Manatí

Airbnb y sus “Experiencias” en Cuba

Por: Cynthia de la Cantera Toranzo de Yucabyte

Cuba está cambiando es la frase más recurrente para intentar explicar una serie de fenómenos que han estado sucediendo desde hace más o menos cinco años. Esa palabra, cambiando, neutral pero esperanzadora, más que nada ha sido el resquicio. Por ella se han colado el cuentapropismo -empresas y empleos privados-, un presidente estadounidense, Internet, cuatro millones de turistas, compras por valores astronómicos de los cubanos en Panamá y la nueva cara de nuestra presidencia.

Por ella, por supuesto, se coló Airbnb, que es el tema de esta historia.

Para empezar, tenemos que deshacernos de la idea de que Airbnb llegó innovando. Esa en realidad es una perspectiva colonizadora. Cuando Airbnb llegó, en abril de 2015, los cubanos ya rentaban sus casas y daban recorridos con amistades y amistades de amistades que venían interesados en conocernos. La diferencia -en cuanto a los recorridos únicamente- es que a veces había un pago y otras no.

Lo que sí hizo la empresa, en los dos primeros años, fue traspasar por su embudo un promedio de 70 mil huéspedes mensuales y cerca de 40 millones de dólares en la forma de un turismo esencialmente estadounidense, ávido por conocer Cuba.

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Ahora debemos ir un momento a los años 90. Se desata una crisis económica producto del derrumbre del campo socialista soviético (el tan nombrado Período Especial). El gobierno tiene que echar mano urgente a nuevos modelos de desarrollo económico. Para un archipiélago en medio del Caribe, ¿qué puede resultar más fácil e inmediato que el turismo? Se construyen hoteles, se introduce una segundo moneda -primero el dólar estadounidense y luego la Peso Cubano Convertible, el CUC- se abren agencias de viaje… Incluso luego, en 2003, se crea la carrera de Licenciatura en Turismo en la Universidad de La Habana para formar profesionales en el sector.

El Estado comienza a promocionar y vender el archipiélago como un destino de sol y playa. Vende Varadero, Trinidad, Guardalavaca, Cayo Santa María, Cayo Coco y Cayo Guillermo. Vende por supuesto La Habana Vieja; y también algo de Viñales, Las Terrazas, Santiago de Cuba y Baracoa. Punto.

Regresamos al 2015. Reestablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, levantamiento de las restricciones de viajes para nuestros vecinos del norte. Prácticamente la mitad (el 43%) son empresarios, directivos y representantes de las ciencias y las artes, en busca de atractivos como naturaleza, cultura y patrimonio, naútica y turismo de ciudad. También casi la mitad (el 40%) planifica y reserva a través de Internet.

Nada para lo que Cuba, estatalmente, estaba preparada.

El escenario perfecto para su éxito en Airbnb.

La Habana es junto a Detroit, Londres, París, Nairobi, San Francisco, Miami, Los Ángeles, Ciudad del Cabo, Seúl, Florencia y Tokio, de las que Airbnb consideró sus doce ciudades originales. Ciudades culturalmente sólidas y peculiares donde la autenticidad podía venderse en forma de un nuevo producto: las Experiencias. En noviembre de 2016 ya estaban disponibles las primeras. La empresa contrató a una venezolana, Jessica Pecoraro, como manager de los anfitriones habaneros, los únicos de todo el Caribe, América Central y del Sur por demás.

Dos años después, en diciembre de 2018, son más de 300 las Experiencias que se concentran solo en La Habana. Muchísimas de ellas son recorridos por el Centro Histórico y sus alrededores o en el Vedado, lo que varía es el motivo: un paseo en auto clásico o en bicicleta, una clase de economía, historia, baile, cocina o yoga, un taller de vitrales o de manualidades, buscar rincones y detalles para tomar fotos… Por cada cosa que a los anfitriones se les ocurra hay una Experiencia.

Porque la capacidad de generarlas solo está limitada por la imaginación colectiva de los cubanos”, me dice Ariel Causa, relacionista público del proyecto Alamesa. Desde ese punto de vista, pienso, podría resultar un producto inagotable.

