El cine mexicano después del TLC: más producción, menos distribución

Por Francisco Torres de Conacyt Prensa

El escritor brasileño Frei Betto dice que “en el neoliberalismo, la cultura es reducida a mero entretenimiento; el arte pasa a valer, no por el valor estético de la obra, sino por la fama del artista”. 

En México, un país con gran tradición artística, vale la pena hacer un recuento de qué es lo que ha pasado, después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con el séptimo arte: el cine.

En tiempos recientes, nuestro país ha captado los reflectores mediáticos a nivel internacional, pues de las últimas cinco entregas del Premio Óscar a mejor director, cuatro veces ha sido obtenido por mexicanos (Alfonso Cuarón, 2013; Alejandro González Iñárritu, 2014 y 2015; y Guillermo del Toro, 2017).

A pesar de la positiva imagen que esto ha traído al cine mexicano, ninguna de las producciones por las que fueron premiados es de producción nacional, ya que han tenido que recurrir a financiamiento extranjero.

El neoliberalismo y el TLCAN, un antes y un después para el cine mexicano

De acuerdo con José Méndez Morales, economista e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en su artículo “El neoliberalismo en México: ¿éxito o fracaso?”, señala que el sistema económico referido comienza en el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988).

Asimismo, en una de las características que encuentra como fundamentales para el funcionamiento del neoliberalismo, apunta a la firma de tratados de libre comercio con otras naciones. Precisamente en ese tenor, México cuenta con 12 acuerdos de dicha índole.

El más conocido es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entrado en vigor en 1994 y actualmente vigente hasta que su sustituto T-MEC (Tratado Comercial de México, Estados Unidos y Canadá) cumpla con sus respectivos procesos legislativos en cada país.

La doctora en ciencias de la comunicación por la Universidad de La Habana y actual investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), Lucila Hinojosa Córdova, ha dedicado gran parte de su carrera académica a analizar el cine mexicano en el contexto del TLCAN.

“Hay un antes y un después del cine con el TLC. Antes de esta época había una ley que reservaba 50 por ciento de las salas para las películas nacionales, se promulgó en 1949 y estuvo vigente hasta 1992, en ese entonces el precio del boleto era regulado por el Estado e, incluso, formaba parte de la canasta básica”.

Otra de las características del cine antes del TLC tiene que ver con la relación existente entre la producción y exhibición de películas.

“Había un cierto equilibrio entre la producción y la exhibición, pues todavía en 1990, dos años antes de la firma del TLC, se produjeron 75 películas y se presentaron 74. El país contaba con mil 896 salas de cine, 31 por ciento de las actuales, pero la asistencia era proporcionalmente mayor: asistían, en esa época, 197 millones de personas al cine, cuando éramos 80. Es decir, 2.4 veces por año”.

La triplicación del número de salas, así como el aumento de población, ha llevado a que México tenga, según los datos proporcionados en 2017 por la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), 348 millones de boletos vendidos, el cuarto lugar a nivel mundial.

En 1992, dos semanas después de la firma del TLC, se aprobó una nueva ley que establecía que, a partir de 1993, las salas de cine debían de exhibir películas mexicanas en un porcentaje no menor a 30 por ciento, reduciendo gradualmente a 25 por ciento en 1994, 20 por ciento en 1995, 15 por ciento en 1996 y 10 por ciento en 1997, porcentaje que rige actualmente.

Sin embargo, dicha norma se contradice contra lo que el TLC señalaba, puesto que el acuerdo comercial permitía hasta 30 por ciento de producción nacional en los cines de los tres países firmantes.

“En pocas palabras, el TLCAN resultó más ‘benévolo’ que nuestra propia legislación”.

El diez por ciento de mínima exhibición se ha visto traducido en que, de acuerdo con Canacine, únicamente 22.4 millones de asistentes (de 348 millones) acudieron a ver una película mexicana, es decir, solo 6.4 por ciento del total.

Migración y narcotráfico, principales temáticas del cine mexicano

Después de la firma del TLC, el cine mexicano se ha caracterizado por dos temas que atraen al público en otros países: la migración y el narcotráfico.

Basta mencionar que la película mexicana más taquillera de todos los tiempos es la protagonizada por Eugenio Derbez, No se aceptan devoluciones, estrenada en 2013, con una recaudación mundial de 99 millones de dólares.

En dicho filme, aunque no se centra en la calidad de migrante, sí se presenta a un personaje principal que tuvo que emigrar a Estados Unidos para conseguir empleo. En esa misma calidad se encuentra la película A better life, en la cual se habla de los estereotípicos problemas laborales y familiares que experimentan los mexicanos radicados en el país del norte.

La investigadora de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), Carmen Gómez Gómez, afirma que en el siglo XXI es evidente que el cine mexicano ya no tiene problema con mostrar piezas fílmicas que exhiban realidades sociales.

“Temáticas que van de familias fragmentadas hasta los estragos más radicales del neoliberalismo que impera en México, los directores mexicanos han entregado un sinnúmero de obras sobre un decadencia en el papel de la familia en nuestra sociedad”, compartió la investigadora.

Tras un letargo, la recuperación… relativa

“Nuestra industria cinematográfica se encuentra en franca recuperación, pues hay incremento de audiencia de películas mexicanas. Y claro que las nuevas plataformas ayudan mucho a ver mayor cantidad de cine, pero tenemos que pensar que en México, 50 por ciento de la población todavía vive en pobreza extrema”, explica Lucila Hinojosa.

A pesar de que es palpable el aumento de ingresos que el cine mexicano deja anualmente, este no ha podido estabilizarse, pues en los últimos cinco años ha tenido una volatilidad notable. En 2012, el dinero recaudado en taquilla fue de 444 millones de pesos, mientras que en 2017 fue de mil millones de pesos.

La peculiaridad corresponde a que en 2016 se alcanzaron mil 395 millones de pesos, pero un año antes tuvo un descenso dramático hasta 739 millones de pesos.

Fotografía de portada: Karen Zhao

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