A pesar de todo, el 1 de julio llegará

Por Abayubá Duché / @AbayubaDuche

2018 llegó. Probablemente será el año electoral más activo de la historia reciente de México. El primero de julio se elegirán más de tres mil puestos de representación popular, pero ¿Por qué esto es relevante?

En realidad, por muchas razones:

Primero porque la democracia, al menos la liberal, se basa fundamentalmente en los contrapesos, es decir en limitar el poder de las instituciones por medio de equilibrios contemplados en el diseño institucional, y si bien en México dichos pesos y contrapesos han estado ausentes, la realidad político-electoral actual, caracterizada por una enorme fragmentación del voto y el crecimiento de MORENA que es, de hecho, la alternativa antisistema más visible; parece indicar que la o el siguiente presidente de México se enfrentará a un congreso plagado de minorías difíciles de aglutinar en torno a un proyecto de gobierno.

Segundo, porque México vive el pico demográfico más alto de su historia. Más de 40 millones de jóvenes viven en el país y quienes sobrevivan a la transición laboral, la experimentarán durante el siguiente sexenio. Es decir que muchas de las políticas públicas del gobierno entrante influirán para que la juventud se incorporé o no al sector productivo del país.

Tercero. Por primera vez en mucho tiempo, el gobierno del socio comercial más grande de México, está encabezado por un personaje abiertamente hostil con los mexicanos, que promueve el odio y que ha hecho de la renegociación del TLCAN y del famoso muro, parte esencial de su agenda de gobierno.

Cuarto, porque en 2018, además de la presidencia de la república, se elegirán 9 gubernaturas, la totalidad de la cámara de diputados, el senado y un gran número de alcaldías, por lo que en el siguiente periodo de gobierno se podría alinear un conjunto de fuerzas suficientemente importante como para dar una vuelta dramática a la política nacional, sin que esto tenga una connotación positiva o negativa.

A pesar de esto, la ciudadanía en general ha mostrado indicios de apatía generalizada, como si la democracia electoral hubiera fracasado. Y cómo no, si los partidos políticos no han siquiera articulado una agenda atractiva para el electorado , sino que por el contrario han incrementado significativamente su descrédito, en parte motivado por la corrupción y la impunidad, y en parte por la incapacidad de la clase política para articular políticas públicas que den solución a enormes problemas del país.

Hasta hoy cuesta identificar con claridad propuestas realistas para combatir la corrupción, acabar la impunidad de las altas esferas, pacificar al país, aumentar los ingresos de las personas y establecer un mínimo estado de derecho.

Aún así, el primero de julio llegará, con o sin ideas, con o sin agendas, con o sin votos: con o sin futuro.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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