Cosas que le pasan a uno: A propósito de lo implícito.

Por Pablo Íñigo Argüelles / @Piaa11

Siempre pasa que quiero abordar una tesis en mis columnas de jueves. Me da la sequía del escritor, o como sea que se le llame al fenómeno de tener la cabeza seca, le doy mil vueltas a una idea, me entusiasmo, la desarrollo, llego a la mitad de la página y lo siguiente que hago es borrarlo todo. Un día antes de la fecha de entrega me visita una vieja idea, me coquetea, escribo sobre ella y todo es un desastre. El tiempo se me viene encima y acabo entregando un bodrio sin cabeza ni pies. Cuando le conté mi pesar a alguien, este alguien tuvo el atino de decirme: eso es precisamente escribir una columna, querer acabarte el mundo y tener solo dos páginas para hacerlo.

Gracias.

Pero escribir sobre escribir, es tan falso como cantar sobre cantar. Alguien dijo en los ochenta que si una canción tenía en su letra las palabras Rock & Roll, es muy probable que fuera una mala canción y que era también casi seguro que fuera todo menos Rock and Roll. Porque lo que no es implícito, lo que necesita confirmar a sí mismo que es esto o lo otro, es casi siempre lo que más lejos esté de ser lo que se dice. Las abuelas ya me hicieron favor de sintetizar este párrafo con su ya conocido dime de que presumes y te diré de qué careces.

Y es que por eso tengo un gran problema con lo vintage, los “días internacionales de”, los discos de Jazz, la comida típica, los haters, los lugares de moda y todo, absolutamente todo lo que tenga que confirmarse así mismo hasta al cansancio.

Además, tenemos un ansia increíble por nombrarlo todo. En serio, dejamos la vida en clasificarlo todo: nuestras relaciones, nuestros gustos, nuestro tiempo. No por nada los que se dedican a escribir sobre el tema dicen que vivimos en una suerte de realidad programada, en donde las redes sociales cada vez más se parecen a un Truman Show. No entraré en ese tema. No haré una tesis el día de hoy, me lo prometí a mi mismo (además ni puedo).

Lo auténtico, no es lo que dice “auténtico” en un anuncio luminoso. Lo auténtico es lo que ni siquiera se ha detenido a pensar en si es, o si existe. A poco no cada vez más nos estamos llenando de lugares cuya esencia es igual a nada y en sus fachadas presumen de serlo todo. Aquí en Puebla, de algún tiempo a esta parte, somos especialistas en ello.

Mañana M. cumple veinticuatro, y en homenaje a ella y a todo lo que hemos compartido, aquí abajo pongo la tercera y última parte de un poema que le escribí algún día. Se llama Habitaciones y expresa, mejor que arriba, todo lo que quiero decir en esta tarde:

III

Hablamos más cuando callamos

me dijo un día mientras sacudía la arena de sus muslos.

Por eso sé más por su mirada que por todo

lo que me ha dicho.

En su país nada se nombra

en su país ninguna cosa tiene nombre

porque ella sabe que los nombres destruyen

roban el alma de las cosas.

Por eso ella no se llama

porque si se llamara no viviría en todas mis ruinas

ni en los vestíbulos

ni en el tiro de las chimeneas.

No se llama porque inunda todo

no se llama porque vive en todo

María lo habita todo.

Feliz cumpleaños, M, te quiero siempre.

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