Manatí

La tarde en que la Fiscalía se llenó de brillantina

CARLOS GALEANA | @CarlosGaleanaB

Una cuadra antes de la Fiscalía de Puebla un grupo de mujeres comienza a reunirse. Algunas llevan sobre los rostros y puños pañuelos verdes o morados. Pasan algunos minutos en los que charlan, y después avanzan.

Es la tarde del viernes 16 de agosto. Y mientras esto ocurre en la Fiscalía,  otros colectivos, asociaciones y activistas feministas de varias ciudades del país se preparan para hacer lo mismo: protestar para exigir alto a la violencia que sufren todos los días y reclaman justicia para las víctimas de feminicidio y desaparición.

Aquella multitud en las afueras de la Fiscalía se multiplica. Abundan los mensajes escritos en cartulinas fluorescentes y, de entre todos, algunos sobresalen a los ojos: «¿Quién nos cuida de la policía?», «No venimos a pedir sino a exigir justicia para las víctimas de violencia sexual», «Juntas hay esperanza».

Son más de 200. Es claro que algunas se conocen entre sí, pero otras se miran el rostro por primera vez y se toman de la mano para generar una valla humana como medida de seguridad a su alrededor. Una bandera ondea al centro de aquella multitud: «Ni una menos, vivas nos queremos».

Otro grupo porta un pedazo de tela que dice: «Yo vandalicé la PGJ», y comienza a escribir mensajes con aerosol sobre la pared de la Fiscalía. Mientras eso sucede,  algunas personas ajenas al movimiento, mirones y fotógrafos de prensa, tratan de retratar el momento pero son rechazadas con puños de brillantina y azúcar.

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En los primeros seis meses de este año, los casos de 29 mujeres asesinadas por razones de género han llegado a aquella misma Fiscalía en donde ahora reverbera un grito de justicia.

Estos casos representan un aumento del 163% respecto al año pasado, pero podría ser mayor: el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría (IDHIE) de la Universidad Iberoamericana, registró 45 probables feminicidios, es decir, 16 más.

Y la irrebatible dureza de aquel dato podría ser la muestra del porqué hoy, y en los últimos meses, cada vez más mujeres salen a manifestar su repudio a la violencia de género.

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Por ahora, la valla humana avanza junto con los cientos de mujeres. Una de las patrullas que la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal puso con la finalidad de «salvaguardar la integridad física de manifestantes, peatones y automovilistas», según la parte oficial, es golpeada y pintada con aerosol.

«Violadores», es una de las tantas palabras que se lee sobre el automóvil. Sobre uno de los cristales rotos, una mujer coloca un pedazo de cartón: «¿Quién nos cuida de la polícia?”.

Esta marcha tiene un origen preciso. Semanas antes de la movilización (No digas semanas antes, di cuándo) una menor de edad en la Ciudad de México denunció a cuatro agentes de Azcapotzalco por subirla a la fuerza a una patrulla y después violarla. De este caso ha surgido esta jornada de protesta nacional, y no es el único.

El 30 de enero de este año, en la capital de Puebla un policía municipal fue acusado de violar a una mujer durante su detención por una falta administrativa; tras permanecer nueve meses prófugo, el 19 de julio anunciaron su detención en Acatzingo.

(¿Y luego? ¿Qué pasó?)

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Las mujeres caminan nuevamente hacia la entrada de la fiscalía. La patrulla se queda en el mismo lugar rodeada por transeúntes, reporteros y agentes de seguridad.

“¡Abajo el patriarcado, que va a caer; arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer!”, corean algunas. Al grito le sucede un aplauso y un abrazo con el que otras comienzan a despedirse. Un grito sobresale en una conversación : “¡Volveremos mientras esto no acabe!”.

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