Los trenes despiertan en el sur (Esto no es una crítica cinematográfica)

En la película de 1992, “My Cousin Vinny” (“Mi Primo Vinny” por si hace falta) el personaje principal, un abogado charlatán, italiano y con aires napoleónicos, interpretado magníficamente por Joe Pesci, sale por primera vez de su natal Brooklyn junto a su novia para viajar al sur, no sé, a Georgia, Alabama o Louisiana, y ayudar a su ‘primo’ adolescente (Ralph Macchio, el niño de Karate Kid)  a salir de un problemita: la policía le acusa de haber matado al dependiente de una tienda.

Pesci y su novia, Marisa Tomei -quien además ganó su primer y último Oscar gracias a esta película- encarnan a la perfección y de la forma más graciosa el cliché neoyorquino (acento y formas) y nos dejan más que claro esa idea de que, a donde quiera que vayamos, el norte es el norte, y el sur el sur. Las referencias culturales, tanto de la sobreexpuesta Nueva York como de lo ‘southern’ son graciocísimas, primero  porque Pesci se esmera en ser un abogado mafioso y tonto, con chamarra de piel y todo, pero bien respetado, y segundo porque su novia lo salva de todos y cada uno de los problemas en los que se van metiendo, hasta prácticamente convertirse en la heroína de la historia.

Esta película es mi gusto culposo, debo confesar. Cuando quiero reírme un sábado en la noche veo “Mi Primo Vinny” y vaya que funciona, además eso de tener el DVD le agrega sabor a la experiencia. La película es mala, seamos honestos, pero es la actuación de Pesci la que la hace una de mis películas preferidas.

Bueno, pero basta con la crítica cinematográfica.

Hoy desperté en el norte de Texas (o el sur de Estados Unidos, como sea) de una forma bastante peculiar: el silbato del tren que pasaba metros abajo se metió hasta cada una de las esquinas de mi cuarto de hotel. Abrí los ojos y el sonido y el techo color crema me hicieron estar perdido unos segundos. Cuando volteé a la ventana y vi la luna y el cielo lila del amanecer, apenas recordé que estaba en Dallas y que la noche anterior me había quedado dormido tal vez por la ayuda de la riquísima cerveza que hacen en el barrio alternativo de esta ciudad, Deep Ellum. Me acerqué a la ventana y vi los trenes, bastante lejos, cuyos silbatos podrían ser los sonidos de un animal fantástico y me pregunté cómo hacían específicamente esas ondas para escabullirse en todos lados y ser tan intensas incluso a larga distancia.

A mi casa en Puebla, ubicada estratégicamente en el Barrio del Carmen, llega a veces por la madrugada el sonido de La Bestia y es imponente incluso a kilómetros. De niño papá me explicaba que en la noche algo le pasa a la tierra que hace que las ondas radiales -y los sonidos- viajen con más facilidad, lo cual le hace posible escuchar, por ejemplo, a alguien en La Habana, una estación de radio que transmite desde Miami. Pero claro, hoy con Internet a quién le importa eso, ¿verdad?

El tren siguió sonando unos segundo más mientras yo me tallaba los ojos frente a la ventana y veía la Dealy Plaza amaneciendo. Me acordé entonces de “My Cousin Vinny” y del pobre de Joe Pesci a quien todos los días que pasa en el sur salvando a su primo de la cárcel, lo despierta el sonido de los trenes. Ahora entiendo porque casi al final de la película se vuelve loco.

Pero hay alguien más que escribió sobre el sonido de los trenes, no de una forma graciosa como la película de Pesci, sino como una metáfora de lo que no ha pasado, de lo que pudo haber pasado, de lo que puede pasar. En su canción de 1982, “Train in the Distance” (“Tren a la distancia”, por si hace falta) Paul Simon le pone música a un hermoso poema, como es su costumbre, y dice lo siguiente, palabras más, palabras menos:

Ella era hermosa como los cielos del sur

la noche en que se conocieron.

Ella estaba casada con alguien

Él estaba decidido a hacerla suya

Ese alguien era viejo, él era joven.

Y de vez en vez él tocaba su corazón

Pero cada vez ella se apartaba

Todos aman el sonido de un tren a distancia

Todos creen que es verdad

Dos decepcionados creyentes

Dos personas jugando el juego

Las canciones de amor

Y las negociaciones

A menudo se confunden

Yo no sé qué tengo hoy con los trenes y su sonido a distancia,  yo no sé porque ahora tengo unas ganas inmensas de ver “My Cousin Vinny”. Lo que sé es que Paul Simon tenía razón cuando dijo que los cielos del sur son hermosos y que todos amamos el sonido de un tren a la distancia, con todo lo que eso implica. Ahora que estoy escuchando la canción y su perfección literaria y técnica, no puedo creer que en ese momento, 1982, Paul Simon creyó que su carrera estaba terminada solo porque el álbum en el que esa canción viene incluida (Hearts and Bones) no vendió lo suficiente. Lo que Simon no sabía es que lo bueno apenas empezaba.

Eso sea tal vez lo que significa el silbido de los trenes a distancia: un augurio, un comienzo, justo cuando creímos haber golpeado la pared.

Seguiré contando sobre Dallas, Paul Simon y Dealy Plaza en los próximos días, si Manatí y el calor me lo permiten.

 

Nos leemos pronto


 

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