Los fans de Trump

Por Juan Manuel Aguirre / @aguirreq

Después de tantas y tan polémicas decisiones del presidente Trump, ¿cómo es que sigue adelante con una agenda que le ha merecido perder la aprobación de los propios ciudadanos estadounidenses en tan poco tiempo?  

Debemos admitir que, si bien Donald Trump tiene muchos defectos, el decir mentiras de campaña parece no ser parte de la lista; de hecho, está cumpliendo los objetivos que propuso públicamente para sus primeros 100 días de gobierno y que responden a las demandas del electorado estadounidense que le dio la victoria en las urnas. Así que, ¿dónde está la sorpresa con el muro, la prohibición de visas a países musulmanes o la reducción de fondos para organismos internacionales? Quizá lo único que nos falta por ver, sea la disminución de impuestos que prometió.

De hecho, a pesar de que es cierto que tiene cifras históricamente bajas de aprobación, éstas no representan un costo político suficiente como para disuadirlo de seguir adelante, ya que aún cuenta con el apoyo de sus electores “duros” y el silencio (aunque no explícitamente el respaldo) de sus correligionarios republicanos, quienes están interesados en ser electos o reelectos por esa misma gente (por más que quisieran oponerse a Trump a título personal). Así, sin importar los millones de personas que participen en la Women’s March en repudio a Trump y en favor de los derechos de las mujeres en todo el mundo, los fieles seguidores de Trump siguen siendo suficientemente numerosos como para que la nueva administración pueda darse el lujo de ignorar a quienes no significan una amenaza, en términos electorales, para el Partido Republicano.

De igual forma, aunque casi de manera desapercibida, el presidente Trump sumó puntos de aprobación con los grupos Pro Vida por haber retirado el financiamiento público para Planned Parenthood y sus prácticas abortivas (que personalmente apruebo); así como por la participación del vicepresidente Mike Pence en la multitudinaria Marcha por la Vida celebrada en Washington el 27 de enero, sólo 6 días después de la Women’s March.

En conclusión, quien vota manda. Por más rabietas que hagamos en nuestras conversaciones o publicaciones en redes sociales, Donald Trump sigue teniendo incentivos para proseguir con sus planes contando con el respaldo de sus electores y el enojo cada vez más acentuado de quienes, en principio, no votaron por él y no ponen en riesgo el capital político de su partido.

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