Nubes migrantes

Por Pablo Íñigo Argüelles / @piaa11

¿Has visto cómo vuelan las nubes?

Un momento están y al otro ya no están.

Mi abuelo subió a un barco la mañana maculada un diez de enero.

De la tierra que le aguardaba sabía solo por cartas.

Era 1947.

Dejaba a atrás a Pedro, su hermano menor; dejaba las montañas y una playa fría. Los mayores, Vicente y Antonio, se habían ido de Balmori diez años atrás. Pilar, la más chica, vendría luego. Ramón también.

Abajo ven la tierra, arriba de ellas nada.

Porque ellas son el cielo

Atravesó el Atlántico en El Guadalupe. ¿Por qué no en el Marqués de Comillas?, ¿ por qué no en el Covadonga?

El mar solo lo sabe.

Venía con gente que huía, con otros más que habían gastado su fortuna y buscaban rehacer la América, una, dos o cuantas veces fuera posible.

Había cojos de alma, tuertos de hambre y ricos de nada.

Mi abuelo solo buscaba rehacerse.

Es muy de ellas dejarlo todo atrás

Arrebolarse, volverse negras

Desvanecerse en tormenta

Brillar con la noche eléctrica

y fragmentarse

Cuba no sería su tierra, lo supo desde que zarparon. Por eso se apeó en La Habana por mera burocracia. La tierra prometida, su tierra prometida, estaba en otro puerto.

Veracruz y él se vieron por primera vez y algo habrá hecho el salitre con sus ojos, porque siempre regresó a ese puerto; la brisa del Mocambo lo llevaba en sueños de regreso a casa.

Viajó tres días más por tierras y montañas diferentes. Conoció a dos o tres personas en Ciudad de México y finalmente termino aquí, en Puebla.

¿Has visto cómo vuelan las nubes?

Lo hacen para no morirse

Un momento están y al otro ya no están.

Conoció a mi abuela en misa de siete, en La Santísima, y tuvo por fin una razón para no irse nunca. Cuando nació mi padre su casa se volvió esta, ya no más la que dejó atrás.

¿Qué sabrás tu de agallas?

Si nunca te subiste a un barco

sin saber si volverías.

Pasaron treinta años para que una foto tomada en la 6 norte, fuera testigo del reencuentro de unos hermanos, los que seguían vivos, que había sido separados algún día por el mar.

Cuando nos vamos también llegamos.

Nunca dejamos de hacerlo, nunca dejamos de irnos.

Como las nubes

Somos migrantes siempre.

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