación a las empresas de medición de audiencias) porque no era algo ilegal. Lo que sí lograron es que la Secretaría de Gobernación interviniera, pero sólo para poner orden en todas aquellas transmisiones de este tipo que se llevaban a cabo sin su autorización.

De entonces a la fecha, poco ha cambiado. Promover una estación con base en regalos es algo normal en emisoras comerciales, pero entregar dinero contante y sonante a cambio de una escucha frecuente no es común. Es comprensible que empresarios radiofónicos estén desesperados ante la disminución de la inversión publicitaria en radio por la competencia de internet y servicios como Netflix, pero ¿es ético regalar dinero para mantener fidelidad hacia una estación? ¿un grupo tan fuerte, como GRC, tiene necesidad de hacerlo?

Cuando escucho los anuncios de Alfa 91.3 sobre estos regalos, irremediablemente pienso en los obsequios que están haciendo candidatos y partidos políticos a los electores en el Estado de México y otras entidades. A cambio de tu voto, recibes una despensa, un costal de cemento, un reloj o una torta con 500 pesos. A cambio de que escuches Alfa, recibes dos mil pesos. En un país con tanta pobreza, estos regalos pueden hacer la diferencia en un proceso electoral, pero también, como se advierte, en las audiencias radiofónicas.

Regalar dinero demerita la función social del medio y busca comprar audiencias no por la calidad de los contenidos sino por la cantidad y montos de los obsequios. Además, es una práctica anticompetitiva porque desplaza a radiodifusoras de menor tamaño e infla artificialmente los puntos ratings, como se denunciaba desde los años sesenta. Por si fuera poco, que esto se haga en el grupo con más estaciones de radio en la Ciudad de México y con los formatos musicales más escuchados en la capital, es desmedido.

Derechos de audiencia

Alfa 91.3 se ufana de ser la estación más escuchada en toda Iberoamérica, según todas las agencias de medición de audiencias de radio. Lo dice GRC en spots que se transmiten diariamente, pero sin que se aporten los datos duros. Esta información tampoco existe en el sitio web de la estación o del grupo. En cuanto a noticiarios, Jacobo Zabludovsky decía en Radio Red (estación del mismo GRC) algo similar en cuanto a noticiarios: que “De 1 a 3” era el programa de noticias más escuchado a nivel nacional, pero nunca encontré un estudio que avalara la afirmación.

Más allá de los dudosos autopromocionales, nadie puede negar que Alfa 91.3 sí es una estación muy sintonizada en la Ciudad de México y en Monterrey, sobre todo por adolescentes y jóvenes, así como por niñas y niños. La programación musical, junto con la frescura de sus locutores, ha logrado impactar a un sector de la audiencia, que le gusta escuchar, a cada rato, los éxitos de sus cantantes de pop en inglés y los consejos o comentarios ligeros de sus locutores. También se transmiten algunas canciones en español, que rompen con el formato, pero que tienen cabida por alguna razón, quizás comercial.

El incremento del rating ha traído más anunciantes y una saturación en la comercialización de la estación. A los cuantiosos spots entre la programación, se agregan innumerables anuncios que presentan los mismos conductores, sin que se alerte a la audiencia que son entrevistas o menciones pagadas. Día con día se vulnera de esta manera un derecho de la audiencia de “aportar elementos para distinguir entre la publicidad y el contenido de un programa”. Este derecho y otros han sido combatidos por la industria, por legisladores y el presidente Peña Nieto a través de controversias constitucionales y la contrarreforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, tema sobre la cual escribí la semana pasada en Sin Embargo.

Audiencias a las que se les “consiente” con dinero, pero que al mismo tiempo se les niega su derecho a ser informadas cuando les ofrecen, como entrevistas o comentarios “espontáneos”, cursos de inglés o de lectura rápida. Aquí está en juego la ética, la autorregulación y el respeto a la ley. Para eso sirven los derechos y las defensorías de las audiencias, que hoy están en riesgo.

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