¿Cómo terminar una comunidad de 140 años en 15 días?

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El dolor se ha convertido en fuerza, la marginación en dignidad. La indignación impulsa a la lucha y el clamor de justicia retumba en los corazones ¡Justicia para nuestros ríos, justicia para nuestra gente!

Por Itziar Bruyel

El título de este artículo hace referencia al documental realizado por el colectivo Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos, presentado en noviembre de 2012 en “Presas, Derechos de los Pueblos e Impunidad” del Capítulo Mexicano del Tribunal Permanente de los Pueblos.

Dicho video es una recopilación de testimonios realizados por activistas, comunidades afectadas y movimientos con la intención de denunciar las violaciones a los derechos humanos y los desalojos forzosos que se han generado antes, durante y después de la construcción de diversas presas en nuestro país: Las Cruces, Paso de la Reina, La Yesca, Cerro de Oro, La Parota, La Venta, El Naranjal, El Zapotillo y Picachos, en los estados de Veracruz, Nayarit, Guerrero, Oaxaca, Jalisco y Sinaloa.   

-“¿Cuánto cuesta su terrenos?

-El terreno no está en venta.

-Si el terreno no está en venta, se desaparece el dueño del terreno, y después, la viuda también”.

Incalculable es el número de mexican@s que han sido desalojad@s forzosamente de sus territorios en los últimos 40 años a causa de la construcción de represas productoras de supuesta “energía verde”. La industria hidroeléctrica ha sido promovida como la opción “limpia y sustentable” a la generación de energía por parte de los combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón), considerando, erróneamente, que su producción no emite a la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI), cuando de hecho las represas representan aproximadamente el 15% de las emisiones de GEI a nivel mundial.

La Comisión Mundial de Represas comunicó en el año 2000, que el 60% de los ríos del planeta habían sido modificados por la construcción de estos proyectos. Estas alteraciones contaminan el agua, reducen las poblaciones de peces (especialmente de los migratorios), aumentan riesgos sísmicos, causan daños y pérdidas irreversibles en los ecosistemas, afectan a las cuencas hidrogáficas, impactan en las comunidades aledañas y en la flora y fauna de la región, repercuten en las actividades económicas locales como la pesca y la agricultura y propician la pérdida de bosques por tala.

“Nos vienen a inundar nuestro ríos, nos vienen a embalsar nuestras aguas, y se habla de que es pa´ beneficio, y los beneficios son más bien problemas, no beneficios.”

Estos proyectos ocasionan el desplazamiento de miles de familias mexicanas de sus lugares de origen y su posterior reubicación marginal en zonas incompatibles con sus actividades económicas, culturales y de supervivencia.

La tierra no tiene precio. La tierra es como nuestra madre, porque de ahí cosechamos el maíz y la calabaza, el frijol, y de ahí nos alimentamos”.

Los terrenos son despojados de sus propietarios con la intención de inundarlos al elevar los niveles de agua del río y crear así una gran represa, que al filtrar su agua por las turbinas, generarán energía eléctrica. El nuevo lago artificial inunda su  tierra y la de sus ancestros.

“Imagínate que toda esa neblina fuera un lago. Es lo que quieren hacer”

Los impactos psicológicos son incalculables. El ser despojado violenta y forzadamente de un territorio, no significa únicamente el despojo de un espacio material y utilitario, sino es el arrebatamiento del espacio que ha sido cuna de las relaciones de entre sus miembros: se les despoja también de su dignidad humana y de su identidad como pueblo.  

“Esta presión psicológica y amedrentadora del Gobierno ha hecho que a algunos de nuestros ancianos, pues, se les adelante su muerte […] Y a los niños y a los jóvenes, nos ha amedrentado la vida.”

“Para mí, eso fue lo que se llevó a mi mamá: la tristeza, la congoja de que nos íbamos a ahogar… Pa´ mí mi madre de eso murió, de pura tristeza.”

Al no recibir una paga justa y digna por sus terrenos, y al no recibir ninguna indemnización, las comunidades desplazadas son cada vez más pobres, y la zona de su reubicación no les permite desplegar sus actividades económicas locales, generando entonces comunidades de expulsión migratoria.

A 40 años de lucha, pues ya, vaya, no tenemos ya razón para oponernos a la presa porque ya está, es un hecho consumado. Lo único que estamos reclamando es que nos paguen la indemnización que nos deben.”

Ante tanta injusticia y frialdad, los pueblos han comenzado a organizarse, a movilizarse en contra de estos proyectos, defendiendo sus territorios, sus ríos y su propia supervivencia. Los hostigamientos, secuestros, represiones y asesinatos acompañan a la protesta social, confirmando así, una criminalización de la misma por parte del Estado que deja todavía más vulnerables a aquellos que exigen justicia.

Estas represiones, y especialmente los asesinatos, tienen como objetivo enviar un mensaje a la comunidad: sembrar miedo. Si no, ¿por qué matar a pedradas a Noé Salomón Vázquez Ortíz, activista en defensa de la tierra?

Injusticias, son muchas; los impactos, incalculables; los hostigamientos, constantes. El dolor se ha convertido en fuerza, la marginación en dignidad. La indignación impulsa a la lucha y el clamor de justicia retumba en los corazones ¡Justicia para nuestros ríos, justicia para nuestra gente!

Documental ¿Cómo terminar una comunidad de 140 años en 15 días?:

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