Corea del Norte: donde lo único libre es el silencio

Corea

Por Eduardo Saavedra/ @_ESaavedra

“Corea del Norte es un país inimaginable; es un país donde uno no puede leer, cantar, vestir o pensar lo que uno quiera” – Yeonmi Park la niña que logró escapar del régimen más oscuro del mundo.

Vivir en Corea de Norte desde una postura occidental es prácticamente no vivir; pensar en el simple hecho donde no es posible ver más de un canal de televisión, tener acceso a internet, conducir un auto o profesar la religión que nos convenga produce una sensación inexplicable; muchos se preguntarán si es verdad que en el mundo existe un país en el que existan tales prohibiciones; lo que pocos saben es que éstas restricciones son la última preocupación para un pueblo que sólo conoce la sumisión, la obediencia y el respeto; todos ellos garantizados a través de la violencia y el terror.  

Hablar de Corea del Norte nos permitiría escribir todo un libro, las miles de historias y testimonios de gente que pagó con su vida el precio de la libertad convertiría a cualquier escrito en un bestseller. El presente texto tiene como único objetivo mostrar una parte muy pequeña de la realidad que viven cientos de miles de personas,  quienes ven la libertad como un sueño casi imposible de conseguir y donde la única certeza de libertad que existe es la propia muerte, no por nada el pueblo tiene un lema poco secreto; dignidad o muerte.

Corea del Norte es el principal promotor de la esclavitud moderna en el extranjero, la Organización de las Naciones Unidas estimó que de la parte norte de la península han salido poco más de 50,000 personas para trabajar en condiciones inhumanas donde realizan labores de más de 20 horas con un salario casi inexistente; esta actividad es considerada prácticamente como un trabajo forzado en el que el único beneficiario es el gobierno, quien recibe considerables divisas por la explotación de sus ciudadanos en el extranjero. Pero, ¿qué país o países se prestarían para el juego de Norcorea? Sí, Rusia y China, quienes están dispuestos a explotar a ciudadanos extranjeros en sus industrias mineras, textil y de construcción.

Un funcionario de la propia ONU aseguró que Corea del Norte ha recibido bajo este sistema de explotación internacional poco más de 1 mil millones de dólares por año; eso debido a que su sistema monetario atraviesa una crisis de divisas extranjeras resultado de las duras sanciones económicas impuestas por Occidente tras la no interrupción de su programa de desarrollo de armas nucleares. Lo penoso resulta cuando las cuestiones económicas se interponen en importancia a los derechos humanos; muchas veces parece que la comunidad internacional se preocupa más por cuánto uranio tiene Corea del Norte y menos por cuántos presos existen en los campos de concentración y adoctrinamiento o por los cientos de hombres y mujeres que son asesinados públicamente por cometer “delitos”; entre los que se encuentran beber alcohol o susurrar en la calle en contra del régimen político.

Para el líder supremo de Corea del Norte Kim Jong-Un el tiempo está detenido, la propaganda bajo lo cual se recluta a los miles de soldados para engrosar las filas del ejército data de la Guerra Coreana de 1950; cálculos resientes afirman que se destina un tercio del presupuesto anual de Norcorea sólo para sostener a la milicia con poco más de un millón de efectivos de los cuales la mayoría recibe un adoctrinamiento ininterrumpido sobre cuán grandioso es el régimen dictatorial y la necesidad de mantener vivo un odio constante hacia la traidora Corea del Sur y especialmente hacia Estados Unidos.

Se sugiere que Corea del Norte seguirá manteniendo su status de Estado totalitario sin igual en la época contemporánea; situación que difícilmente cambiará en el tiempo próximo debido en parte al apoyo incondicional que recibe de China y especialmente de Rusia, quien se mueve en la incongruencia total pues asegura mantener una política exterior proactiva para liberar a países azotados por la violencia y el terrorismo como Siria pero que es fiel cómplice de las atrocidades norcoreanas en su propio territorio.

Es necesaria y urgente la participación e intervención de la comunidad internacional en Corea del Norte, el pueblo merece una nueva oportunidad de autodeterminación pero sobretodo de reconocimiento de sus derechos más fundamentales como la libertad; debe desaparecer la percepción de que lo único libre en Corea del Norte es el silencio.

Espero sus comentarios.

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