La juventud y la política. Una mirada argentina

Por Clara Subirachs / @clarisubi

El surgimiento del concepto de ‘juventud’ como movimiento o producto histórico nos lleva al momento de desarrollo de la sociedad burguesa y la división del trabajo, con el nacimiento de un nuevo sistema escolar, necesario para formar individuos que puedan integrarse a los nuevos sistemas productivos. Se da la escuela como foco del nacimiento de la juventud. Va a ser donde los individuos jóvenes de la misma edad se encuentran y van generando cierta sensibilidad común, sintiendo que tienen frente a sí realidades comunes. Empieza siendo la juventud de estudiantes, que luego se une la juventud trabajadora y la rural.  Los ’60 son la década mundialmente conocida como de radicalización social y política, con la idea que se podía cambiar el mundo, y aquí es cuando los jóvenes pasan a ser protagonistas.

En el caso de Argentina, nuestra sociedad (y los jóvenes especialmente) se caracterizó siempre por su fuerte participación en la política y vida social en general, ya sea desde partidos políticos, movimientos sociales y diversas manifestaciones. Podemos pensar a Juan Domingo Perón (presidente de 1946-1952, 1952-1955 y 1973-1974) como uno de los primeros promotores de la participación de los jóvenes y los trabajadores en la política. Se vio también una alta participación en las rebeliones y movilizaciones a fines de los 60, que fue creciendo también en los 70. Durante la dictadura argentina de 1976 a 1982, la juventud politizada y movilizada fue de las principales víctimas, con miles de desapariciones y torturas sistemáticas. Fue el caso de la Noche de los Lápices, con el desalojo y desaparición de los estudiantes que se estaban manifestando dentro de su universidad por el boleto estudiantil. La situación cambió con Alfonsín y el retorno a la democracia en 1983, cuando renacen los movimientos juveniles, con el optimismo y la esperanza de cambio que se respiraba en ese momento.  

La vuelta de la democracia, con todo lo que eso significaba, después de 7 años de represiones, desapariciones, y ausencia total de libertad política y social, traía aires nuevos, esperanza de cambio, y eso llegó especialmente a los jóvenes, con la esperanza de luchar por un futuro mejor. Sin embargo, la dictadura trajo consecuencias sociales y económicas que dificultaron el gobierno de Alfonsín y trajeron luego un gobierno neoliberal en los 90 que generó gran desesperanza política y un desastre económico.

La política de mercado empresarial con sus protagonistas en los “clientes” y no más en los “ciudadanos” genera una desintegración de la sociedad. Se dio una creciente desilusión y poca creencia en los partidos y la política en general, aunque surgieron nuevos movimientos sociales y formas de participación colectiva por fuera de la política.

Hoy en día, la juventud cumple un papel clave en la realidad argentina. Las injusticias que se viven, pero también el crecimiento  y progreso que se dio tras la crisis de 2001, fomentaron que los jóvenes vuelvan a la política, desde diferentes ámbitos. Todos los partidos políticos tienen su grupo de juventud, y hay múltiples movimientos sociales, tanto de izquierda como de derecha, donde los jóvenes son los protagonistas e impulsores. Lo que fueron la juventud peronista, la juventud radical (los partidos políticos tradicionales en Argentina), y hoy en día siguen existiendo y pisan fuerte; los colectivos sociales, movimientos, que intentan ayudar y cambiar la realidad desde el deporte, educación, la cultura, o asistencia social.

Siguen existiendo los prejuicios y generalizaciones que relacionan a los jóvenes con la droga, la fiesta, y la despreocupación por todo lo que nos rodea. Sin embargo, la realidad muestra algo totalmente diferente. Muestra chicos y chicas que desde que están en la escuela participan en los centros de estudiantes, que luchan por sus derechos, que exigen mejoras de las condiciones en las que estudian y luchan junto a sus maestros para un cambio en el sistema educativo;  tanto en tema sueldos, como infraestructura y calidad de la educación. Muestra jóvenes que dedican su tiempo libre, después de la universidad, trabajo y otras obligaciones, a ir a diversos barrios y clubes, para acompañar y ayudar a personas en situación de vulnerabilidad, haciendo actividades, concientizando y dando ayuda desde lo que se puede; apoyo escolar, jugar al futbol, obras de teatro y cualquier cosa que inspire a otros jóvenes y les dé esperanza de un presente y futuro mejor.

Pienso a la juventud no sólo como grupos de chicos y chicas que desde diversos ámbitos participan de la vida social, sino también como un símbolo. Un símbolo de rebeldía, de cambio, de cuestionamiento de la realidad en la que vivimos.

Nosotros, los jóvenes, creemos que somos capaces de eliminar las injusticias y desigualdades que vivimos día a día (y en mi opinión, podemos). No damos nada por sentado, ni naturalizamos gobiernos corruptos, violaciones de derechos, pobreza, ni inseguridad (o no deberíamos). Queremos cambiar el mundo, y tenemos las herramientas para hacerlo.

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