El cazador de cerdos, parte II

SangreEl siguiente cuento fue escrito por Eduardo Galiote, si quieres leer la primera parte da clic aquí

Aquel hombre dejó por un momento al gerente de “El Comedero” tirado sólo a un costado del corral, entró a su casa y tomó una grabadora, un CD que el mismo había grabado y que en su envoltura decía Percy Faith, aquel director de orquesta canadiense, arreglista y compositor; puso el CD dentro de la grabadora, tomó una silla y por último una botella de agua, de nuevo salió a su patio hasta llegar al corral donde yacía su víctima, conectó la grabadora a la corriente y la puso sobre la pequeña barda del corral, enseguida sujetó de los alambres al aún inconsciente gerente, lo metió y lo sentó en un suelo lleno de estiércol, desperdicios de comida y una familia de cerdos, un macho, una hembra y un lechón producto de la pareja adulta que ya se había despertado por el alboroto, puso la silla frente al corral con la puertezuela abierta, cara a cara del sometido, entonces tomó asiento, abrió la botella de agua para después vaciarla sobre la humanidad del gerente que despertó en un santiamén.

El hombre sacó un cuchillo de cocina, lo cierto es que ese cuchillo  siempre será un misterio, lo tomó por el mango con la mano derecha y sin levantarse de la silla lo mostró al sujeto que estaba tirado en el corral (desde la llegada a su casa, todas las actividades que él había realizado, sacarlo del auto, arrastrarlo, amarrarlo y meterlo al corral, las había hecho sin ninguna luz o linterna, para evitar llamar la atención de los curiosos vecinos) el hombre accionó un apagador y se hizo la luz, la sorpresa era de esperarse y es que si bien aquel gerente no podía hablar por el alambre cruzado en la boca, sus ojos dijeron absolutamente todo, – el hombre que lo había puesto ahí era él mismo con el que se vio muchas veces la cara en los juzgados – pensó asustado.

Con su sonrisa calmada volvió a decir – Hay algo que no me gusta de la música moderna, ya no tienen sentido, no tienen forma ni coherencia, por eso sigo prefiriendo todo aquello que es clásico; ¿Conoces a Percy Faith? – Dijo el hombre pero obviamente no hubo respuesta, solo la mirada atónita de su víctima – Bueno, era de esperarse que no lo conocieras, en fin, hay una melodía muy bella que se llama Tema de un lugar de verano, tal vez la has escuchado o tal vez no, pero hoy odio esa melodía a pesar de lo buena que es, porque me recuerda a mi esposa, y es que en nuestra noche de bodas hicimos el amor varias veces mientras esa canción que a ella le gustaba se repetía y se repetía, por desgracia hoy también me recuerda el cómo murió y quien fue el maldito que la mató; mira galán, sabemos bien que tú la mataste, sabemos que la última persona con quien tuvo contacto mi esposa fuiste tú, que pagaste un buen soborno al juez que llevó tu caso para que después de tres sesiones, fueras absuelto de toda culpa por falta de pruebas, pero tú y yo sabemos que fuiste tú y hoy conocerás mi dolor, pues en esta grabadora se halla un CD con Tema de un lugar de verano repetida más de 500 veces, hoy te haré un favor y tú a mí también, hoy cambiarás mi vida, harás que vuelva a gustarme esa melodía así que siéntete feliz por eso.

Mirándose mutuamente a los ojos, el hombre volvió a decir algo aún con cuchillo en mano– Sabías que los cerdos son animales muy curiosos, por ejemplo tienen una dentadura adaptada para comer hierba, ya que en estado salvaje pues son herbívoros, también hay veces en que pueden comerse a sus crías e incluso sus heces ya que les encanta, la verdad es que suena asqueroso, lo sé, pero hay un dato curioso de ellos, a pesar de que se pueden domesticar fácilmente, ellos son de origen salvaje lo que causa que solo necesitan un impulso para perder la cordura, es más a pesar de que naturalmente son herbívoros cuando están en cautividad son omnívoros, es decir que comen lo que les dé, he ahí un problema, y es que cuando huelen la sangre se vuelven locos y comen lo que sea que esté sangrando incluso carne, por eso es recomendable no entrar con heridas a una granja de cerdos.

El hombre se levantó de la silla y se inclinó hacía su víctima, y con el cuchillo rebanó parte del antebrazo derecho, lo mismo hizo con el tobillo derecho y la oreja derecha, la sangre de inmediato comenzó a fluir aunque con poca fuerza, se alejó de su víctima, quito la silla y se dio la media vuelta, los cerdos al oler la sangre en el aire se quedaron mirando fijamente al gerente tirado en su chiquero, – Dalia – dijo el hombre dándole la espalda – Dalia era el nombre de mi esposa, recuerda eso mientras te arruino Tema de un lugar de verano concluyó el hombre, apagó la luz y se dirigió a su casa mientras en la oscuridad los cerdos se abalanzaron sobre el sangrante hombre y comenzaron a masticar, no hubo gritos, sólo gemidos de impotencia y desesperación, que al fin y al cabo, no tenían importancia para el hombre ni para nadie, pues que los cerdos se levanten de noche para buscar algo de comer y chillen sin cesar, es a lo que sus vecinos ya se han acostumbrado.

La desencadenada melodía sonó y sonó, una y otra vez, mientras el sujeto sentía el infierno en su piel, sin embargo y para su suerte, los cerdos se aburrieron después de unos minutos, no sin antes hacer un daño considerable aunque no tanto como para matarlo. Ya se asomaban algunas partes de sus huesos entre las capas de piel a medio masticar, los cerdos algo aburridos comenzaban a hozar relamiéndose la trompa, el gerente se encontraba sollozando sin poder hacer nada y con medio cuerpo bañado en heces de cerdo y medio bañando en sangre, no le quedó más que seguir escuchando las casi 300 veces que faltaba por reproducirse la composición de Percy Faith.

Nadie sabe cómo es que el gerente aquel llegó a su casa casi moribundo, posiblemente el hombre sintió que su castigo estaba consumado, que darle el lujo de morir es un lujo que no cualquier imbécil se lo merece, lo llevó hasta su casa, aún sangrante y apestando todo el camino a excremento de cerdo, pero fue a tiempo para que llegara aún al hospital y se salvase de una muerte segura, causada por desangramiento y una grave infección en sus heridas, la noticia recorrió los diarios locales como una flama, cada persona en la ciudad sabía que algo andaba mal, que era cuestión de tiempo para que otra víctima castigada de la misma forma apareciera en los titulares de periódicos, todos las victimas anteriores habían cometido un delito del cual se habían librado pero alguien siempre se hacía cargo, se hacía cargo del trabajo que la justicia por medio de papeles y audiencias no podía hacer, era noticia nacional, un justiciero desconocido aunque con métodos algo crueles, era querido por un sector considerable de la población.

Calmado en su casa al día siguiente, el hombre degustaba una rica taza de café mientras veía la TV, observando como sus actos eran mostrados a nivel nacional, gente molesta y gente a favor, a él le daba igual porque en la sala se reproducía Tema de un lugar de verano, y de nuevo amaba esa canción, la nación lo sabía, el “Cazador de Cerdos”, como la prensa lo había bautizado por sus métodos, había vuelto a hacer justicia o hacer de las suyas, pero qué más da si él había saciado tremenda sed, como un minero saliendo de su jornada de trabajo y viendo la luz de nuevo.

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