La imaginación al poder

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De este lado también hay sueños. Y los sueños, y los clamores, y la rebeldía y la rabia, y la dignidad, y las esperanzas, escapan a los formatos herméticos de pliegos petitorios, oficios estructurados, discursos plásticos y artificiales. De este lado buscamos hablar otros idiomas, otros lenguajes, otras formas. No por capricho, sino por que la realidad y su complejidad exige que la develemos desde otra óptica ya no tan gastad y opaca.

Por Roberto Giordano Longoni / @Galleta27

“En el principio es el grito. Nosotros gritamos”. El pensamiento, las ilusiones, las alegrías y tristezas, la vida misma, esta humanidad, se forja y nace del grito, no de la razón.En el principio es el grito”. Grito que niega el sistema. Que niega su negación de la vida, los sueños, las risas y las esperanzas. Entonces del dolor infligido por las heridas mortales de un sistema que se niega a reconocer los valores vitales de una humanidad en crisis nacen también la ira y la rabia.

Y cada instante ellas son las que claman y gritan: ¡Tenemos derecho a la educación, a alimentarnos, a respirar aire limpio, a pensar lo que queramos, a soñar lo imposible como algo por venir! ¡Tenemos derecho y sabemos que queremos llegar a la tierra prometida, no como absurda y vacía promesa teológica, sino como sensata y propia promesa colectiva! ¡Tenemos derecho a amar!

La realidad se entrelaza con nuestros sueños y esperanzas. Presentimos, junto con muchos, que este mundo es falso, injusto, defectuoso. Y es desde ahí, desde la negación del sistema y sus formas acotadas, cuadradas, obsoletas y confusas, que buscamos ir más allá de los márgenes y los límites de la cortesía social.

De este lado también hay sueños. Y los sueños, y los clamores, y la rebeldía y la rabia, y la dignidad, y las esperanzas, escapan a los formatos herméticos de pliegos petitorios, oficios estructurados, discursos plásticos y artificiales. De este lado buscamos hablar otros idiomas, otros lenguajes, otras formas. No por capricho, sino por que la realidad y su complejidad exige que la develemos desde otra óptica ya no tan gastad y opaca.

En Mayo de 1968 el mundo occidental se conmociono ante la creciente oleada de protestas juveniles presentes en diversos países como México, Francia, Checoslovaquia, Alemania y Estados Unidos. Los contextos, la historia de cada lugar, y las exigencias eran variadas, diversas y distintas. Sin embargo, un ideal era claro y se expandió como fantasma por todas las luchas de aquellos días: “Seamos realistas, exijamos lo imposible.” En ideales como estos quedaba asentada la pretensión de una nueva forma de ver las cosas, de proyectarlas y lucharlas de manera distinta, creativa, inédita.

Las respuestas de los gobiernos en turno no estuvieron a la altura de la imaginación pujante de aquellos años. El presidente francés Charles De Gaulle, bajo el esquema de siempre, respondió que la República no abdicaría, mostrando una total incomprensión hacia la coyuntura que su país y el mundo vivían. Otros, como en México, incapaces de establecer un diálogo creativo, competente, sensato. Incapaces de imaginar o inventar algo distinto, respondieron con tanques, armas, balas e impunidad.

En este caso concreto, en México parece estarse repitiendo el fenómeno. El gobierno es incapaz de establecer un diálogo satisfactorio, auténtico e imaginativo/creativo, con las partes en pugna. Y entonces, al quedarse sin elementos suficientes, sin lenguajes o formas creativas, responde con represión, fuerza bruta y cacofonías. Esto, de la mano con una muestra de total incomprensión por parte de los poderosos de este país, lo resume José Agustín Ortiz Pinchetti al afirmar que “hay una parálisis de la imaginación y la voluntad política y a la vez [un] aumento en los signos de la corrupción y la impunidad.

Esta incapacidad se vuelve inaceptable a la hora de hablar de un gobierno que se pretende (sin serlo, y lo afirmo) representante de los ciudadanos, velador de los intereses colectivos y el bien común, y procurador de justicia y bienestar para su pueblo.

Recordemos que para Platón la política era un arte que debía ir descubriendo y redescubriendo su accionar, no de manera ventajosa y egoísta, como lo hacen algunos camaleones de la clase política, sino como autocrítica que permita seguir avanzando hacia el crecimiento colectivo.

En el principio, en medio, al final, abruptamente y sin miedo, es el grito. Grito de un pueblo alzado. Grito de maestros, estudiantes, amas de casa, mujeres, niños, indígenas, mendigos. Grito de lucha, de jubilo, de gozo, de latente esperanza. Grito que clama por nuevas formas, nuevos lenguajes, nuevos colores, nuevos caminos (distintos a los del poder establecido) que den cause a verdaderas soluciones políticas, y más que eso, soluciones humanas, a los graves conflictos que atraviesa México y el mundo.

Grata sorpresa encontrarse, aún hoy, con una pared parisina, que con grafiti grita anacrónica y pertinazmente: ¡La imaginación al poder!

Posdata que hace una relación no tan descabellada:

En Enero de 1994, ante una curiosa y variada multitud congregada en la Plaza de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas; una nariz con pasamontañas, que por nombre llevaba Sub-Comandante Insurgente Marcos (El Sup, pa los cuates), leyó de manera solemne la Primera Declaración de la Selva Lacandona.

En ella declaraba que el recién levantado EZLN se disponía a “Avanzar hacia la capital del país venciendo al ejército federal mexicano.” Hasta ahí, nada nuevo. El asombro ante estas palabras se transformo en risa nerviosa, en sonrisa cómplice, al terminar el párrafo de la siguiente manera: “Está planeado todo hasta la caseta de la carretera de Cuernavaca. Ya ahí no hemos previsto cómo vamos a entrar. Unos dicen que nos quedamos a comer quesadillas en Tres Marías.”

Al respecto Armando Bartra dice: “En ese momento el pasmado espectador sabe que no está frente a la última guerrilla foquista sino ante una insurrección inédita y que el encapuchado de la pipa es “cronopio”, no “fama”; no un repetidor de fórmulas cavernosas sino un desenfadado heredero del 68.” Más un poeta que un soldado. Más un artista que un agrio líder charro. Más un sueño (im)posible que un dogma cerrado.

Del 68 que imaginó, creó, y soñó. Se repensó, reimaginó, reedito, replanteó, resignificó. Seamos audaces, de nuevo, entonces: ¡La imaginación al poder!

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