Manatí

Mi primera marcha feminista

GUADALUPE JUÁREZ | @LupJMendez
Fotografías de Guadalupe Bravo |
@GuadalupeVBravo

Ahí estaban. Chicas de 15, 16 y 17 años que entusiastas pintaban sobre el suelo consignas en sus cartulinas blancas. Chicas que sujetaban un pañuelo verde o morado en sus muñecas o en el cabello. Adolescentes que se habían organizado en grupos con otras amigas, acompañadas de sus madres y hasta de sus papás para protestar contra la violencia hacia las mujeres.

También había otras jóvenes más grandes que tímidamente se lanzaban contra el patriarcado o que repetían consignas contra el machismo en voz baja, pero que poco a poco, por la inercia de cada paso y el ánimo de otras mujeres que ya tenían experiencia en movilizaciones, alzaban el puño y sus pancartas por encima de la cabeza, y su voz era un grito desgarrador que exigía justicia, que exigía no ser las próximas asesinadas.

Había madres de familia dentro de los contingentes, madres que acompañaban a sus hijas pero que, a veces, cuando se encontraban con monumentos y paredes rayadas, soltaban gestos con los que reprobaban el curso de la protesta.  

Había mujeres con alguna discapacidad que se unían a la travesía, en sillas de ruedas o apoyadas en sus muletas. Mujeres sordas hablándose entre sí con las manos, desplegando su lengua en medio de los gritos.

Hasta hace unos años, las marchas en el marco del Día Internacional de la Mujer se limitaban a contingentes con batucadas y canciones contra el machismo. Ayer fue distinto. Por primera vez las manifestantes eran madres que llevaban a sus bebés en brazos, o a niños pequeños de la mano. Parejas jóvenes unidas en los espacios mixtos, vendedores ambulantes que aprovechaban el tumulto para vender bolis o paletas y que, incluso, durante algún momento de aquella marcha, no podían evitar gritar parte de las consignas.

Fueron, en realidad, un montón de primeras veces. La primera vez que el Zócalo de Puebla es abarrotado por decenas de miles de mujeres. La primera vez que organizaciones ajenas al movimiento feminista —como la UPVA 28 de Octubre— respaldan la movilización. La primera vez que una bandera feminista ondea en el balcón del Palacio Municipal.

Fotografía: Guadalupe Bravo
Fotografía: Guadalupe Bravo

Y ahí estaban también los espectadores. Algunos aplaudían, otros grababan lo que pasaba con sus celulares y había quienes desde sus automóviles sonaban el claxon como forma de apoyo.

La marcha partió desde dos puntos. El primero fue la Fiscalía General del Estado (FGE), la institución responsable de procurar la justicia. No fue casual que ese punto fuera especialmente pintado por las manifestantes: una forma clara de rechazo hacia la impunidad. El segundo punto fue el Mercado Hidalgo.

Fotografía: Guadalupe Bravo

Ya en el Zócalo de Puebla, donde ambos contingentes se encontraron, las manifestantes no sólo exigueron un alto a la violencia contra las mujeres, sino también un alto la “simulación” del gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta y del Congreso local en temas como la despenalización del aborto y el reconocimiento de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Con consignas feministas y contra el patriarcado, las mujeres siguieron llenando cada rincón del primer cuadro de la ciudad. Porque adonde uno volteara había una chica con un distintivo morado o verde. La exigencia se convirtió en música y fiesta; cada proclama se hacía bailando y cantando. Y las calles eran de ellas, sólo de ellas.

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