Un debate sin sorpresas

Por Abayubá Duché / @AbayubaDuche

Sin sorpresas transcurrió el primer debate presidencial. La estrategia de cada contendiente se apegó al libreto de campañas y resultaron por ser bastante predecibles, aunque eso no significa que no haya puntos interesantes que muestran las fortalezas y debilidades de cada candidato y candidata.

La enorme ventaja con la que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegó al debate adelantaba el poco interés que este tendría para contrastar ideas y engancharse en discusiones con sus competidores. De hecho, es muy probable que AMLO haya logrado mostrar a su electorado que sus 4 rivales tenían como objetivo final golpearlo. La pregunta es, ¿lo consiguieron? Con todas las reservas que tengo, me atrevo a decir que el puntero salió casi ileso de la batalla. Quizá el argumento más sólido en su contra fue el esbozado por Ricardo Anaya, quien acusó a Andrés Manuel de incluir a personajes ligados al Fobaproa en las listas al senado y su probable gabinete presidencial. Esos son los casos de Miguel Ángel Navarro, candidato al senado y Alfonso Romo, propuesta para convertirse en jefe de gabinete. Y aunque me parece que AMLO salió bien librado, también quedó claro que puede ser vulnerable frente a ciertos cuestionamientos.

Por su parte, Anaya llegó al debate con la mayoría de las encuestas colocándolo en el segundo lugar de las preferencias electorales. La estrategia más obvia y sensata era contrastar lo más posible con el puntero. A eso se dedicó Anaya, a cuestionar, golpear y provocar a AMLO y aunque se ve difícil que eso tenga una influencia en el electorado del tabasqueño, sí parece haber afianzado la posición del panista como finalista, representando una alternativa frente al candidato de Morena. Evidentemente, la gran fortaleza del frentista es su agilidad mental para responder y su capacidad para articular ideas coherentes, habilidades que contrastan con la parsimonia y lentitud de López Obrador a la hora de responder. Su debilidad, su poca expresividad y su imagen distanciada de grandes bases electorales.

El que parece haber cavado su tumba fue José Antonio Meade. Quizá fue el candidato con las propuestas más sensatas, pero con las respuestas más aburridas. Parece que nadie en su equipo de campaña entendió que un debate no es una clase de política pública, sino un producto mediático diseñado para conectar emocionalmente con el electorado y no para desarrollar ideas de gobierno. Ahora sí queda mucho más claro que el cinco veces secretario se quedará con las ganas de ser presidente. Pero ojo, eso no significa que su permanencia en la contienda no tenga repercusiones importantes para la definición final de la elección. Muy probablemente su labor será la de mantener la disciplina dentro del partido que le dio la oportunidad de competir, pero que lapidó sus posibilidades de éxito. El PRI, que de por sí se las ve negras, sin muchas posibilidades de ganar alguna de las 9 gubernaturas y con pronósticos pesimistas respecto al número de curules que tendrá en ambas cámaras; parece haberle quitado toda credibilidad a Meade, dejándolo en una posición incómoda y con poco margen de maniobra.

La que se vio francamente nerviosa y poco genuina fue Margarita Zavala, con un discurso sobre ensayado que poco conecta con la gente. Y así como Meade perdió la oportunidad de distanciarse del presidente, Zavala perdió la oportunidad para distanciarse de Felipe Calderón, el artífice de la estrategia de seguridad que todos los candidatos criticaron. Probablemente este es el tema en el que hubo consenso, ya que nadie fue insensato para proteger una estrategia de seguridad que ha dejado miles de muertos y desaparecidos. Todo indica que el papel de Margarita será dificultar la transferencia de votos hacia uno u otro candidato.

Finalmente, el Bronco, popularmente conocido como el candidato del tribunal fue, a mi juicio, un moderador más. Lanzó más preguntas que Sergio sarmiento, casi todas dirigidas a AMLO, e intentó posicionarse con retos que no cuajaron, como el dirigido a los candidatos partidistas para que renunciaran al presupuesto público. Pero sería omiso no aceptar que su participación realmente será recordada por sus métodos medievales para combatir la corrupción. Si cortar las manos fuera legal, quizá hubiéramos visto a cinco candidatos mancos debatir. Todo parece indicar que su rol en la campaña presidencial será golpear a López Obrador y patentar frases que quedarán para la posteridad.

En los días siguientes veremos si el debate tuvo repercusiones importantes en la intención de voto, o si por el contrario sirvió como un espectáculo mediático que refuerza las ideas previas que los ciudadanos tienen respecto a cada contendiente.  

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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