Donald Trump es Capitán América… y un X-Men

Por Renata Bermúdez / @Renbyh

Nacionalismo, la palabra preferida de muchos últimamente, en el periódico, en las noticias o hasta en el mismo argot politológico o antropológico. El nacionalismo es un fenómeno que implica ideas, sentimientos o acciones, una ideología que apunta a la conducta de las personas de forma individual o colectiva, permite la interacción social, la creación de procesos históricos y movimientos políticos.

Este concepto es el que dota de identidad a las naciones, pero también de sentimientos de exclusión, creando enemigos comunes, algunas veces para legitimar al sistema, otras no tanto, pero sí para crear símbolos nacionales. Dos ejemplos pueden retomarse, por un lado el nazismo con sus imágenes de poder, sus colores, sus ideas de exterminio, la primacía de la raza aria sobre los demás, los experimentos eugenésicos y demás… otro de los ejemplos surge con referencia a éste: el universo de comics de Marvel, tenemos al Capitán Amércia y a los X-Men, los cuales están permeados de nacionalismo norteamericano frente a los enemigos de la libertad y la democracia, que en el momento de su creación se identificaba con el nazismo y todo tipo de fascismo.

El Capitán América, es uno de los favoritos de muchos, vestido con la bandera de las barras y las estrellas, rubio, ojiazul, producto de una modificación genética por un experimento durante la Segunda Guerra Mundial. En un sentido similar, están los X-Men con ideas de evolución humana, y que deben proteger a la humanidad, aunque son los mismos humanos quienes los rechazan socialmente y que surgen en el tiempo de la Guerra Fría, en una colaboración entre mutantes católicos alemanes y mutantes soviéticos, japoneses e incluso demonios. Todos con un distintivo común: un enemigo del cual defender y un héroe que se encarga de golpear a los malvados.

Todo lo anterior me hace entender que el discurso de Trump va en este sentido: crear enemigos comunes para retomar un nacionalismo norteamericano, que siempre ha existido pero por causa misma de la posmodernidad se ha minimizado. La promesa de campaña sobre la construcción del muro en la frontera sur sigue siendo ese afán nacionalista que nos puede recordar los dos ejemplos anteriores: la vertebración de un neofascismo, pues apunta para eso en sus discursos, según el análisis de Humberto Ecco se basa en: retomar tradiciones, racismo, un aprovechamiento de los resentimientos sociales, xenofobia, machismo y militarismo, populismo exacerbado.

México, los mexicanos y los musulmanes –sin ser necesariamente extremistas- somos un enemigo común hacia Estados Unidos, pero esta vez no necesitarán al Capitán América ni tampoco a los X-Men para ser protegidos, ya que Trump es quien asume el honor de la salvaguarda frente a las amenazas externas y no es que lo seamos, sino que nuestras acciones le están dando la razón: en México, existe una clase política corrupta, debilidad institucional y un presidente falto de carácter para imponer la voluntad del pueblo: no queremos muro y tampoco la renegociación del TLC. Los musulmanes quieren seguir usando sus ropas en Estados Unidos, trabajando a la par de los estadounidenses, igual que nuestros paisanos.

El enemigo común, ya no existe, está sólo en el imaginario de un hombre que trata de retomar este nacionalismo viejo casi inservible dadas las circunstancias actuales: apertura de mercado, desterritorialización, ciudadanías glocales y transnacionales… en fin, veamos cómo nos va con la era Trump, que la suerte esté siempre de nuestro lado y que ¿empiecen los juegos del hambre?

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