El mercado negro de armas. Una entrevista con Mauricio Saldaña Rodríguez

 El mercado negro de armas. Una entrevista con Mauricio Saldaña Rodríguez

Mario Galeana | @MarioGaleana_

Las rutas del tráfico, la criminalidad en el estado y la aquiescencia de las autoridades. En esta profusa entrevista, el especialista Mauricio Saldaña Rodríguez, investigador en temas de seguridad y política, con una obra se compone de más de dos docenas de libros, explica cómo es el submundo de la venta de armas.

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— ¿Qué relación tiene el tráfico de armas con la incidencia delictiva de un estado?

Mauricio Saldaña Rodríguez: La respuesta requiere forzosamente de entender quiénes son los usuarios de las armas. En términos muy sencillos, puede pensarse en tres tipos de usuarios con propósitos delictivos: el primero es el delincuente común; el segundo es la delincuencia organizada en forma de cártel o clan y el tercero es el de las pandillas.

Son entes criminales completamente distintos entre sí, en términos de los propósitos violentos que tienen: el delincuente común emplea un arma para el robo en cualquiera de sus posibilidades; la delincuencia organizada usa las armas para robos y asaltos, pero en general para defenderse de sus Contras (otros cárteles y Fuerzas Armadas).

Por último, las pandillas se dividen en por lo menos tres subgrupos: las que son outsourcing de un cártel y por lo tanto, requieren de un poder de fuego muy alto; las que son de delincuencia común y generalmente usan armas cortas y, las pandillas sociales que usan otro tipo de armas, tales como boxers o cuchillos.

En México hay dos delitos específicos que son los motores primarios para que la delincuencia necesite un arma: el robo en cualquier modalidad y el homicidio. De ahí, sin mayores dificultades podemos vincular al tráfico de armas con 50 tipos distintos de prácticas delictivas.

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—¿Qué condiciones propician el tráfico de armas en Puebla? ¿En qué regiones específicas del estado? ¿Cuáles son las rutas?

—Hasta 2010, Puebla era una ruta de armas sumamente apreciada y los acuerdos fácticos incluían el no dejar cargamentos para su venta, aquí. A partir de 2010, se resquebrajaron esos acuerdos y la entidad ha ido transitando sin control real, entre el emplearla como sitio de tránsito o de venta.

Respecto a las rutas, en forma esquemática se tendrían cuatro: la de la Sierra Norte, vía Veracruz; la de Tehuacán-Sierra Negra; la de Acatlán de Osorio-Izúcar de Matamoros y la nodal, que es la de la ciudad de Puebla.

—¿En qué lugares suele efectuarse la compra-venta de armas en Puebla?

—Los lugares habituales son los mercados públicos. En cuanto a vecindades, son docenas pero tampoco hay que engañarse: hay docenas de domicilios privados en colonias decentes que tienen un buen portafolios de productos.

Los comercios no tanto; diría que el 20% de los mercados ocupa el 80% de las ventas en Puebla y en otros municipios clave. Pero dependiendo del comprador es el proveedor: se pueden conseguir muchas cosas en Facebook y WhatsApp.

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—¿El incremento de homicidios con armas revela de forma inherente un incremento en el tráfico de armas?

—Más bien revela dos cosas: de un lado, el incremento en la compra de armas; pero del otro, el reciclaje de las armas ya empleadas en un delito, a las que llamamos coloquialmente “quemadas”.

En términos de mercado es muy sencillo de explicar: una pistola Beretta de las más pequeñas, la compras en la tienda de SEDENA en 500 Euros; si consigues un arma idéntica que fue comprada en Estados Unidos para posteriormente ser usada por los cárteles y luego te la venden ya “quemada” en un mercado, te costará entre cinco y ocho mil pesos.

Las armas “quemadas” son muy baratas por dos motivos: porque se usaron en una ejecución y pueden ser trazadas, y porque pueden haber cumplido su vida útil, poniendo en riesgo a quien las use.

El tema es que las armas no llegan solas a Puebla ni se trata de un producto que se compra por antojo; el incremento en el flujo de armas señala dos cosas: hay una gran cantidad de grupos delictivos que se están enfrentando en Puebla, y muchas personas están comprando un arma para protegerse.

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—¿El tráfico de armas cuenta con la aquiescencia de autoridades municipales, estatales y federales?

—Indudablemente que cuenta con el beneplácito de las autoridades y esto se da en diversas formas. Primero, hay personal policiaco que tiene los contactos apropiados para fungir como comisionista y vender un arma sin siquiera tenerla en las manos.

Segundo, los datos de aseguramiento no son reales y hay un enorme subregistro en estas cifras, por lo que los datos que se pueden encontrar en bases de acceso libre tienen un notable margen de error.

