Manatí

Las noches y días de Carnaval en el barrio de Xonaca

GUADALUPE JUÁREZ | @LupJMendez
Fotografía: DANIEL CASAS |
@Dannidcasas

Hay ciertos días del año en el que las calles del barrio de Xonaca en la ciudad de Puebla se convierten en pistas de baile y sus banquetas en gradas con espectadores que aplauden, ríen y disfrutan los movimientos de los danzantes que lucen trajes y vestidos, máscaras de madera, sombreros con plumas y zapatos de charol brillantes.

También hay noches en los que la pirotecnia ilumina el cielo y las luces de espectáculo, acomodadas en los balcones de las casas de dos pisos, alumbran las calles que por esta ocasión los peatones caminan sin temor, aunque sean las colonias más peligrosas de la ciudad.

Hay puertas de hogares que se convierten en negocios improvisados de chicharrines o micheladas o baños públicos. Hay niños sobre los hombros de sus padres, hay familias completas esperando en sillas que rentan por 15 pesos o en sus propios banquitos que sacan de sus hogares. Hay días y noches que el Carnaval, una tradición colonial arraigada en los barrios de Puebla, transforma Xonaca.

Fotografía: Daniel Casas

Es la noche de un martes, horas antes de un miércoles de ceniza que anuncia la antesala de la Cuaresma —una parte del calendario litúrgico de la Iglesia Católica— y las cuadrillas de huehues que días antes han bailado por las calles, acompañados de cascabeles y de sátira, «queman al diablo».

La «quema del diablo» es en realidad «alejar el mal», explica desde el micrófono un integrante de la cuadrilla Experiencia y Juventud, que ha tomado una calle al lado del mercado de Xonaca para montar el espectáculo, con hombres vestidos con prendas de rojo vivo o negro, con máscaras diabólicas y cuernos rojos. Así son quienes se acercan a los niños y les gruñen o quienes sueltan carcajadas mientras recorren lo que se ha convertido en su escenario.

Mientras una mezcla de varias melodías de Heavy Metal resuena y la pólvora estalla en el cielo oscuro, esos hombres que representan el mal caminan con bolas de fuego tras de ellos y entre el humo que llena la calle. Y después, esos hombres se unirán a los pasos de los huehues que celebran, que bailan. Más de 100 cuerpos con movimientos coordinados que se desplazan por la calle.

Fotografía: Daniel Casas

Y el ritual se repetirá en más cuadras, con otro grupo de danzantes, con otro itinerario para «quemar el diablo». La cuadrilla 28 Oriente opta por un torito que encabeza a los hombres vestidos de diablos que caminarán por toda la calle, hasta que se terminen los fuegos artificiales y se queden petrificados en el suelo, ante los ojos de su público, que aplaude y anima.

Hasta que, de nuevo, los diablos y los huehues bailan luciendo las plumas de sus sombreros, o dando vuelo a sus capas con cada paso de su coreografía. Las mujeres de la cuadrilla —incluido el maringuilla, un hombre vestido de mujer que acompaña a los diablos y los danzantes— bailan sin ningún obstáculo aún con los corsés ceñidos al cuerpo, aretes largos que cuelgan de sus máscaras, guantes blancos y pulseras brillantes.

Así, en el barrio de Xonaca, previo a la Cuaresma, el Carnaval llena las calles de música y baile y una gran fiesta ilumina la oscuridad que por lo regular abunda en estas colonias.

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