Manatí

Un vistazo al círculo de cannabis medicinal en Puebla

MARIO GALEANA | @MarioGaleana_

Alguien conoce a alguien que la sumerge en alcohol y más tarde se frota el líquido para el dolor de huesos. Otra conoce a otra que la fuma para aminorar los calambres en el útero poco antes de la menstruación. Aquel ha escuchado que, convertida en infusión, es un remedio eficaz contra el insomnio. Otros tantos aseguran que, extraída en aceite, aminora los efectos de la quimioterapia para pacientes con cáncer.

La mariguana y sus distintos usos medicinales han sorteado toda ley en México. Al margen del tímido debate que las autoridades realizan para decidir en qué términos y en qué condiciones se despenalizará su uso, algunas personas empezaron a organizarse, a crear círculos de discusión y de conocimiento para propagar sus efectos medicinales. Estos círculos empezaron, por supuesto, en el medio mariguano, en aquellos círculos en donde el lenguaje es distinto: donde se conecta cuando se compra, donde se rola cuando se comparte, donde se pone cuando se fuma y donde se está erizo cuando se carece de ella.

Pero, poco a poco, su rumor se ha propagado a círculos distintos. A personas con padecimientos crónicos o a familiares de personas con enfermedades a largo plazo. Sin embargo, la ambigua situación legal del uso de la mariguana les dio a estas reuniones un halo casi clandestino.

Les sigue dando.

A finales de septiembre de 2018, un mes después de que la Corte aprobó el uso medicinal de la mariguana en México, la organización Cannativa realizó en Puebla un curso introductorio de cinco horas para enseñar cómo extraer aceite de mariguana. Era el tercer taller que ofrecían en Puebla en los últimos dos años.

La difusión del taller se realizó sólo por Facebook y el lugar en el que se impartiría estaba reservado para quienes contactaran directamente a los organizadores. Manatí los buscó y ellos sencillamente accedieron a que se documentara una hora del taller. No es la primera vez que ocurre. Medios nacionales —como Reforma— e internacionales —como Vice News— ya han difundido y acudido a los talleres que ofrece la organización, a la que sus integrantes conciben como un proyecto de educación y salud integral.

Y, sin embargo, mientras caminábamos por el vasto terreno en el que se realizaría el curso —un salón reservado para fiestas con una larga extensión de jardín flanqueado por árboles, un apacible refugio en medio del trajín del norte de la capital— no dejábamos de pensar en que acudíamos a algo extraordinario. Imaginábamos (en voz alta) que durante el taller circularían gruesos porros de la mejor hierba y que, quizá, podríamos probar alguno; que de alguna esquina brotaría reggae y que, habría una larga mesa con pasteles o papas fritas para amortiguar el monchis.

Fotografía: Yeshua Bazán // Once Comunicación.

Nada más distinto. Lo que encontramos fue a un grupo de treinta y tantas personas sentadas en torno a una pared en la que se proyectaban imágenes para diferenciar las características entre las dos especies de mariguana, Indica y Sativa. Luego, Pedro Nico Malazartes, uno de los integrantes del proyecto Cannativa, hizo circular algunos cogollos para que, con lupa, los asistentes examinaran los cristales de la planta, una característica para valorar la idoneidad de la hierba.

El grupo era tan distinto. Había una docena de adultos mayores, otra docena de hombres y mujeres bien sentados en sus cuarenta y pocos, y otra docena de jóvenes que si bien no encajaban en el estereotipo del consumidor de mariguana, bien se les podía ver como fumadores que recién habían decidido conocer más acerca de la planta.

Fotografía: Yeshua Bazán // Once Comunicación.

Todos escuchaban atentos a Pedro Nico Malazartes, que sí cabía en ese adjetivo redondo del mariguano: flaco, jipioso, de largas rastas y de barba espesa, con un acento portugués que no batallaba al emplear el español. Junto a él estaba Pola, otra integrante de Cannativa.  Después, mucho después, sabríamos que Pedro Nico Malazartes es casi una figura en el mundo de activistas pro cannabis.

—¿Y de qué va el taller de hoy?

