Vivir y cuestionar desde el feminismo

 Vivir y cuestionar desde el feminismo

En nuestra columna invitada de hoy, Stephanía hace una reflexión sobre la importancia del feminismo en su vida y en la sociedad.

STEPHANÍA GONZÁLEZ | @stephaniagr13

Estoy sentada frente al computador tratando de convertir en palabras la reflexión que saqué del artículo de Marta Lamas titulado Las voces que no se pueden callar, publicado en la revista reciente de Proceso. Estoy tecleando tratando de darle forma, de darle coherencia textual.

Sororidad, qué palabra. Me calma, es como un bálsamo para mis experiencias pasadas. Me asegura que todo es mejor juntas, que nunca más habrá rivales. Que no debieron haber existido.

Supe del feminismo en la universidad, desde entonces mi vida no ha vuelto a ser la misma. Para bien. Cuestionar el mundo –la realidad, lo ya dado–, convertir lo pasivo en activo no ha sido sencillo, de bruces me he ido millones de veces. Doloroso, muy doloroso. Penoso y triste también.

Y aquí estoy, aquí sigo… silenciando comentarios, frenando pensamientos. Deshaciendo lo que era para darme una nueva forma. Moldearme y pintarme de morado. Aceptando y perdonando mis errores. Bien dicen que esto es un arduo trabajo personal. Y vaya que sí lo es. Pero también es una tarea colectiva.

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El año pasado participé por primera vez en una marcha feminista (#8M2020). No saben la energía y sentimiento que me generaron. Gritamos a un mismo tiempo por las mujeres que han sido violentadas, violadas, amenazadas. Por las que ya no están; respaldando y siendo soporte a las que les arrebataron abuelas, madres, hijas, hermanas, primas, amigas. Por las que siguen buscando. Reclamamos justicia. Y nos brindamos, sin duda, empatía absoluta y apoyo incondicional.

El 8 de marzo de 2020 fue significante. Asistencia masiva. Millones de mujeres unidas.

Este año fue diferente –aunque las cosas en materia de feminicidios no han cambiado, lastimosamente–. La asistencia fue menor debido al COVID-19. Yo no participé, pero la emoción y admiración por las que sí lo hicieron fue grande. 

El activismo no es exclusivo de las calles. Las redes sociales también sirven –y servirán– para debatir, para poner la lupa en lo que no se ve a simple vista, para poner en la agenda mediática temas trascendentales como éste.

El fenómeno masivo que estamos protagonizando tanto en el espacio público como en el digital es movido por una carga emocional imponente: resistencia.

Marta Lamas menciona que esta carga emocional es una temporalidad afectiva perteneciente a la Cuarta Ola (del feminismo).

Afirma también que en México el movimiento feminista ha ganado importantes batallas. Está creciendo y, como consecuencia, está teniendo nuevos desafíos. Dos de ellos –citándola textualmente– son:

  1. Fortalecer nuestra lucha preservando «nuestra capacidad pensante»: interrogarnos, teorizar acerca de los enigmas y mediante ello de recuperar el placer de invertir lo pasivo en activo.
  2. Reflexionar acerca del papel que juega la lucha feminista para avanzar una política de izquierda o, si se prefiere, para radicalizar la democracia.

Por ello, nos pido que sigamos movilizando los afectos y las memorias, sigamos viviendo y cuestionando desde el feminismo, y sigamos enfrentando unidas los grandes retos que tenemos… Por las que ya no están, por las que estamos, por las que vienen.

No puedo terminar este texto sin mencionar la razón del artículo de antropóloga mexicana en Proceso: su nuevo libro «Dolor y política. Sentir, pensar y hablar desde el feminismo», donde dimensiona las razones de las movilizaciones feministas en la CdMx de los últimos meses como parte de lo que denomina la Cuarta Ola latinoamericana y las nuevas formas de hacer política.

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Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí

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Stephanía González

 Licenciada en Comunicación. Con una pasión por el periodismo deportivo y la buena ortografía. Todo lo que leo y escribo es con perspectiva de género.

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