Carta de un reo

REO

Por Kevin Zayas

“Pobre del cielo y de la tierra, aún sufre la ignorancia del hombre, filosofía desconocida para ellos. Condena vivos”.

Espero en mi fría celda el turno que nunca hubiera pensado desear tanto. A las 12 pm la muerte vendrá por mí y sólo me queda reflexionar, llenarme de días pasados e imaginar días futuros que no viviré; no me queda mucho tiempo. Pasé los últimos 15 años encerrado aquí y las arenas del tiempo han avanzado muy lento, sólo saldrá mi cuerpo helado de aquí.

Lo único que puedo decir es que Dios no habita estas malditas paredes, se ha olvidado de sus hijos ocultos por sombras y el mismo demonio viene por nosotros aquí. Las voces y los sonidos que escucho en este lugar son horribles, las muertes han quedado impregnadas en el aire, las almas de culpables e inocentes vienen a cobrar cuentas, se les oye pasar por los fríos pasillos, los he visto lamentarse y caminar sin destino y desaparecer entre muros. Hoy… hoy vendrán por mí, lo sé, lo he soñado, el viejo guardia habló conmigo, ese enviado del Luzbel me ha dicho que la puerta del infierno está abierta y a la espera de mí, nunca le había podido ver su rostro, soló olía su olor a azufre y sentía el frio de su acercamiento, sus llaves que siempre cuelga en su pecho, son incontables las llaves que lleva. Él se les acerca a los presos para anunciar su muerte, las almas tendrán un nuevo miembro.  El miedo inunda mis piernas, la fuerza me abandona, las lágrimas se hacen presentes. Extraño toda mi vida pasada.

Sólo espero en mi celda, ¿realmente este será mi fin?… Despertar es lo que pido de una pesadilla eterna, soy sólo un mal sueño del mundo cruel. Me ahogo en pensamientos crudos, preguntas infinitas.

Escucho gritos.

En la oscuridad puedo ver algunos muertos deambular, puedo verlos encogidos en las solitarias paredes, parecen sólo verme, he llegado acostumbrarme a ellos, sólo temía por aquel guardia pero era cuestión de tiempo que apareciera y me hablara, a todos les llega su tiempo.

Mandé a traer a un sacerdote para mi última confesión y esperar a que Dios pueda pelear mi alma perdida. ¡Que alguien me diga que sólo duermo, que tengo vida, que aún miro, oigo y respiro!

El diablo aun habita en bestias, bestias humanas.

Faltan sólo cinco minutos antes de la 12, los quejidos y todos ellos se han reunido alrededor de mí, esperan con ansiedad que me una a ellos… escucho sus pasos, las llaves sonar al avanzar, el sonar de sus zapatos entre lamentos profundos y su maldita risa burlona.

Se hace presente,  el guardia está aquí, encomiendo mi vida a Dios, si existe que no me deje quemarme en el infierno, que no me deje encerrado por la eternidad aquí, seré un alma más impregnada en las paredes, una llave más para el guardia, las almas cuelgan en su pecho como trofeos. Al fin pude verle el rostro… ¡¡¡¡¡¡ahahahahahaahhahahaa!!!!!!

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