Intervención militar en Venezuela: la involución de la humanidad

Por Miguel Alejandro Rivera de Homozapping

La evolución sigue retrocediendo. Luego de millones de años de existencia, la raza humana se presenta como la especie menos racional del planeta. Donald Trump, el presidente del país más poderoso del mundo no descarta la guerra contra Corea del Norte y tampoco abandona la posibilidad de una intervención armada en Venezuela, un país en el que poco a poco ha generado las condiciones para que hoy rejuvenezca el imperialismo militar en América Latina.

El periodista uruguayo, Eduardo Galeano decía que las riquezas naturales serían la desgracia de los pueblos, y el caso de Venezuela es uno de los tantos ejemplos que gracias a las ambiciones de las potencias mundiales dan fundamento a esa categórica frase. Hoy, paradójicamente, el petróleo venezolano es lo que tiene a su pueblo y a su gobierno batallando para sobrevivir con su sistema nacional en un mundo dominado casi en su totalidad por el neoliberalismo.

Pero más allá de que el hambre, el desempleo y el desabasto de los productos básicos en Venezuela es casi una calca del bloqueo que vivió Cuba por más de sesenta años, lo preocupante es que el gobierno de los Estados Unidos esté considerando una intervención militar, llegando así al punto más glorioso de los norteamericanos pero al más bajo como género humano.

América Latina tuvo una explosión de gobiernos de izquierda a finales del Siglo XX e inicios del XXI, esto debido al terrible recuerdo que las poblaciones de los países en el sur del continente tienen grabados en la memoria nombres como Pinochet, Videla, Bordaberry, Stroessner, entro otros. Pese a que en países como Argentina, Ecuador o Brasil, la derecha ha recuperado fuerza, los sudamericanos tienen una conciencia más crítica por la necesidad de escapar de su pasado.

En nuestro país, por ejemplo, “el milagro mexicano”, la riqueza petrolera hallada en los setentas y el incremento de las exportaciones debido a la Segunda Guerra Mundial hicieron que la población se sintiera segura bajo la simulación de un “gobierno democrático” que cambiaba de rostro cada seis años pero no de proyecto ni de partido. Es muy probable que por eso México no haya experimentado la vía de la izquierda a la par que los latinoamericanos.

Pero en Venezuela se luchó por tener el gobierno y la administración social a la que hoy han llegado; aunque ciertamente, ni con Chávez ni con Maduro todo ha sido perfecto, ¿en qué país podemos hablar de una administración justa para todos? Venezuela es simplemente un intento por ser distintos, al cual, gracias a los golpes blandos de los medios de comunicación internacionales, las otras naciones y sus sociedades se sienten con derecho de juzgar de manera categórica.

¿No es ridículo que, por ejemplo, algunos mexicanos critiquen a Maduro mientras en México existen 52 millones de pobres y alrededor de 12 millones de personas están viviendo en pobreza extrema?

Las carencias que vive Venezuela no son la muestra de que un sistema no capitalista está destinado a fallar, más bien, es la evidencia de que quienes dominan el mundo ya no sólo son los gobiernos potencia, sino también la iniciativa privada, quienes tienen el poder de frenar su producción y orillar a la crisis en un país.

Gracias al engaño de la pobreza provocada, términos como soberanía quedan abandonados en los diccionarios de ciencia política y en los discursos demagógicos del siglo pasado. Ya no hay un respeto por la autodeterminación de los pueblos.

El filósofo Emmanuel Levinas aseguraba que ante la convivencia con el Otro, el ser humano estaba obligado no solo a ejercer la capacidad de diálogo, sino también a hacerse responsable del interlocutor. En estos tiempos eso parece una fantasía, y se confunde la responsabilidad por la dominación. Luego de cientos de intervenciones militares de Estados Unidos, no hemos aprendido que hay naciones con el poder de modificar la realidad sólo para satisfacer sus intereses. Violencia reactiva, le llamaría Erich Fromm.

Más allá de estar de acuerdo o no con el gobierno bolivariano herencia de Hugo Chávez, todos debiéramos estar en contra del enorme retroceso que significa que el gobierno norteamericano esté dispuesto a intervenir de manera beligerante en Venezuela: de lo contrario demostraremos que no hemos aprendido nada.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de ManatíMx

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