Cientificlown, el espectáculo que une al teatro con la ciencia

Por Grecia Juárez / @Grecia_Odarez

La divulgación de la ciencia a través de las artes escénicas y las relaciones humanas, es el camino que Cientificlown eligió para explicar temas de física y química a niños, jóvenes y adultos.

Teatro, circo, humor y muchas explosiones, fue la fórmula que Alejandro Romero encontró para crear un espectáculo en el que se hablara de matemáticas, ecología y exploración espacial, no solo brindando información a su público, sino también detonando un pensamiento racional sobre el medio ambiente y los seres humanos.

Con el lado científico cubierto por la ingeniera ambiental, Alma Pinillo, y el formato teatral montado por Alejandro, las presentaciones de Cientificlown logran explicar la reacción entre un ácido y una base, la fuerza centrífuga y centrípeta o el efecto Leidenfrost; todo con situaciones cotidianas de la vida y un sustento de libros editados por la UNAM, así como manuales de experimentos del Conacyt.

Dicha propuesta teatral nació de Divulgaciencia, uno de los giros de trabajo de la compañía Teatro paso nocturno, fundada por Romero, que tiene como tema central el cuidado ambiental, aspecto que se resalta en cada presentación, y motivo por el que Pinillo se integró al proyecto, pues mientras estudiaba la carrera, se dio cuenta de que les enseñaban a disminuir la contaminación en el agua, el aire y el suelo, pero no se abordaba la prevención desde un aspecto social.

En esa búsqueda de cómo evitar la contaminación, se encontró con que la mayoría de las iniciativas que trabajan este problema con los niños, estaban enfocadas solamente a hacer manualidades; sintió, entonces, que hacía falta atacar el problema de raíz y al conocer el proyecto, pensó que ese era el efecto que estaba buscando desde su misión de concienciación como ingeniera.

Alejandro pensó en el problema desde su perspectiva teatral, pues notó que había muchas obras dedicadas a crear consciencia sobre el narcotráfico, la trata de personas y demás conflictos sociales, pero ninguna sobre lo que pasaría si se llegara a acabar el agua o si llegara a ocurrir una catástrofe natural, y fue así que surgió la puesta en escena.

Para armar los contenidos, primero consultaron libros de primaria, secundaria y preparatoria sobre ciencias naturales, matemáticas y física, lo que dio como resultado dos versiones del espectáculo: una enfocada a niños pequeños, en la que se da énfasis a los experimentos, y otra para mayores de 15 años, en la que se incluyen temas sociales.

“Para dar a entender la relación química que hay entre diferentes experimentos tomamos como ejemplo relaciones humanas: el aborto, el matrimonio, el engaño, el enamoramiento y la equidad de género. Tomamos estas situaciones de la vida cotidiana que están presentes, para que entiendan las reacciones químicas”, explican.

Aunque la obra se estrenó hace apenas año y medio, el proceso de creación ha durado cuatro años desde la investigación, la experimentación, la escritura, el montaje y la preparación tanto del director como de la ingeniera. Alma tuvo que tomar clases de teatro, pues asegura que además de tener los conocimientos de su profesión hay que saber transmitirlos al público:

“No es un juego y no es un hobby. Al estar ahí arriba hablando te das cuenta que implica, además de que sepas el concepto, el cómo lo dices, y no solo con tu voz, sino con tu cara y tu cuerpo”.

“A mí me recuerda mucho a las olimpiadas de matemáticas, en donde tienes muchas variables, solo que en este caso son variables humanas y las tienes que resolver todas en el momento, como un sistema complejo que se va moviendo”, comenta.

Por su parte, Alejandro tomó un diplomado sobre divulgación en la ciencia impartido por la UNAM y clases para empaparse del tema. Fue ahí donde notó que había algo en la enseñanza que no funcionaba:

“Me metí a clases de física y química y dije, “algo está mal, no puede ser que una persona que tenga maestría en ciencias sociales no entienda algo básico de química de secundaria’. Fui a varias escuelas y seguía sin entender, entonces me empecé a dar cuenta que el problema no era yo, sino los maestros en la forma en cómo trataban de enseñar. No era un problema de educación, sino un problema de pedagogía”.

A pesar de que a nivel nacional existen espectáculos parecidos, como Payasos de la ciencia, Doctor Chiflado y Corazón de la materia, el formato de Cientificlown se diferencia de todos ellos desde la manera en que sus creadores entienden la divulgación, la vinculan con el arte escénico y colaboran de la mano con gente del ámbito científico.

“Divulgación la entendemos como comunicación pública de la ciencia. Entendemos que el especialista no tiene que ser necesariamente un científico, ni un comunicólogo, ni un actor, sino que tiene que ser una persona que sea consciente de quién lo escucha y cómo lo escucha. Tiene que estar acompañado de creatividad, de poesía, pero además de una historia que genere una pregunta, una expectativa” cuenta Alejandro, quien espera ver concretado su proyecto en la creación de un  manual de herramientas para la comunicación pública de las ciencias, vista desde el teatro.

Mientras eso sucede, Cientificlown terminará su temporada en La Condesa (Av 5 Pte 133, Centro) el próximo 24 de junio con funciones a la las 13:00 y 15:00 hrs. Estarán de regreso el 18 de julio en el Teatro de la Ciudad y también impartirán un taller de artes y ciencia el mismo mes.

Para saber más sobre sus presentaciones puedes visitar su página de Facebook, Divulgaciencia mexpue,donde además comparten información de ciencia y artes escénicas.

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