¿Y si les regalamos el dinero?

Por Juan Manuel Aguirre / @Aguirreq

Seguro has escuchado que los niños más pequeños o quienes tienen pocos conocimientos de economía se han atrevido a decir que para que no haya pobres bastaría con regalarles dinero. Cuando lo dice un niño, sonreímos; cuando lo dice uno por ignorancia, nos reimos en su cara. Pero hoy hay economistas serios que están preguntándose: ¿por qué no?

Primero, en México se pensó “regalar” dinero a las personas que cumplieran con ciertas condiciones mínimas, como: mandar a sus hijos e hijas a la escuela, que cumplieran con revisiones médicas, vacunación, etc. Es así como surgió el programa que ahora conocemos como PROSPERA; que ha tenido muchos fans y se aplica en varios países. Un modelo conocido como Conditional Cash Transfer o CCT.

La idea es motivar a que las personas en situación de pobreza hagan lo que conviene a su propio bienestar, que vayan y reciban los servicios que normalmente ya son gratis pero no aprovechan. Así, mejoran sus condiciones de salud, educación, nutrición, empleo, entre otros; y además reciben dinero para gastar como gusten.

Hasta aquí suena a que ese “regalar dinero” estaría justificado; al final nos aseguramos de que las personas mejoren sus condiciones de vida. No voy a mentir, yo también soy fan de ese modelo; aunque no es tan perfecto como pensaba.

Lo más loco es que ahora hay quien está proponiendo que se dé dinero así nada más, por su linda cara y, todavía, que no sólo sea para los pobres sino ¡Para todos! Esa es la propuesta del ahora famoso Universal Basic Income o UBI.

Según Guy Standing, el UBI beneficiaría especialmente a lo más pobres porque daría a las personas un ingreso fijo seguro, que no depende de cumplir con condiciones a las que obliga un “papá gobierno”. Aunque Standing no se atreve a decir que acabaría con la pobreza, asegura que si cada ciudadano recibiera una cantidad moderada de dinero de parte del gobierno habría mejoras en muchas áreas: empoderamiento, aumento en el emprendimiento, mejora de las condiciones de vida como salud, educación y alimentación (igual que las CCT); podría mejorar la macroeconomía, ser una forma de redistribución más justa, y un largo etcétera que presenta en su último libro.

Por más descabellado que parezca, el mismo Standing ya ha hecho pruebas piloto de gran alcance y ha tenido resultados sorprendentes, aún frente a la incredulidad de muchos que decían que ese dinero iba a ser mal gastado por personas con poca fuerza de voluntad y preparación.

Podría alargarme mucho en los detalles, pero me limitaré a picar la curiosidad, invitándolos a googlear el concepto, dar click en los vínculos de este artículo o, mejor aún, pídanme en sus comentarios que escriba más sobre esto si es que ya se emocionaron tanto como yo en el tema.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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