Marca negligencia de la FGE desaparición y hallazgo de Diana Celina

Diana

Paloma Fernández | @PalomaPen

Diana Celina González Hernández, una joven veracruzana de 24 años, desapareció la noche del 20 de diciembre de 2019. Su madre, Mariah Hernández, la buscó desde entonces y no fue sino hasta 23 largos días después que supo que había sido asesinada.

Lo leyó en los medios. Su primera reacción fue de incredulidad y, quizá más tarde, de rabia. Porque la Fiscalía General del Estado (FGE) —aquella institución de la que esperaba cualquier llamado en busca de nuevos indicios sobre el paradero de su hija— no había tenido la decencia de decírselo primero a ella.

Hasta hoy, Mariah sostiene que hay inconsistencias en las declaratorias del caso y desconoce el relato pormenorizado, el cúmulo de pruebas que confirme el feminicidio de su hija.

Aquella noche, la noche del 19 de diciembre, Diana Celina salió a la posada de su trabajo en un karaoke-bar de la ciudad, sus conocidos y familiares estaban al tanto de ello desde que entró hasta que salió del lugar con su amigo, Sergio Alonso R. O.

No fue sino hasta la mañana siguiente que, en el intento de contactarse con ella y fallar repetidamente, los familiares de la joven comenzaron su búsqueda. Una búsqueda que, para ellos, aún no ha terminado.

La búsqueda comenzó el 23 de diciembre. Los familiares difundieron el rostro de la joven por todos los medios posibles, desde las redes sociales hasta la televisión, sobre todo acudiendo a las instituciones que deberían garantizar la seguridad en el estado.

Entre el hiato de la desaparición y el anuncio de su supuesto hallazgo, la señora Mariah Hernández documentó los avances del caso desde su perfil en Facebook. Allí registró todo lo que supo: desde evidencias proporcionadas por la Fiscalía hasta nuevas pistas o testimonios que ella misma conseguía.

El anuncio del hallazgo

Toda esa búsqueda se cuarteó el 12 de enero de 2020, día en el que la FGE lanzó un comunicado en el cual planteó el “esclarecimiento” al anunciar el feminicidio de Diana Celina a manos, presuntamente, de Sergio Alonso.

En la narrativa oficial, el presunto feminicida abandonó el cuerpo de Diana Celina en la autopista del Sol, en Quetzalapa, Guerrero, y kilómetros después, en el municipio de Huitzuco, Morelos, se suicidó en el interior de su automóvil.

Cuando supo la noticia, Mariah Hernández escribió en su perfil de Facebook un largo estado en el que denunció la negligencia y la falta de información por parte de la Fiscalía, que prodigó la noticia sin antes comunicárselas a sus familiares.

La madre de Diana Celina demandó —aún lo hace— que se presentaran pruebas sustentadas y fidedignas para alcanzar el verdadero esclarecimiento del caso.

Mariah ha dicho que la desaparición de su hija puede tener una arista más. Con información proporcionada por las autoridades, supo que entre las últimas llamadas telefónicas registradas en el teléfono celular de Sergio Alonso se encuentra un registro con una funcionaria del municipio de Ayometla, Tlaxcala.

Aunque dicha funcionaria ya ha sido llamada a declarar, según el testimonio de la madre de Diana Celina, sus declaraciones fueron ambiguas y —a su juicio— no proporcionaron información que pudiera esclarecer el caso.

La búsqueda de la madre de Diana Celina y su familia no ha terminado. E incluso han acuñado un par de hashtags que la sintetiza: “#HastaEncontrarteDianaCelina” y “#TeSeguimosBuscandoDianaCelina”.

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