Manatí

La falta de agua potable es más mortal que las balas para los niños en las zonas de conflicto

ONU NOTICIAS

Se estima que unos 800 millones de niños viven en zonas vulnerables o afectadas por conflictos, y uno de cada diez habita en contextos extremadamente frágiles. Quienes viven en estas condiciones tienen tres veces más probabilidades de defecar al aire libre; son cuatro veces más propensos a carecer de servicios básicos de saneamiento y ocho veces más propensos a carecer de agua potable.

Un nuevo informe publicado por el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) asegura que a pesar de que el derecho al agua potable y al saneamiento hace parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, junto con la alimentación y la atención médica, los conflictos están privándolos cada vez más de estas garantías.

En áreas frágiles y afectadas por conflictos el acceso al agua potable a menudo se ve comprometido debido a que la infraestructura se daña o deteriora, las tuberías están en mal estado y la recolección de agua a veces es peligrosa.  Sin acceso al agua limpia, los niños se enferman, las escuelas y hospitales no funcionan y las enfermedades y la desnutrición se propagan.

El informe también dice que el declive y la destrucción de los sistemas de agua y saneamiento, y la falta de agua potable, son causas cada vez más generalizadas de inestabilidad social, económica y política, que amenazan la supervivencia, la salud y el desarrollo de los niños y sus comunidades, así como la paz y el desarrollo en todos los niveles.

Datos clave

En los conflictos, el agua contaminada puede ser tan mortal como las balas. En promedio, los niños menores de 15 años que viven en esos escenarios tienen casi tres veces más probabilidades de morir por enfermedades relacionadas con el agua y el saneamiento que por la violencia directa, mientras que los menores de cinco años tienen hasta 20 veces más de probabilidades.

Los ataques a los sistemas de agua impactan directamente a los niños. Cuando se detiene el flujo de agua limpia, estos se ven obligados a depender del agua insalubre, lo que los pone en riesgo de enfermedad. Es común que durante los  conflictos haya ataques deliberados e indiscriminados para destruir la infraestructura del agua, herir al personal y cortar la energía que mantiene el sistema hidráulico.

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