Manatí

De cuando las amenazas de muerte llegan al futbol femenil

Por Jessica Badillo de Más Que Una Hincha

Hace un mes la jugadora argentina Macarena Sánchez denunció el despido injustificado que sufrió por parte del UAI Urquiza.

La futbolista comentó los detalles de su salida y el poco apoyo que recibió por parte de su club y de la Asociación de Futbol Argentino.

Su entrenador le comunicó que ya no entraba en planes del equipo; al tratar de apelar se encontró con que no hay ni hubo una relación entre ella y el club argentino.

A partir de esto se destaparon varias situaciones que no solo aquejan al futbol femenil argentino, sino al futbol femenil mundial. El resultado para Sánchez ha sido vivir hostilidades que van desde el rechazo por parte de los hinchas y la comunidad del futbol varonil hasta amenazas de muerte que ella misma ha documentado en su cuenta de Twitter.

Tristemente es muy común que los clubes busquen arreglarse de manera extra oficial con un jugador, muchas veces sin la generación de un contrato. Esto no tendría que quitarle la responsabilidad a cada uno de los implicados; los clubes deberían de tratar a todos los futbolistas como iguales en el sentido de que tanto varoniles como femeniles son colaboradores de una empresa a la que contribuyen y en la que deberían de tener las mismas oportunidades de crecimiento.

La CONMEBOL hizo que todos los clubes que participaran en la Copa Libertadores varonil tendrían que tener un equipo femenil y esa situación, lejos de verse como una oportunidad, se vio como una carga argumentando que los clubes femeniles no generan lo mismo que los varoniles.

Existen varias denuncias por parte de jugadoras sudamericanas que van desde que el Atlético Huila tuvo que dormir en el piso de un aeropuerto brasileño luego de ser campeonas y que su premio monetario iría para ayudar al equipo varonil con sus problemas económicos.

A esto hay que sumarle la mentalidad de los directivos, como la del presidente de Deportes Tolima, quien aseguró que el futbol femenil es “un caldo de cultivo para el lesbianismo y que él nunca invertiría en un equipo femenil.

Las jugadoras que han denunciado estas cosas a lo largo de la historia han sufrido rechazo, han sido vetadas de sus ligas y actualmente sufren violencia y machismo en sus redes sociales y en la vida real; pero Macarena Sánchez ha sido amenazada de muerte. Y eso debería de ser muy grave y preocupante para todos.

Que alguien se sienta tan amenazado y tan frágil que pueda apelar a las amenazas antes de ver sus privilegios cortados, habla de la sociedad tan deteriorada en la que vivimos, una en la que no cualquier persona puede jugar futbol porque ya es señalada y cuestionada; vivimos una realidad en la cual nadie puede denunciar injusticias sin sufrir consecuencias.

¿Este es el camino que debemos tomar hacia la profesionalización del futbol femenil? Uno donde vivamos con miedo a encontrarnos un día en persona a ese que nos insultó en redes sociales, uno donde ni siquiera los propios directivos o federaciones pueden respaldar a sus jugadoras. ¿De verdad necesitamos un camino pavimentado con amenazas de muerte?

Ante esta situación nos resulta difícil aceptar que esto sea lo que tenemos que vivir día a día dentro del futbol femenil. Tal vez esto signifique que estamos haciendo bien las cosas y que en algún momento lograremos la justicia;  bien lo dijo Maca Sánchez: “esas cosas llegan cuando estás por el camino correcto”.

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