Manatí

Las 18 horas diarias de trabajo (no) remunerado en la vida de Mariana

GUADALUPE JUÁREZ | @LupJMendez

Las 17 o 18 horas que Mariana está despierta se reparten entre hacer el desayuno y la comida, limpiar la casa, lavar ropa, estar al pendiente de las actividades escolares de sus hijos, de jugar con ellos, de las notificaciones de su celular de las tareas que sus alumnos suben a toda hora y de las instrucciones de sus jefes. El tiempo para ella es escaso y lo invierte, si acaso, al ducharse o al tomar una siesta vespertina de vez en cuando.

Mariana Rivera tiene casi 27 años y es profesora de inglés a nivel secundaria en un centro escolar al sur de la ciudad de Puebla.  Antes de la pandemia su rol de madre soltera y el de profesionista estaban claros: cumplir con sus horas clase por la mañana y en la tarde dedicarse a sus dos hijos, uno de seis años y un bebé de año y medio. El tiempo para ella misma ya era poco.

Pero la contingencia sanitaria por la propagación del Covid19 lo cambió todo. En lugar de dejar al menor en la estancia infantil y a su hijo mayor en el preescolar por las mañanas, mientras impartía sus clases y calificaba los trabajos y tareas en sus tiempos libres, ahora debe de estar al pendiente de cada paso de sus hijos y del celular, que se ha convertido en la principal herramienta para su trabajo y del que no se puede desconectar por mucho tiempo.

Mariana es maestra y madre de dos pequeños. La pandemia ha multiplicado sus horas de trabajo, tanto aquel por el que recibe un salario como por el otro referente a las tareas domésticas.

Marco, su hijo mayor, recién entró a la primaria, y ese cambio ha traído consigo estrés para ambos. Sin saber leer y escribir, su madre es la encargada de estar atenta para apoyarlo en las clases en línea que se imparten en la escuela a la que entró, lo que implica estar pegados en la computadora desde 8 de la mañana hasta la 1 de la tarde.

En ese lapso, Héctor, el bebé de año y medio, también realiza actividades a distancia de la estancia infantil, por lo cual Mariana también está al pendiente de lo que hace su hijo en el celular que ocupa a tan corta edad.

La vida escolar a través de la pantalla

Como maestra, la manera de trabajar también cambió. Del contacto cercano con sus alumnos, algo que disfruta, se ha tenido que enfocar sólo en las actividades que envía a través de una plataforma, revisarlas cuando se las entregan y tratar de conocerlos en las reuniones virtuales que planea una vez cada 15 días para resolverles dudas a los 120 estudiantes de primer año de secundaria a su cargo.

Para ella, esta nueva modalidad a distancia es un reto, porque sabe que no todos sus alumnos cuentan con los recursos tecnológicos para cumplir con sus tareas, por lo que los límites de entrega se extienden y por ende sus horas de trabajo para los que es contratada. Las notificaciones de cada entrega en su celular son constantes y la obligan a estar atenta en diferentes horarios.

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A diferencia de otros maestros, dice tener más tiempo para comentarles uno a uno sus actividades, de forma que se sientan acompañados en esta nueva etapa.

Me gustan más las clases presenciales, el contacto con los alumnos ya no lo hay. Sé qué entregan, pero sé que tienes problemas de internet, pero no los puedo conocer. Si antes podía ayudarlos en sus calificaciones porque sabía su situación, pero ahorita no tengo contacto con ellos. Hay chicos que no me han entregado ni un sólo trabajo y no sé su situación, no sé si podemos apoyarlos”.

A pesar de ello, trata de que sus actividades en línea sean lo más dinámicas posibles, como también lo hace en las clases presenciales, porque sabe que los nuevos alumnos se enfrentan al cambio del esquema de enseñanza de la primaria de un solo maestro, al de 10 de diferentes materias, con distintas actividades de las materias que reciben.

Las evaluaciones también hacen más compleja su labor. Es una apuesta a la honestidad de cada alumno que responden los formularios desde sus casas. 

La sobrecarga de trabajo a las mujeres

Antes de la Pandemia, en el estudio Pobreza y Género en México: hacia un sistema de indicadores Información 2008-2018 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), se estimaba que las mujeres que son madres dedicaban a la semana hasta 22 horas en promedio a las tareas del hogar y 28 más en el cuidado de otras personas.

En el caso de Mariana, dedica por completo más de 85 horas en atender a sus hijos, en las actividades como ama de casa, es decir, cuatro veces más de lo que se calculaba que una mujer invertía al trabajo no remunerado, el cual es más relajado los fines de semana cuando se levanta más tarde y no las destina en el acompañamiento a sus hijos.

De acuerdo con especialistas en temas de género, como la actual titular de la Secretaría de Igualdad Sustantiva, Mónica Díaz de Rivera, se ha hecho evidente que las mujeres han sido las principales afectadas durante la contingencia sanitaria. Al estar a cargo del cuidado de sus hijos, en algunos casos han renunciado a sus empleos para poder apoyarlos en las actividades de sus clases en línea.

Ilustración: Valeria Bautista

Además de que todavía son las encargadas de cuidar a otros integrantes de su familia, ya sea porque se encuentran enfermos o por su avanzada edad, a lo cual se suma las tareas del hogar.

En el trabajo remunerado desde casa, tampoco es la excepción en la desigualdad de género.

Según la Encuesta Telefónica sobre Covid19 y Mercado Laboral (Ecovid-ML) y FMI/ Infaboe, de la Asociación de Internet MX, aplicada del 14 al 21 de mayo en cuatro regiones de país, los habitantes de la zona Centro —donde se ubican estados como Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala— consideran que la carga de trabajo en la modalidad home office ha incrementado, sobre todo las mujeres encuestadas.

Ilustración de portada: Valeria Bautista.

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