Manatí

Resignificar el paro por nosotras, no por ellos

LIZETH MEJORADA | @LizethMejorada

Ayer paramos. Fuimos miles de mujeres en México las que decidimos detenernos juntas para ver cómo se desmoronaba la máquina llamada vida, sin nosotras.

Después de una poderosa marcha este 8 de marzo, los sentimientos están a flor de piel. Fue la primera marcha de muchas, tal vez de la mayoría; nuestras madres, hermanas, primas y abuelas salieron a la calle para alzar la voz por la situación que vivimos. 

En semanas pasadas las interrogantes fueron muchas, al nivel de hacernos dudar sobre nuestras acciones.

La derecha política, las empresas y el gobierno quisieron robarnos lo nuestro, nuestra voz, al apropiarse de algo que no les pertenece porque no lo entienden y dudamos, cuestionamos las formas, el oportunismo y sobre todo nuestras decisiones. Los carteles en redes sociales se viralizaron, llamando a un paro donde no saliéramos, no usáramos redes sociales y no compráramos nada.

Muchas de nosotras —acostumbradas a paros activos en el espacio público— no entendíamos por qué el llamado era ese, por qué se viralizó ni por qué terminó gobernándonos la masa para inducirnos un actuar sin siquiera detenernos a pensar qué queríamos nosotras.

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Por si no fuera poco el cuestionamiento, las noticias de los recientes feminicidios de Fátima y de Ingrid nos dejaron heladas, sin capacidad de articular cualquier otra acción que no fuera la rabia. Las múltiples denuncias de acoso en nuestras universidades y escuelas nos sacudieron. Lo único que teníamos claro es que todas las mujeres merecemos vivir una vida libre de violencia, pero en la forma de llegar a ello tenemos opiniones diversas.

Durante una asamblea universitaria dentro de mi universidad, a través del encuentro y de compartir nuestros dolores juntas, encontré lo que necesitaba; resignificar el paro. Me di cuenta que el patriarcado nos orilla a perder nuestro ser y configurarlo a partir de la atención que le damos al otro, sobre todo a los hombres. 

La narrativa del paro en muchos sentidos se fue construyendo alrededor de ellos, otra vez. Creando acciones para demostrarles, para intentar hacerlos reflexionar, pensar, sentir cómo era un mundo sin nosotras y, otra vez, pensando siempre en ellos y menos en nosotras. 

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Hoy resignifiqué el paro. Decidí parar por mí y por nadie más, porque necesitaba parar por todo el dolor que siento, porque necesitaba dialogar conmigo misma y abrazarme, estar con más mujeres en la distancia y acompañarnos juntas, como nunca lo hemos hecho. 

Por eso hoy llamo a mis compañeras a que independientemente de cómo hayamos vivido el paro y qué hayamos decidido hacer, lo resignifiquemos, lo hagamos nuestro como lo fue. 

Tomemos decisiones por nosotras y no por ellos. No olvidemos nunca que la acción más radical de nuestro movimiento es asumir que somos personas. 

El día que una mujer se asume persona el patriarcado pierde y ayer perdió, seguirá perdiendo porque las gotas de este río se han unido para empujar la corriente del río y hacer florecer más jacarandas en nuestras calles. Resignifiquemos el paro porque es nuestra vida y también nuestras jacarandas. 

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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ManatíMX

Activista, Directora de Puebla Vigila, Consejera Ciudadana del Consejo de Movilidad de Puebla y estudiante de Literatura y Filosofía por la Universidad Iberoamericana Puebla.

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