Soy mujer y no celebro el 8 de marzo

Por Renata Bermúdez / @Renbyh

Era una tarde de marzo, pocos años antes de estallar la Primera Guerra Mundial, los remanentes de la industrialización del siglo XIX permean a todas las clases sociales, a todas las edades y todos los sexos. Un capitalismo naciente, que se consolida un día a la vez, los cambios políticos se precipitan sobre todas las naciones, el Primer Ministro francés había dimitido de su cargo en febrero, fundaciones de periódicos en América Latina, la explosión de la Revolución Mexicana un año antes, ideologías comunistas y anarquistas florecen en todos los rincones de la tierra y el célebre: “proletarios del mundo, uníos”, cobra un significado diferente.

Esa tarde no tenía sol, él se había ocultado tras el frío del invierno, Nueva York, la ciudad de autoconstrucción que aglutinaba tiendas y boutiques, muy en boga a principios del siglo XX, no se imaginó la tragedia que cubriría sus calles, el llanto, el humo, la desesperación… era un sábado 25 de marzo de 1911, en la Fábrica Shirtwaist Triangle, el lugar de la tragedia, el lugar del incendio, un lugar donde  producían blusas para mujer.

Un año antes se habían ido a huelga para exigir mejores condiciones de trabajo, reconocimiento de los sindicatos y mejores salarios. 146 Mujeres habían sido empleadas y ese día encontraban la muerte; la fábrica ocupaba el 8°, 9° y 10° piso de aquel edificio, mujeres inmigrantes europeas de entre 14 y 48 años de edad, estaban atrapadas tras puertas cerradas con llave, la escalera de emergencia se había desplomado, algunas se arrojaron desde el 9° piso encontrando la muerte en la caída. No se sabe cómo inició el incendio, únicamente escucharon la advertencia por los angostos pasillos de la fábrica. Los más románticos relatan que de la fábrica el color del humo de las llamas era violeta, el color que enarbola la lucha feminista.

Desde entonces el Día Internacional de la Mujer conmemora los trágicos decesos de ese día, después de ese hecho cientos de mujeres tomaron las calles para recordar el 25 de marzo y exigir mejores condiciones de vida.

A partir de ahí, es una celebración el 8 de marzo para todas las mujeres, y te felicitan por ser mujer, y te invitan a vestir de rosita, yo creo que no hay nada que celebrar y no podemos celebrar si no somos capaces de admirar al ser humano en toda su dignidad, sin importar que sea hombre, mujer, niño o niña o sus preferencias sexuales, si en todos lados la violencia atenta con el pleno desarrollo de cualquier persona, si encontramos muertos en tambos en nuestro estado y no somos capaces de sorprendernos y sentirnos indignados.

Soy mujer y no celebro el 8 de marzo, no porque no me enorgullezca de serlo,  sino porque han pasado más de cien años y la lucha no está ganada, ni para las mujeres, ni para los niños y niñas, ni para los hombres. El día que podamos llevar a la victoria como bandera la dignidad humana, que nos respetemos, que no tratemos de sustituirnos sino más bien de complementarnos, ese día sí habrá mucho que festejar.

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