Cosas que le pasan a uno: El principio de todo

Por Pablo Iñigo Argüelles / @Piaa11

En El Principito, Antoine de Saint-Exupéry, escribe: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro, comenzaré a ser feliz desde las tres.” Ahora que este Manatí ha vuelto y que será refugio generoso de estas letras, me tomaré la libertad de modificar lo escrito por el piloto francés a través del Zorro, y con todo el cinismo que hay dentro de mí, diré lo siguiente: “Si sé, por ejemplo, que debo entregar la columna a las cuatro, comenzaré a escribir desde las tres”

Lo anterior no debe ser malinterpretado (así como jamás se debe de dedicar una canción del Pirulí a alguien a quien se le tenga estima), es solo que las cosas que le pasan a uno deben ser contadas así, pronto, para que se presenten fieles a quien las cuenta, pero, sobre todo, a quien las lee.

Nombrar esta columna no fue tarea fácil. Fue un proceso doloroso, parecido al parto, en el cual, con la ayuda de M, se viajó a través de mil y un nombres para que al final, descubriéramos que el mejor de todos, el que más nos gustaba, era el título de un libro que habíamos visto por ahí. Si algo me ha enseñado la vida es que al subconsciente le encanta el plagio, y al final, regresamos al primer título con el que empezamos, el más sencillo de todos.

Pero está bien, porque, aunque nombrar algo es definirlo, limitarlo, las Cosas que le pasan a uno permiten caminar por las calles de esta ciudad y poder escribir sobre lo mucho que ha cambiado; permite escuchar, hacerse preguntas, y escribir sobre las canciones que emocionan o las palabras que enojan. Pero tal vez, y con el riesgo de ser naïve, lo que más me emociona de escribir otra vez para este Manatí, es escribir sobre nuestro tiempo, el tiempo que compartimos, la carretera de camino al próximo viaje, no importa que sea aquí cerquita.

Al final, escribir es un rito. El Zorro de Saint-Exupéry también decía que estos son necesarios para poder diferenciar los días, unos de otros. Escribir es igualmente domesticarse a uno mismo. Como el fotógrafo de Catedral, que todos los días, sin falta está ahí sentado, de once a cinco, sin importar si alguien le pide una foto o no. Así el que escribe, llega y se sienta, platica, cuenta las cosas que pasan, con el riesgo de no ser leído nunca. Pero algo faltaría si un día no viéramos a Don Demetrio con su vieja Polaroid en la esquina de la tres y la dieciséis, esperando a que las fotos lleguen a él.

Mi taquero de confianza, el taquero más sabio del mundo, me dijo una vez que en las nimiedades está la verdadera historia, la que debe ser contada, y aquí contaremos una, poco a poco, la de Puebla, la mía, la suya, pero una historia tendremos al final del día. Hablaremos desde lo propio para entendernos en lo general.

Así que gracias, Manatí, porque aquí empieza la primera de cincuenta y dos, una por semana. Así que nos leemos pronto, para contarles las cosas que le pasan a uno.

Instagram: @proyectoanalogo

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