Manatí

PABLO ARGÛELLES |@Piaa11

Hay mucho oportunismo en los movimientos que surgen a partir de hechos publicados en los medios de información o redes sociales, lo cual, bien podría demostrar que vivimos pegados a nuestras pantallas de cristal y litio mientras el mundo —el mundo de verdad— se está quemando afuera. 

No es hasta que algo de ese mundo se cuela en nuestros feeds, que las cosas, los problemas de verdad, empiezan a importar.

No quiero hacer un sermón aquí , pero no puedo evitar sentir enojo, producto, creo, de sentimientos encontrados, pugnas interiores que se parecen mucho al juego de la cuerda, ese en el que dos grupos de personas compiten para ver cuál de los dos jala con más fuerza. 

Esas dos fuerzas las identifico así: primero, el asesinato y el video brutal de la muerte de George Floyd, y segundo, el repudio de sabernos una sociedad totalmente oportunista, cegada por las modas y movidas por impulsos que duran lo mismo que una storie de Instagram:

24 horas.

De pronto nos damos cuenta que siguen matando a negros por ser negros:

¿Que eso no pasaba en el siglo XIX? 

¿Que eso no pasó ya en Ruanda?, 

¿en Sudáfrica?

¿en México?

                     etc. 

Hay quien mira al racismo con la misma lejanía con la que se mira la revolución Bolchevique o el descubrimiento de América. Pero a diferencia de muchos de los hechos históricos que estudiamos en los libros de historia universal, el racismo está en gerundio: está pasando, está pasando, todos los días. 

La década de los sesenta en Estados Unidos fue marcada, entre otros sucesos, por la lucha de los derechos civiles y la carrera espacial. Esta semana, la semana número 23 del año 2020 fue marcada por lo mismo, exactamente lo mismo. Es más: creo que este año, el 2020, será estudiado en el futuro por una relevancia igual o parecida a la de la década de los sesenta. 

Toda una década contenida en un sólo año. 

***

De todo lo que está pasando sólo me puede quedar claro que el mundo se mueve en círculos: revolvemos las causas cada tanto, sin llegar jamás al fondo. Y quién sabe si esa sea nuestra condición. Volvemos al problema, lo enfrentamos, luego nos adormecemos. Después de tanto, llegamos de nuevo al mismo problema. 

El racismo no es propio de ninguna generación, ni de ningún país, por supuesto, pero tal vez la nuestra, nuestra generación, tenga mucho más responsabilidad en intentar erradicarlo, pues nos encontramos en un punto de la historia privilegiado. Y lo que no puedo entender es que todas esas fuerzas, todas esas buenas intenciones, corren el riesgo de morir en una publicación de Facebook, entre toda la basura algorítmica —con sus excepciones, por supuesto—

Estamos rodeados de políticos ignorantes, misóginos, racistas y cegados, que se ganan el voto a pie de calle: ¿qué nos hace pensar que  nosotros somos capaces de ganarles la batalla sentados frente a nuestra computadora? 

Es cierto, es muy atractivo sentirse activista por un día y querer ser parte de aquellos que salen a la calle a reclamar lo que es suyo y lo que nunca se les ha dado, pero tan sólo creo que lo que nos toca, a los que estamos viviendo esto es guardar silencio, y voltear a ver la casa propia. 

Hay mucho que hacer. 

Yo no me considero racista, pero mentiría si dijera que jamás he dicho o hecho algo con el afán de molestar a alguien con respecto a su color de piel. 

Lo he hecho, y bastante. 

Ahí es donde debe ir todo lo que estamos viviendo: al examen propio, a ver qué carajo seguimos haciendo nosotros , aquí, en nuestra casa, para que un policía, de cualquier país, siga matando a alguien por su color de piel, por su dialecto o su lugar de origen.

Estoy seguro que la mayoría de nosotros no pasaría ningún intento de examinarse a sí mismo sin detectar al menos una decena de conductas racistas a lo largo de nuestras vidas.

Que la muerte de George Floyd esta semana vaya más allá de las pantallas y de los disturbios; que las muertes de cientos de mujeres que no saben que morirán mañana vaya más allá de las pantallas y los disturbios; que las muertes futuras de los que no han nacido todavía vayan más allá de las pantallas y los disturbios. 

***

Empecé esta columna queriendo hablar de Nina Simone y de cómo ella, a mi parecer, es uno de los mejores ejemplos de cómo una lucha es asumida, no como una moda, sino como una forma de vida, pensamiento y lucha. 

Pero no sirve de nada hablar de Nina, de lo mucho que disfruto la música que fue creada pensando en la negritud y luego tomada por el movimiento de los Derechos Civiles en la década de los sesenta, en Estados Unidos. 

Los movimientos no se tratan de superioridad moral: se trata de salir a la calle y enseñarles a los demás que lo que uno cree, por lo que uno vive, lo que uno es, no es motivo alguno para ser considerado alguien menor. 

Y eso se hace todos los días. 

*Aquí dejo dos canciones de Nina Simone, para etos tiempos: 

Fotografía de portada One-Wary Ticket Jacob Lawrence´s / MoMA.

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