De impunidad, desvíos y Rosario Robles

Por Abayubá Duché / @AbayubaDuche

Todo indica que la corrupción será la marca de agua del gobierno de Peña Nieto. El último escándalo (en realidad veremos si es un escándalo o la ciudadanía ya ha normalizado los grandes eventos de corrupción) es el desvío de 1,311 millones de pesos, perpetrado por Rosario Robles. Probablemente muchos no logremos dimensionar esa cantidad de dinero, pero para darnos una idea, equivale a 12 casas blancas, 45 mil 244 autos jetta 2018 o una cuenta anual de Netflix para 1 millón 311 mil personas. En pocas palabras, un montón de dinero.

La Auditoría Superior de la Federación reportó que el desfalco se generó entre 2014 y 2015, es decir que un año bastó para triangular semejante monto desde una secretaría de Estado, pero ¿será posible que esto haya sucedido sin el conocimiento o consentimiento del presidente? Si bien la respuesta sólo la conoce el presidente mismo, al revisar el destino del dinero desviado, llama la atención que sean empresas como Monex ( ligada a la repartición de tarjetas en 2012) las que se benefician de estos dineros.

Siendo un poco mal pensados, podemos especular que gran parte de ese dinero está, o bien dirigido a financiar campañas electorales, o bien a pagar compromisos con quienes financiaron campañas. Para fines prácticos ambos casos representan lo mismo. Y aunque es bien conocida la principal fuente de financiamiento electoral ilegal, la pregunta natural que queda es ¿qué hará la PGR frente a este caso?

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En principio la pregunta parece ingenua, si en cinco años no se castigó por casos como “la casa blanca”, “la casa de Malinalco”, “las liquidaciones en CFE”, “el paso exprés “; entre muchos otros; ¿qué nos haría pensar que en esta ocasión la justicia funcionará? Se me ocurre que las elecciones.

Las encuestas y las redes sociales han mostrado un fuerte descontento con el gobierno y el partido del gobierno. Casi sin excepción, Meade se sitúa en tercera posición de las preferencias electorales y la continua socialización de eventos de corrupción desde la cúpula del poder no parece ayudarle mucho, no porque él sea el imputado directo, sino porque su complicidad reluce por sí misma. La idea de funcionario ideal se diluye, ya sea por bobo, al no percatarse de que al llegar a SEDESOL la secretaría estaba quebrada, o por omiso, al callar un enorme acto de corrupción política.

Los días marcarán las consecuencias legales y electorales de este acto, mientras tanto nos queda seguir “disfrutando” de la función.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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