Manatí

Estudiantes centroamericanos en México, nuevos retos y narrativas

RENATA CARVAJAL

Desde la década de los 70, México ha sido un país de tránsito migratorio donde más de 100 mil migrantes centroamericanos buscan llegar a Estados Unidos para mejorar sus condiciones de vida. No obstante, muchas veces la decisión de emigrar del país es más un asunto de supervivencia que aspiracional.

Nuevas narrativas

“No me gustaría ir a EEUU y estar mandando remesas. […] Pienso mucho en que tengo que regresar a mi país con una licenciatura”, dice Ana Marjorie Martínez Mejía en una entrevista en línea. La joven de 18 años es originaria del departamento de San Salvador, municipio de Soyapango, en El Salvador, pero ahora reside en México pues forma parte del programa piloto Jóvenes Promesas, que busca atender de manera distinta la migración desde un enfoque integral en la educación. 

Muchos jóvenes centroamericanos no corren con la misma suerte que Marjorie. Un gran número no logran finalizar sus estudios de bachillerato; según el informe “La infancia en peligro” publicado por la UNICEF, en Honduras, por ejemplo, solo el 28,1% de adolescentes de entre 15 y 17 años se matricularon en la escuela en 2017. 

Muchas familias centroamericanas deciden emigrar a Estados Unidos o a México no sólo para huir de la violencia sino también para que sus hijos e hijas tengan acceso a una educación de calidad. Las políticas migratorias estadounidenses se han puesto cada vez más exigentes, especialmente en los estados fronterizos, por lo que han incrementando las vulneraciones a los derechos de movilidad de personas centroamericanas. Es en este contexto en el que surge el programa Jóvenes Promesa, para apoyar la educación media superior de jóvenes centroamericanos.

En agosto de 2018 llegaron ocho hombres y cuatro mujeres a Puebla, la primera generación del programa Jóvenes Promesa. Siendo menor de edad Marjorie tuvo que tomar la decisión de venir a estudiar a México: tenía apenas 16 años y en un inicio no tenía la inquietud de estudiar en el extranjero, pues no era un horizonte posible para ella. 

“Me encantaría regresar a mí país, lo extraño mucho. Hay cosas muy peculiares que extraño, la comida por ejemplo. De pequeña decía que nunca me iría a otro país, aunque conociera a alguien, porque allá están mis raíces” comenta. En su narración, Estados Unidos ya no representa un país al que tiene que ir para apoyar a su familia, México se vuelve un país con ofertas educativas para jóvenes centroamericanos.

La encargada del programa piloto Jóvenes Promesas en Puebla, Pilar Salazar, dijo en entrevista que México era antes un país de paso y como destino último estaba Estados Unidos; sin embargo, en los últimos dos gobiernos del vecino norteamericano las fronteras se han vuelto cada vez más difíciles de permear y las personas se tienen que quedar en México.

“La intención de proponer un programa piloto es que pueda dar horizonte para generar políticas públicas en cooperación regional educativa y a su vez combatir la infraestructura social adversa a la otredad; México tiene una sociedad sumamente racista y existe violencia simbólica y física a estas personas en movilidad, nuestro objetivo es vislumbrar una forma de saldar la deuda humanitaria con Centroamérica”. 

Puente Ciudadano es una organización de la sociedad civil que busca incidir en CDMX y en Puebla, con distintos proyectos que operan tres ejes de acción. La parte formativa tiene un diplomado de primeros auxilios psicológicos para personas migrantes, refugiadas y desplazadas. El área operativa busca el desarrollo regional comunitario con el proyecto “Tejiendo lazos en la Sierra Nevada” en la zona de las faldas de los volcanes en Puebla. Tienen además, actividades académicas que se dedican a la investigación y observación sobre temas de migración, y un proyecto que apoya al Festival de Interculturalidad y Movilidad Humana. En resumen el objetivo de Puente Ciudadano es atender temas de movilidad humana con proyectos como Jóvenes Promesas. 

Al preguntarle a Marjorie sobre sus experiencias relacionándose con mexicanos dice que “algunas personas tienen cero noción sobre El Salvador”. Dice también que exageran mucho la violencia de su país y también las noticias negativas. “Aunque muchos tienen el interés de conocerlo y de probar sus platillos”, concluye. 

