Xochiteopan, el pueblo que se hizo pedazos

Por Carlos Galeana / @CarlosGaleanaB

El miedo se percibe en los rostros de los habitantes de San Francisco Xochiteopan, muchos han perdido sus casas, aquellas que fueron el esfuerzo de una vida. Los recuerdos se han hecho polvo.

Mi casa ya tenía muchos años; aquí vivió mi abuela, mi mamá, bueno, toda la familia, pero como usted ve nos hemos quedado sin nada, cuenta la señora Sandra con una voz quebradiza y dirigiendo su mirada a lo que ahora se considera escombro.

La calle principal de la comunidad está atascada de lo que aparenta ser ayuda, sin embargo, al entrar al hogar de la familia García, las paredes tiemblan, el pasar de los vehículos es un arma de dos filos, llevan víveres, pero también podrían ocasionar la muerte.

Tenemos que dormir en el patio, dicen los vecinos que podría venir un temblor más feo que el del martes, comenta la señora, quien al preguntar su nombre únicamente responde, “la esposa de Martín García”.

Seguimos avanzando, un par de mujeres observa la cantidad de comida y agua que pasa frente a sus rostros.

-Disculpe, ¿usted qué opina de ver tanta gente reunida?

-Por una parte está bien, aunque hubiera estado mejor que conocieran nuestro pueblo antes, cuando estaba bonito, cuando seguía de pie, responde.

Silencio absoluto, prefiere terminar la conversación.

A la vuelta se encuentra la escuela primaria, aquél espacio que después del sismo no solo sirve para estudiar sino también para dormir, recibir víveres y rezar. En medio del lugar se observa a un par de personas arrodilladas, algunas llevan flores, otros lloran y se abrazan. Frente a ellos hay una imagen de la virgen de Guadalupe, de ángeles y por su puesto, de San Francisco de Asís, el patrono del pueblo.

-¿Qué siente al ver la iglesia destruída?

-Pues que ya la perdimos, no sabemos si volveremos a repararla pero la fe continúa es lo que nos tiene aquí, mire nuestras imágenes, estamos bien gracias a dios, responde Ignacia Pérez mientras pasa sus manos por los ojos para tratar de limpiar sus lágrimas.

Enseguida, otra persona responde: La iglesia podrá estar destruida, pero nuestra fe sigue de pie.

Continuamos caminando entre piedras y adobe. Tristeza y miedo, en otras palabras, entre memorias hechas pedazos.

Volvemos a la calle principal, los automóviles siguen entrando, pareciera que cada vez hay más voluntarios que habitantes, todos creen ayudar pero no hay organización, en las calles se escucha una frase: esto parece turismo humanitario.

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