Giordano Bruno: el fantasma incómodo

Por Roberto Giordano Longoni Martínez / @Galleta27

El inquisidor lo miraba con un gesto de odio, de ira perpetua. En el fondo sabía que algo no andaba tan bien. Giordano Bruno sonreía atado a la posta donde minutos después sería quemado. Condenado a la hoguera por herejía, Bruno jamás negó ninguna de sus ideas o textos. Por el contrario, mientras algunos sacerdotes le gritaban, entre humo y cenizas, que se arrepintiera para salvar su alma, el filósofo nolano se reía con seguridad, afirmando que su alma se elevaría en aquella llamarada roja y verde, para tomar parte en el Universo.

Desconozco si Giordano Bruno creía en fantasmas o espíritus de alguna índole. De lo que si estoy seguro es de que creía en la libertad del pensamiento, en la razón humana y en las pasiones más profundas de la misma. Giordano Bruno es uno de esos personajes no tan conocidos, que al encontrarlos, se nos van haciendo apasionantes, únicos, y muy a su manera, esenciales.

Bruno era llamado “El Nolano” porque nació en Nola, un pequeño poblado cerca de Nápoles, al sur de Italia. Desde muy joven se incorporó a la orden de los dominicos debido a sus constantes inquietudes espirituales. Muy pronto, el joven Bruno tuvo problemas con sus superiores debido a los cuestionamientos que, con una fina entereza y una destreza especial, hacía sobre cada dogma e idea religiosa que le quería ser impuesta. A pesar de esto, logró volverse sacerdote y teólogo a sus 24 años.

El futuro que le deparaba entonces se antojaba tranquilo, detrás de algún altar oficiando misa o de algún escritorio repasando los textos de Santo Tomás. Sin embargo, la curiosidad de Bruno no podía estar atada a una vida así. Después de trasnochadas lecturas prohibidas que iban desde Erasmo hasta Copérnico, decidió escapar de su convento y comenzar el largo viaje espiritual e intelectual que culminaría, años más tarde, en la hoguera de la inquisición en Roma.

Desde entonces, su vida sería una vida errante, en constante movimiento debido a la persecución de sus detractores, que le hacían un homenaje al acusarlo de querer saber más de lo que ya estaba previsto y dicho.

Los caminos que anduvo fueron amplios y diversos. Italia, Inglaterra, Francia. En la Suiza calvinista pasó algunos años, creyendo haber encontrado un lugar propicio para desarrollar su intelecto y sus ideas. Más su libertad de pensamiento y sus incómodas propuestas, tampoco empataron con el protestantismo, más reacio a veces incluso que el mismo catolicismo. Clubes esotéricos, universidades, cátedras, sectas, cortes reales, luteranos, ningún lugar resistió o encajo con la agudeza y la rebeldía de Bruno.

Las instituciones humanas y religiosas eran decepcionantes, no dejaban al hombre enaltecer sus pasiones y razones. A pesar de la decepción constante, nunca optó por el ateísmo, y siempre, como hombre renacentista, humanista puro y radical, creyó en la capacidad humana de trascender, de amar, de formar parte de una realidad cambiante y maravillosa, y de un universo perfectamente planeado por un Creador que, lejos del Vaticano, vertía cada instante de la vida humana con el imprescindible misterio de la libertad, de lo eterno y lo infinito.

Se desconoce a ciencia cierta que fue lo que hizo que Bruno volviera a Venecia en tiempos donde la Inquisición lo seguía de cerca. Quizás era una más de sus provocaciones, una más de su demostraciones de que, el hombre que enaltece la verdad y forma parte en la búsqueda constante de la misma, no puede temer a la injusticia ni a la falsedad, aunque le cueste la muerte. Bruno es también un romántico, uno de esos héroes modernos, dispuestos a dar su vida por lo que creían, no por ego, si no por esperanza, por que valía la pena enfrentarse incluso a la muerte, por que la verdad y la justicia vivieran.

Este hombre del renacimiento representa en los tiempos actuales, el espíritu crítico y reacio al sistema. En tiempos de Bruno, donde el Neoliberalismo aún no se hacía presente, existían también formas de dominación a las que siempre se opuso. Bruno enaltece el constante cuestionamiento a los dogmas y las formas de vida cerradas, desiguales y deshumanizantes. No hay mejor arma contra el sistema de los poderosos que la libertad en el pensamiento. Simplemente, igual que Sócrates, para el nolano una vida sin revisión y sin cuestionamientos no merecía ser vivida.

Regresamos a la hoguera. Campo di Fiore; Roma, Italia. 17 de Febrero del año 1600. Después de un largo y confuso proceso (las actas, por cierto, apenas fueron reveladas por El Vaticano en el año 2000, lo que nos habla de lo incómodo que fue Bruno en la historia vaticana, aún para la Iglesia de hoy), Giordano Bruno de Nola es condenado a muerte por herejía, falsa doctrina y pacto con espíritus malignos. En su celda no recibió visita alguna, y al pedir poder hablar con el Papa, sus captores solo rieron. El día de la ejecución dicen que estuvo tranquilo, jamás se retractaría de su verdad. Caminó seguro hasta la plaza, miró a sus inquisidores, les guiñó el ojo y les sonrió todo el tiempo. Todos en aquel lugar parecían estar más aterrados que él.

¿Cómo puede uno reírse mientras estás siendo quemando vivo? Quizás es la seguridad que da la certeza del deber cumplido, de que todo valió la pena. Quizás es la certeza de que las llamas que arden por dentro, en la mente y el corazón, pueden opacar cualquier castigo mundano, cualquier chispa imperecedera. Quizás Bruno pensaba en aquella idea que rondó su obra tantas veces, y en aquellos últimos momentos hicieron total sentido: “El tiempo lo da y lo quita todo; todo cambia, pero nada perece.”

NOTA: La obra de Giordano Bruno es extensa y abarca diversas temáticas de su época. Sin embargo, como mencioné antes, no se le ha dado la importancia en la historia de la filosofía que debería de tener. Bruno enfocó sus estudios en la teología, el esoterismo, la ciencia natural, la lógica y la memoria. Aunque también fue un gran lector de obras estéticas y escritor prolífico de su tiempo. Algunos de su títulos más conocidos son: “La cena de las cenizas”; “Cábala del caballo Pegaso”; “Expulsión de la bestia triunfante”; “Mundo, magia y memoria”; entre muchos más. En cuanto a su vida, recomiendo la novela de Laura Vit; “Giordano Bruno. Forastero en el universo” y la biografía de Michael White; “Giordano Bruno, el hereje impertinente” donde también se enumeran extensos lugares en la web donde encontrar información sobre Giordano Bruno.

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