—El taller de hoy es pionero. No existía en México ni en Latinoamérica. Nosotros lo iniciamos hace cuatro años, aunque, en inicio, el taller consistía en hablar sobre cultivo o de algunos temas específicos en un medio social muy específico. No salía de aquel medio mariguano, y lo que nosotros hicimos fue implantar un tipo de curso que también incluyera el tema medicinal. El uso, la manipulación y el conocimiento de las terapias con cannabis. Eso ha ayudado a una estrategia de divulgación más amplia que nos hizo llegar a un sector al que normalmente no le llega la información del cannabis medicinal o del cannabis en general.

Decía Pedro Nico Malazartes durante un breve receso del curso. Para entonces, ya se había explicado el proceso de extracción de aceite de mariguana, para el cual se utiliza alcohol vegetal y otras instrumentos asequibles para cualquier persona, como frascos y recipientes de plástico. El aceite —se jactaba el instructor— tenía un grado de pureza de alrededor del 90%, tras un proceso de unas ocho horas. Todos lo miraban atentos y sacaban sus smartphones para tener registrado cada uno de los pasos a seguir.

Fotografía: Yeshua Bazán // Once Comunicación.

—¿Crees que hay un perfil específico de la gente que acude a estos talleres? 

—Es variado porque la enfermedad es universal. Todos nosotros tenemos alguna enfermedad o conocemos a alguien con algún tipo de enfermedad que el cannabis puede ayudar. No significa que va a curar las enfermedades humanas; significa que representa una posibilidad de tratamiento real, un tratamiento con menos efectos secundarios, que no es letal a ninguna dosis. Que está ayudando a gente con enfermedades muy potentes, como el cáncer, como la epilepsia. Hoy, proe ejemplo, hay gente con familiares con epilepsia, cáncer, varices, depresión o con dolores.

Una de aquellas personas era María Palomino, 52 años, artesana, cabello corto y ondulada, voz atropellada y nerviosa. María acudía a su primer taller de extracción de aceite de cannabis, aunque llevaba utilizándolo más de un año para mitigar los efectos de la quimioterapia en su cuerpo.

Fotografía: Yeshua Bazán // Once Comunicación.

Cuando a María le diagnosticaron cáncer de mama, su hijo hizo una búsqueda documental que lo llevó a encontrar el trabajo de investigación de una académica en Barcelona. Cuando supo de los efectos benéficos del aceite, él mismo se inscribió en un taller de extracción y comenzó a elaborarlo para su madre. El primer uso no funcionó del todo, porque María volvió de la quimioterapia con náuseas, sin apetito.

—… pero noté que, por error, estaba consumiendo una dosis menor a la recomendada. Entonces elevamos y todo fue perfecto: tanto la quimio como la radiación. No tuve ningún problema. Yo me mantuve trabajando perfectamente normal.

—¿Por qué cree que su uso (medicinal o lúdico) siga negándose o prohibiéndose?

—Sinceramente, creo que es porque la gente no conoce los beneficios. Además de que no hay estudios científicos suficientes para que en el país se legalice. Probablemente este tipo de difusiones puedan transmitir a que más personas lo hagan. De manera controlada, científica, llevando registros…

Cuando María Palomino declaraba para la cámara de Manatí, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) recién había aprobado su uso medicinal. Sin embargo, los lineamientos para el consumo de marihuana con fines médicos fueron expedidos por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) un mes después, a finales de octubre.

Para entonces, la Cofepris ya había recibido 615 solicitudes de permiso para uso medicinal, pero sólo había aprobado 10. Posiblemente, alguno de esos cientos de solicitudes había sido tramitada por Cannativa.

Fotografía: Yeshua Bazán // Once Comunicación.

Pedro Nico Malazartes, mientras tanto, ya veía la llegada de un intenso debate entre los grandes emporios de la farmacéutica y el inicio de un movimiento más bien comunitario a favor del cannabis.

—Nosotros trabajamos en varios países de América Latina, y vemos que la realidad es bastante parecida. Habrá un debate muy fuerte entre la viabilidad y la legitimidad de los aceites artesanales en contra de los productos industriales farmacéuticos. El argumento de la farmacéutica será que sus productos son estandarizados, analizados y examinados… y van a incriminar el método artesanal, dirán que es algo que produce un producto muy variable, posiblemente contaminado.

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