El precio de la libertad

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Ironía es cuando no puedes desafiar al sistema judicial y la única salida viable es pagar por tu libertad, así sea renunciando a ella unos años.

Por Eduardo Saavedra / @_ESaavedra

Norma Patricia Esparza pasa el 95% del día en una celda fría y de concreto; la luz del sol es algo que extraña y que a la vez inquieta a esta mexicana. Actualmente es una convicta acusada de coparticipación de un homicidio y por ello está encarcelada en una prisión de máxima seguridad en el condado de Orange County en California. ¿A quién aseguran que mató? A su agresor sexual.

Desde que era una niña que radicaba en Aguascalientes, el padre de Patricia abusaba sexualmente de ella ; las dificultades económicas hicieron que la familia Esparza emigrara hacia los Estados Unidos en busca de una mejor vida; Patricia encontraría un sin fin de oportunidades menos la que ella más deseaba, dejar de ser agredida sexualmente.

La única salida viable que Patricia encontró para poder alejarse de su agresor fue conseguir una beca académica que le permitirá estudiar en otro país, lejos de su padre. Patricia apenas con veinte años de vida y una carrera por delante conoció a un hombre que le prometió cuidarla y respetarla; Gonzalo Ramírez, otro mexicano emigrante.

Tras compartir un poco de información sobre su estancia en aquél país, Patricia nuevamente se topó con su peor pesadilla, una agresión sexual ejecutada por alguien en quien había confiado ciegamente.

Patricia una vez más guardaría silencio, era algo que para ella se había vuelto habitual; ella logró encontrar a un nuevo compañero de vida, un hombre proveniente de Vietnam quien escuchó las desgracias que Patricia había sufrido; éste hombre por iniciativa propia recurrió a un par de amigos y fueron en busca de Gonzalo Ramírez para hacerlo pagar por las atrocidades que cometió en contra de Patricia. Sin embargo lo que el hombre vietnamita y Patricia nunca se imaginaron fue que Ramírez moriría a causa de los golpes propinados.

Patricia continuó con su vida, logró separarse de su esposo e irse a Europa, sus estudios le permitieron trabajar en la Organización Mundial de la Salud; creyó que su pasado simplemente no podría perseguirla más, estaba equivocada. Veinte años pasaron para que la fiscalía solicitara su aprehensión, su destino era tomar un vuelo en Estados Unidos y ser capturada acusada de coparticipación en un homicidio.

Esta no sería la peor parte para Esparza , su suerte le tenía preparado un golpe más; el condado en que el se llevaría a cabo su proceso judicial tiene un negro historial de racismo, incluso institucional.

El fiscal del condado de Orange, Michael Murray, hizo hincapié con los abogados de Patricia que ella no era de su agrado, era una guerra declarada; el fiscal y toda la maquinaria judicial harían todo lo posible por sentenciarla a cadena perpetua a pesar de que el delito que cometió apenas alcanza una pena máxima de siete años.  La causa principal: ser mexicana y migrante.

A pesar de la insuficiencia de pruebas en su contra, sabe que tiene muy pocas posibilidades de ganarle al sistema, por ello prefiere guardar silencio y esperar pacientemente a que se cumpla el tiempo de reclusión para poder volver a su vida en Europa junto a su hija y a su esposo, desafiar al sistema ya no es una opción.

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