Por más inclusión en los museos

Por Renata Bermúdez / @Renbyh

El pasado viernes hice un experimento social con mis compañeras de clase de Lengua de Señas Mexicana (LSM), fuimos al Museo Amparo y durante nuestro recorrido ninguna podía decir una palabra en la primera hora de visita, toda nuestra comunicación sería en LSM; usaríamos clasificadores, deletreos, mímica y todo lo que nos permitiera mantenernos comunicadas.

Cabe destacar que la lengua de señas está considerada como una lengua gesto-espacial-visual, y de hecho, no es nada difícil de aprender, lo que es difícil es el entorno, pues en la experiencia que vivimos fue muy fácil darnos cuenta de muchas cosas que como oyentes pasan desapercibidas.

Cuando llegamos a la recepción para subir a la terraza la persona que nos atendió expresó: ¡ah! No escuchan, enseguida le delegó la tarea de explicarnos cómo usar nuestro pase de ingreso a la exhibición a otra persona, quien pacientemente nos indicó con clasificadores cómo usar una estampa.

Una de mis amigas, usa silla de ruedas, al entrar a las salas solo una persona trató de ayudarnos con su movilidad, tanto que nos dio la oportunidad de entrar a las tres en el mismo elevador.

La gente a nuestro alrededor nos miraba siempre que platicábamos; algunos lo hacían con incomodidad y otros con sorpresa debido a que no estamos acostumbrados a ver personas usando las manos para hablar.

Al final de nuestro recorrido pasamos al baño, la persona que limpiaba nos habló con clasificadores para indicarnos que estaba ocupado. Nos ayudó a entrar y a que otras dos personas no nos robaran nuestro lugar en la fila.

Al finalizar pensamos en todas las personas que son sordas y que no encuentran espacios culturales amigables, ni tampoco personas que conozcan la LSM, incluso personas sordas que no conocen la LSM.

Concluimos que es imperante la necesidad de conocer más a la comunidad sorda, que aprendan sobre su forma de ver al mundo, para que entonces, podamos hacer un estado accesible para todos: incluyente y con mayores oportunidades laborales, culturales y académicas.

El deseo que tenemos ahora es hacer visibles las diferencias, pero también, luchar cotidianamente para romper las barreras que hemos creado entre nosotros. Recordemos que somos personas, no países y que entre seres humanos no deberían existir ni las fronteras, ni las limitaciones.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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