Tercero, la enorme mayoría de las armas incautadas son de la peor calidad y eso te habla de que se presenta como objeto incautado, al bagazo. Las armas que valen la pena no desaparecen del reciclaje. Solo hay que ver las armas que aparecen en las fotos de prensa para percatarse que, tal vez no sean las mejores.

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— En Puebla, 14 municipios concentran el mayor porcentaje de  armas incautadas de 2015 a 2019, y una buena cantidad de homicidios. ¿A mayor aseguramiento de armas, mayor tráfico en estos municipios?

—Tiene todo el sentido que estos municipios tengan ese efecto de mayor aseguramiento y mayor tráfico; en primer lugar, porque los grupos delictivos necesitan de esos insumos para trabajar, por lo que no pueden dejar de comprarlos. Y en segundo lugar, esos municipios son parte de las rutas de armas.

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—En algunos de estos municipios se registró un gran número de hechos relacionados al huachicol. ¿Estas 14 demarcaciones comparten algún otro factor, condición o dinámica que pueda asociarse al tráfico de armas?

—Hay que entender que el huachicol representa alrededor de 15 millones de pesos diarios en utilidades, solamente en el triángulo rojo tradicional que todos conocemos. Ese es un negocio lo suficientemente robusto como para que se detonen docenas de delitos a partir de él.

Básicamente tenemos dos triángulos rojos: uno, que incluye a Tepeaca, Tecamachalco y los demás municipios que le dan justamente forma de triángulo y, otro que se encuentra en la Sierra Norte, teniendo como incentivo adicional a la minería, de la que diversas organizaciones delictivas han encontrado un polo emergente para sus actividades.

Lo anterior no excluye un componente que debe tomarse en cuenta en cualquier análisis serio: Puebla es un estado controlado por caciques, pero no estoy hablando de un solo individuo. He mapeado a alrededor de cincuenta en toda la entidad y la enorme mayoría de ellos tienen participación en estos temas, en menor o mayor medida.

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—Ni la FGR, ni la SSP del estado de Puebla han hecho públicas las bases sobre el tipo de armas aseguradas durante estos años. ¿Cómo podría hacerse una radiografía o base sobre el tipo de arma que se comercializa en el estado?

—Es prácticamente imposible por dos motivos: el primero es porque adentro de las propias corporaciones las armas buenas desaparecen y ponen como elemento material probatorio a cascajo que puede irse al almacén de evidencias sin que nadie diga algo. Por lo tanto, no hay forma de identificar qué armas realmente fueron decomisadas y menos, censadas.

El segundo motivo es que se maquillan las cifras por dos razones: primera, para cuadrarlas con las metas que los funcionarios tengan como tales; segunda, para reducir la percepción de que el Estado está rebasado por la delincuencia.

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—¿Cuál es el rango de precio de las armas en función de su calidad y el tipo de distribución a la que está asociada?

—Depende por entero del arma que busques y sobre todo, de la urgencia que tengas. Si tienes mucha prisa, el costo aumentará mágicamente. No es lo mismo que compres un arma nueva a que aceptes una que ya está “quemada”.

Por ello, el rango en el precio de venta de un arma es muy amplio. Hay proveedores que te ofrecen un AR15 nuevo en 40 mil pesos y si acudes a ciertos mercados de la ciudad de Puebla, un arma similar que ya está “quemada”, puede costar 15 mil pesos y con un solo cargador de cuerno, no de disco.

Otro tema son los cartuchos: una caja de cartuchos para arma corta en SEDENA puede costar desde los mil pesos para calibre muy pequeño, hasta siete mil pesos. Pero si acudes al mercado negro puedes conseguirlos a granel; esto es, sólo para abastecer un cargador.

Eso por lo que se refiere a armas de fuego, pero si piensas en granadas, las cosas se salen de control, porque esa clase de armas han pasado por muchas manos y generalmente tienen fallas que son catastróficas a la hora de usarlas, dada su baja rotación.

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—¿Cuántos modelos de distribución o tipos de armas confluyen en el tráfico que se realiza en Puebla?

—Podemos tener tres modalidades básicas de distribución: la primera es la que se da en algunos circuitos policiacos y que, por obviedad, requiere de un contacto para poder acceder a la venta.

La segunda, que es por las redes de trasiego de la propia delincuencia organizada y que provienen de otras entidades, como son los casos del Estado de México, Ciudad de México y Veracruz, aunque también son relevantes Tijuana y Reynosa.

Y la tercera, que es por medio de vendedores especializados que tienen su propia base de clientes, a los que les tienen confianza y les proveen de lo que necesiten. Aquí puede darse la venta en domicilios particulares, vecindades y, claro está, mercados públicos que tienen áreas especiales para almacenarlas y que en un operativo no será sencillo encontrar.

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