Muchas preguntas, pocas respuestas

Por Abayubá Duché / @AbayubaDuche

En las últimas semanas el debate cambió, o al menos tuvo que haber cambiado algo. Roberto Gil lo dijo atinadamente: la discusión no es si se le puede ganar a López Obrador, sino si se podrá evitar el control absoluto del congreso por parte de Morena.

Pese a los miles de “pero” que los rivales de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) le han puesto a los resultados de las encuestas: que si hay muchas “no respuestas”, que las encuestas son imprecisas, o que se puede activar el voto útil; todo indica que el propio presidente Peña ya no piensa en ganar la presidencia, sino en salvar al PRI de su desaparición.

Y es que, a diferencia de la elección presidencial del 2000, en la que el PRI, a pesar de perder los pinos, mantuvo el control en el congreso y el territorio del país; en esta ocasión el partido del gobierno podría perder las nueve gubernaturas que están en juego y conseguir muy pocas curules en el congreso, quedando en un estado de vulnerabilidad política y financiera nunca antes visto. ¿Será capaz el presidente con semejante empresa?

El caso del frente no es mucho más halagador. El gran proyecto electoral de Anaya nunca prendió. Será por el uso político de la PGR o por las inconsistencias de la coalición, pero el PAN parece estar atrapado en medio del pragmatismo extremo y las heridas a cuadros importantes del partido. En este contexto surgen varias preguntas: ¿Qué hará Anaya el 2 de julio si las urnas no lo hacen presidente?, ¿Quién será capaz de reconstruir al PAN?, ¿Quiénes serán los liderazgos del blanquiazul que pongan cara a la nueva administración? Respuestas obvias no parecen haber.

Es verdad que hay algunos que se perfilan como sucesores de Zepeda en el PAN. Moreno Valle, Corral y el propio Yunes no serían sorpresas, pero el reto que cualquiera de ellos enfrentaría en caso de hacerse con el partido, sería enorme.

Y la última interrogante, si las encuestas no se equivocan ¿Qué tipo de presidente será AMLO? Algunos auguran una crisis política al estilo de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”, otros el establecimiento de una verdadera democracia. La hipótesis correcta se comprobará los siguientes seis años, pero por lo pronto sí podemos decir que el sistema de partidos, agotado por la corrupción, el desinterés de las cúpulas gobernantes y el distanciamiento de los representantes respecto a los representados; sufrirá transformaciones estructurales que pueden convertirse en una gran oportunidad para que los partidos repiensen su rol en el sistema político.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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