Cuenta que su experiencia como estudiante en el bachillerato técnico Conalep le ha creado el sueño de ingresar a la carrera de Ingeniería en Sistemas, aunque se mantiene abierta a otras posibilidades, para después regresar a su país, El Salvador.

Para ella, ser parte del programa significa cumplir sus metas individuales. “Ser joven promesa no es algo que le deba a ellos [al programa], sino más bien metas que yo quiero cumplir; y ahí sí voy a poder aportar al programa”. Su compromiso es aprovechar la experiencia en México al máximo, “no es solo la experiencia de estudiar, sino de conocer muchas cosas, llenarme de experiencias; terminar mis estudios de bachillerato, conocer personas, trabajar en mis emociones” dice. “Estando en El Salvador iba a la escuela en en la mañana y en la tarde, aquí me doy cuenta que tengo tiempo para hacer lo que me gusta y darme tiempo para mí”.

Marjorie nos cuenta que su vivencia en México ha sido nutrida por las experiencias vividas junto a su familia de acogida poblana, pues se han encargado de llevarla de viaje a la Ciudad de México para conocer sitios históricos vivir la experiencia culinaria del país.  

Pilar, a su vez nos cuenta que una de las experiencias más bonitas que ha tenido el programa es la relación que se genera entre los jóvenes y sus familias de acogida. “(Los jóvenes) Encuentran que hay otras formas posibles de vivir, más allá de los miedos que han adquirido en sus hogares, más allá de lo que pensaban que podían aspirar” menciona que es un aprendizaje compartido entre ella y los jóvenes. 

Marjorie es ejemplo de las nuevas realidades migratorias a las que nos enfrentamos como país: personas de Centroamérica que ingresan con papeles y apoyos para culminar estudios medios y superiores, con la mira puesta en retornar a su país de origen. Pilar propone que es tiempo de pensar en políticas públicas que sumen a esta nueva realidad migratoria y hablar sobre migración con nuevas narrativas. ¿Estamos preparados como sociedad civil para participar en la proposición y construcción de alternativas para acoger a nuestros hermanos centroamericanos?.

Una nueva alternativa

Desde Puente Ciudadano surge el programa piloto Jóvenes Promesas que busca extender el horizonte de acción sobre la migración, para generar una cooperación regional educativa, específicamente en la región mesoamericana. El proyecto responde a la preocupación de madres y padres de países centroamericanos por los altos índices de violencia, pobreza, falta de oportunidades y exclusión social de sus hijos e hijas.

Guatemala, Honduras y El Salvador concentran una de las tasas de pobreza más altas entre los países centroamericanos. En 2018, el 74% de los niños de Honduras viven en hogares clasificados como pobres, para Guatemala y El Salvador el mismo caso ocurre con el 68% y 44% respectivamente, según el informe antes mencionado de la UNICEF. 

Una de las respuestas que México ha desarrollado para fomentar la alianza de cooperación binacional con países de Centroamérica son las Becas de Excelencia que el Gobierno Federal da para Extranjeros, diseñadas para personas interesadas en estudiar una licenciatura, postgrado o doctorado en universidades de México. 

Las propuestas de México en torno a las necesidades de personas que vienen en búsqueda de educación de calidad se centran la educación superior. La poca oferta educativa a nivel bachillerato en México para jóvenes migrantes motivó a la Asociación Civil Puente Ciudadano a crear el programa piloto Jóvenes Promesas dirigido a jóvenes centroamericanos. 

Pilar Salazar, coordinadora operativa y enlace del programa Jóvenes Promesas en Puebla, nos cuenta que eligen atender a estos jóvenes desde un enfoque integral pedagógico. Esto significa que se unen los aprendizajes que obtienen en el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) y los procesos de reflexión que Puente Ciudadano realiza para que los jóvenes se entiendan como sujetos colectivos y “se miren entre ellos como una red de aliados para que aporten a sus comunidades una alternativa de vida”.

Este trabajo fue elaborado como parte de una alianza entre Manatí y la clase Producción Periodística de la Universidad Iberoamericana Puebla

Comenta al respecto