La Constitución de 1917

Constitución

Las reivindicaciones por la tierra, la justicia y la libertad, quedaron eclipsadas por las de una democracia que hasta el día de hoy no ha logrado ser totalmente popular y equitativa. 

Por Roberto Longoni / @Galleta27

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada en Querétaro en 1917, no surgió de ninguna manera de un proceso armonioso o totalmente uniforme. Surgió más bien de la necesidad de un cambio político y social profundo que se hizo evidente durante la guerra de revolución, guerra que significo al país una crisis social, económica y política sin precedentes.

Al aclarar esto, también es importante resaltar que la Revolución Mexicana tampoco fue un gran movimiento homogéneo, sin contradicciones o problemas. Existían dos grandes grupos ideológicos que combatieron por distintas causas y en distintos frentes. Por un lado podemos hablar del ala liberal-burguesa a la que pertenecía gente como Madero o Carranza, que si bien fueron llevados a la rebelión por las armas debido a la coyuntura de 1910, basaban sus aspiraciones más que nada en la “Democracia partidista” y en la toma del poder por parte de una clase distinta, en este caso, la clase burguesa, que no consideraba tener la participación suficiente en los negocios o las actividades del gobierno de Díaz, de aquí su resentimiento. Del otro lado está la facción un tanto más popular, representada sobre todo por Villa y Zapata, que veían en su lucha no una posibilidad de tomar el poder o de participar en elecciones libres, sino de transformar el sistema vigente desde su estructura más profunda y generar nuevas relaciones comunitarias y justas.

Llegado el momento, Madero y su facción traicionaron la lucha popular por poder formar parte del nuevo poder establecido. Las reivindicaciones por la tierra, la justicia y la libertad, quedaron eclipsadas por las de una democracia que hasta el día de hoy no ha logrado ser totalmente popular y equitativa. Al margen también quedaron Villa y Zapata y toda la rebelión social que había tenido parte en la transformación y creación de un nuevo y soñado México.

En 1917, con Carranza a la cabeza, cierto espíritu reformista cundió por el país. Se llamó a un Congreso Constituyente en el que formaron parte de alguna u otra forma (y no siempre con el mismo peso) los diversos grupos que formaban parte del conflicto. Se entendía que para el nuevo México, liberal y democrático, era necesario un  marco jurídico que solo podía ser posible con una Constitución Política moderna.

Más allá de cualquier disputa, el 5 de Febrero de 1917 fue promulgada la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que de cierta manera hace cierta justicia al espíritu revolucionario en su fondo y contenido. En sus páginas fueron decretados por primera vez los derechos sociales como la salud, la educación y la vivienda. Los derechos laborales y sindicales como la jornada de ocho horas y el derecho a huelga por parte de los trabajadores. Las garantías individuales, que guardaban los derechos humanos más profundos de todo ser humano que existiera en estas tierras. En el papel, la Constitución de 1917 es una de las más vanguardistas y revolucionarias.

¿Fuera de sus páginas? Como menciona el historiador Adolfo Gilly, la Constitución de 1917, su espíritu liberal y democratizador, ha sido desmantelada por el Estado mexicano desde los años ochenta y noventa, con la entrada en vigor de un nuevo modelo económico, el neoliberalismo. Este desmantelamiento, esta traición, se ha hecho visible por ejemplo, con la reforma al artículo 27, que aseguraba la tenencia campesina de la tierra, y que posibilita desde 1991, la privatización y el despojo de los ejidos. (No olvidemos que la lucha de la revolución mexicana fue ante todo una lucha por la tierra y el trabajo). Actualmente podemos notar el deterioro constitucional con las nuevas reformas laborales o educativas, que en sus cimientos se vuelven contrarias a su espíritu inicial, y guardan intereses que ya no son sociales y colectivos, sino individuales y privados, por no decir injustos y corrompidos.

La traición es de carácter mayúsculo si comprendemos que la Constitución de 1917 fue la culminación de una guerra verdaderamente traumática y crucial para todos los sectores que formaban el México de principios del Siglo XX. Sangre, sudor, lágrimas y miles de muertos son sólo algunos conceptos que no debemos olvidar a la hora de indignarnos por las graves faltas que al constitucionalismo y la democracia están llevando a cabo los amos del poder, cuyo partido desde tiempos revolucionarios ha traicionado al pueblo de México, a su propia gente y a sus ideales.

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