La plataforma, en otras palabras, aguanta lo que tú le pongas. Pese a que los requisitos para la aprobación de nuevas Experiencias han aumentado -y el tiempo para la respuesta de dicha aprobación también- Airbnb no parece tener conflictos con las 300 y más que promociona en otras provincias del país.

La mayoría de las Experiencias se concentran en La Habana pero poco a poco también van surguiendo en otras provincias del pais.

Porque la competitividad no le supone una contradicción. Ellos no son responsables de las ofertas, sino los anfitriones. Ellos, como empresa, tan solo les preocupa poner a su disposición el mercado turístico más grande que puedan concebir.

Entonces tenemos a los anfitriones diseñando, promocionando y poniéndole un precio a su oferta. Para muchos, esto último representó la gran duda: ¿Qué precio puedo ponerle a algo que yo casi siempre hacía gratis? O mejor: ¿Qué precio puedo ponerle a algo que yo con gusto haría gratis?

Con estas nuevas actividades disponibles la oferta turística se diversificó y, por tanto, impactaron un poco en las reglas del juego. Si antes el viajero debía acudir a las agencias estatales -u otras extranjeras con permiso de operación- para la planificación de su viaje, a través de la compra de un paquete ya estructurado; ahora puede -y de hecho lo hace- reservar directamente cuantas actividades desee y armarse, en fin, su propio paquete.

“El problema es que Airbnb se dio cuenta de una cosa que otros operadores quizá no habían notado: el turista es un tipo que puede estar durante el mes previo a su viaje investigando sobre el país, con un acceso a la información casi ilimitado. El turista que viene hoy es una persona mucho más informada. Lo que Airbnb hizo fue llevar ese concepto a una escala y distribución globales”, explica Ariel Causa.

Las agencias de viaje estatales, por su parte, se mantienen a su propio ritmo. Claudia Cuevas, profesora en la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana, comenta que estas empresas “tienen varias opciones, pero los atractivos son los mismos. Se trata de paquetes estructurados que venden, pero muchas veces hay que hacerle modificaciones.

“Por ejemplo, una agencia de viajes tiene un mercado específico, vamos a decir el mercado inglés. Le solicitan un producto que ya está conformado, pero siempre le piden hacer cambios. Si normalmente le piden eso, ¿por qué no hace un estudio de su cliente? Aplicar encuestas, procesar los resultados, y eso le va a dar una nueva oferta o el rediseño de la existente. Va a tomarle un tiempo considerable, pero luego le permitirá no tener que ajustar constantemente su programa, porque ya está enfocado en el mercado al que le está vendiendo.

Nosotros, como Facultad de Turismo, le proponemos a las agencias hacer los estudios, pero a cambio nos tienen que dar acceso a su información. Y es ahí donde no funciona”.

La Experiencia “Into Queer Havana”, de la periodista Susana Hernández, incluye un recorrido por espectáculos de transformismo de La Habana. Foto: Susana Hernández.

Y es ahí donde Airbnb, otra vez, toma ventaja. La plataforma solo te exige una buena idea, y ella misma se encarga de guiarte a través del proceso de implementación. No establece contratos, ni papeleos, ni horarios fijos.

¿Quiénes logran colarse en esta dinámica?

Susana Hernández, periodista de formación y activista de la comunidad LGTB+, me cuenta que a mediados de 2017 solicitó la baja en el CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual), lo que no significaba abandonar el tema. “Yo no quiero dedicarle tiempo a nada que no sea trabajar por los derechos humanos y sexuales de las personas LGBT+. En esa lógica tenía que encontrar un trabajo que me permitiera seguir conectada con la comunidad y que me generara ingresos”.

Ariel Causa, que llevaba unos meses como anfitrión de una Experiencia, le sugirió que podía crear una. Tomando como excusa los shows de transformismo en la ciudad, Susana diseñó un recorrido donde conversa y muestra la situación actual de la comunidad en Cuba. Le puso por nombre Into Queer Havana.

La Experiencia me permite trabajar con otros proyectos con los que no puedo mantenerme desde el punto de vista económico, pero que me dan una satisfacción personal inmensa. Me permite además recibir contactos de personas que están interesadas en la temática y que pueden conectarse con la comunidad de aquí”, dice Susana.

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