Pobreza y derechos humanos

Por Amira Barrientos / @AmiraBarrientos

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la pobreza es “una condición humana que se caracteriza por la privación continua o crónica de los recursos, la capacidad, las opciones, la seguridad y el poder necesarios para disfrutar de un nivel de vida adecuado y de otros derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales”. A su vez, define a la extrema pobreza como “una combinación de escasez de ingresos, falta de desarrollo humano y exclusión social”.

Desde mi punto de vista, la pobreza, per se, es el problema más urgente de derechos humanos. ¿Por qué? Porque no solamente es causa, sino consecuencia de violaciones a los mismos, lo que se traduce en un círculo vicioso de rechazo, discriminación, marginación y estigmatización. La verdad es que al ponernos a pensar en todo esto, pareciera imposible terminar con ella. Sin embargo, no es así. Lo que se necesita es atacar todas las raíces de la pobreza simultáneamente mediante la organización de los Estados, la sociedad civil y todos agentes económicos organizados.

Hace falta coherencia entre políticas públicas a nivel nacional e internacional y el compromiso de los Estados de combatir la pobreza. Hace falta voluntad política, en resumen.

Por otra parte, y esto me parece una parte clave, es que como sociedad tomemos conciencia de la situación y dejemos de ver a la sociedad dividida en “ellos, los pobres” y “nosotros”. Debemos reconocer a las personas que viven en ella como titulares de derechos, pero también como agentes de cambio, y no limitarnos a pensar que su única capacidad es ser receptores de asistencia social.

Me gustaría mucho pensar que la apatía social ante la lacerante pobreza en el mundo y en nuestro país se debe a la ignorancia. Esto tiene, me parece, solución. Tal vez el ver el rostro de la pobreza nos anime a involucrarnos un poco: hay que salir de nuestra zona de confort. Pasar de escuchar de pobreza en medios de comunicación a salir a verla en carne y hueso. Pasar de escandalizarnos por las cifras de personas pobres a extenderles la mano. Me parece que no hay excusa para no hacerlo. Desde nuestra profesión, con el poco o mucho tiempo con el que contemos y con lo poco o mucho que podamos ayudar.

Por otra parte, estimados servidores públicos, tengan tantita… voluntad política. Pónganse a leer un poco sobre el deber ser por el que deberían trabajar. Les dejo algunas recomendaciones: La Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad.

Dicho lo anterior, pongámonos las pilas, porque los derechos humanos de las 53.4 millones de personas viviendo en pobreza que reporta CONEVAL no van a ser reivindicados solos

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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