Caminar juntos

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Me decían que no tenían idea en qué iba a terminar lo que se había iniciado, pero que tenían la esperanza de que algo bueno iba a salir de todo esto. En estos momentos, lo único que a mí me quedaba claro era que, lo que los mantenía de pie era su fe y la esperanza de que caminaban juntos en su lucha; que la violencia y la injusticia no tenían la última palabra.

Por Guillermo Medina, SJ de Tequio SJ

En los últimos días, he tenido la oportunidad de reflexionar algunos temas vistos en clase, especialmente de ética y práctica social. El tema que en lo particular me ha llamado la atención ha sido el político, ya que como nos hemos dado cuenta, hace tiempo que en las redes sociales y medios de comunicación las noticias respecto a dicho tema están a la orden del día. Pareciera que el escenario es sumamente desolador y que lo único que nos queda es resignarnos o acostumbrarnos a que esto es normal, o simplemente hacernos de la vista gorda y hacer como que no pasa nada. Por otro lado, apenas la semana pasada se llevó a cabo el 5to Aniversario de Autogobierno de Cherán K´eri en Michoacán, caso paradigmático en los últimos años en México. Es por este motivo que lo que ahora les comparto es mi experiencia durante mi visita a esta comunidad indígena de la meseta purépecha recién iniciado su proceso de Autogobierno.

Todo comenzó un viernes de julio como a las cinco de la tarde, y para mi sorpresa, cuando me bajé del camión que había tomado en Uruapan, en la plaza central del pueblo había una multitud de gente. Muchos de ellos traían flores blancas, veladoras y algunos globos de color blanco. Se respiraba un ambiente de zozobra e incertidumbre, al mismo tiempo que se disponían a salir en peregrinación por las principales calles de la población. Por lo que de inmediato me inserté entre la muchedumbre y esperé unos momentos mientras esperábamos para salir.

Después de un rato de espera, la peregrinación dio inicio cuando llegaron los representantes del Consejo y el párroco de la comunidad. Mientras iba caminando junto a ellos, pude darme cuenta de la alegría y la satisfacción con la que caminaban por las calles adornadas corredizas de papel picado; lo notaba en su sonrisas y en la forma en que platicaban unos con otros. Hablaban de cómo un día por la mañana las mujeres comenzaron esa lucha y de cómo a partir de ese momento habían iniciado un caminar juntos en contra de un grupo de criminales y un sistema de partidos políticos que ya no daba respuesta a sus demandas. Decían que ya estaban cansados de que los extorsionaran y de que se estuvieran acabando sus montes; que no se les hacía justo lo que estaban viviendo. Al rato de caminar, pasamos junto a las fogatas las cuales estaban numeradas y adornadas con vistosos altares y flores multicolores. También había niños jugando junto a ellas y uno que otro adulto sentado cuidando. Todavía quedaban algunos restos de un camión incendiado el día del levantamiento.

Al rato de estar peregrinando, ya comenzaba a oscurecer, pero finalmente llegamos a la iglesia principal que se encuentra enfrente de la plaza. Parecía que después de un largo caminar, ahora todos podían tener un momento para tomar aire y descansar de aquella situación que estaban viviendo. Delante del altar se hincaban y en voz baja rezaban, así permanecían durante un buen rato, como en espera de una palabra de consuelo. Yo sólo lo podía suponer e intuir lo que pedían a Dios, pero sus rostros reflejaban un suspiro profundo y un no estamos solos caminamos juntos en comunidad.

Más tarde y concluida la misa, todos se retiraban de la iglesia para continuar con sus labores cotidianas. Después de un rato, me encontré con mis amigos, quienes me habían invitado a su pueblo, y gustosos me invitaron a su casa a platicar y cenar unos ricos tamales de harina con atole.

Ya en su casa, ellos me platicaron de la difícil situación que habían vivido, del miedo y la impotencia con la que se enfrentaron al expulsar de la comunidad al crimen organizado. De lo difícil que había sido dialogar con los dirigentes de los partidos políticos, y de la necesidad de comunicar a otros medios de comunicación no locales lo que estaba pasando. También que ya no querían a los partidos políticos porque los dividían y sólo se beneficiaba el interés de algunos cuantos. Me decían que no tenían idea en qué iba a terminar lo que se había iniciado, pero que tenían la esperanza de que algo bueno iba a salir de todo esto. En estos momentos, lo único que a mí me quedaba claro era que, lo que los mantenía de pie era su fe y la esperanza de que caminaban juntos en su lucha; que la violencia y la injusticia no tenían la última palabra.

Ahora que ha pasado algún tiempo desde aquella visita, me queda un muy buen sabor de boca y me da gusto poder compartir su lucha con ellos. Porque creo que el proceso que vivió esta comunidad purépecha nos deja muchos aprendizajes éticos y políticos, al mismo tiempo que nos da esperanza ante la confusa y complicada situación que se vive en Michoacán desde hace algunos años.

Pienso que debemos mirarlos con admiración y hacer memoria del proceso que vivieron, que no fue nada fácil, pero que finalmente ha valido la pena. Porque en ellos se refleja la utopía con la que soñó alguna vez Vasco de Quiroga. Porque se dieron cuenta que para llegar hasta donde están tuvieron que caminar juntos, que tenían que acompañarse en las buenas y en las malas, de lo contrario no serían dignos de portar la bandera y el himno purépecha. Que al defender su tierra, estaban defendiendo su honor y el honor de sus hijos.

Por último, creo que con esto que les acabo de compartir, no quiero señalar que debamos hacer lo mismo que hizo Cherán en todo el país. Al contrario, creo que debemos buscar nuevas formas de hacer política en los distintos lugares en los que encontramos, así como lo hicieron ellos. No podemos seguir indiferentes ante los acontecimientos que nos arrebatan a nuestros familiares o conocidos. Si queremos justicia y libertad, debemos de luchar por ella, pero que sea una libertad con responsabilidad y sin violencia, y que aquel que está próximo a mí también sea incluido en sus diferencias, en pocas palabras que también quepa en mi mundo. Que podamos caminar juntos y saber que hay alguien que se preocupa por mí y que también quiere que este mundo sea mejor.

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