La Caseta Cultural Cafre: libros a ras de piso

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A través de La Caseta Cultural Cafre, Yamil busca fomentar el gusto por la lectura en las calles de Puebla.

STAFF MANATÍ | @ManatiMX

En una de las esquinas más transitadas del centro histórico de Puebla, donde los autobuses se detienen con estruendo, la música de los comercios se mezcla con las voces de los peatones y la prisa domina el ritmo de la calle, hay un espacio que funciona a contracorriente: una caseta repleta de libros.

Ahí opera la Caseta Cultural Cafre, un proyecto encabezado por Yamil Rosas, que desde diciembre pasado busca acercar la lectura a quienes pasan diariamente por esta zona. No se trata de una librería tradicional ni de una biblioteca silenciosa, sino de un punto abierto donde los libros se venden, se intercambian y se regalan.

“Lo que buscamos es que en los espacios públicos se normalicen los libros”, explica Yamil. “Que alguien que va saliendo del trabajo, en la noche, se tope con uno”.

La iniciativa surgió con el acompañamiento del colectivo Unidad Cultura Alternativa, que impulsa actividades culturales en espacios como el Paseo Bravo y El Carmen. Desde entonces, la caseta se ha convertido en un lugar de paso y de encuentro para estudiantes, trabajadores, adultos mayores y personas en situación de calle.

A diferencia de las librerías, donde muchas personas sienten cierta distancia o temor, en la Caseta Cultural Cafre el acercamiento es directo. Los libros pueden hojearse sin compromiso y leerse gratuitamente.

“Aquí puedes sentarte a leer sin pagar nada”, dice Yamil. “Si traes un libro, te lo intercambio. Si tienes libros en casa que ya no quieres, aquí les damos otro uso”.

El acervo es amplio y diverso: superación personal, deportes, política, psicología, drama, periodismo, revistas y periódicos. Para su responsable, no existen jerarquías entre géneros.

“No somos elitistas con la literatura. Toda literatura en algún momento nos sirve”, afirma.

La dinámica principal es el acompañamiento. Yamil evita imponer recomendaciones y apuesta por escuchar primero a quienes se acercan.

“No te voy a recomendar algo que me guste a mí. Si a ti te gusta el romance, no te voy a imponer historia. Nuestra base es guiar”, explica.

El entorno no es un obstáculo, sino parte del proyecto. La lectura ocurre entre el ruido del tránsito, la música de los locales y el flujo constante de personas. A veces, incluso, se realizan lecturas en voz alta.

“No necesitamos un lugar cerrado y silencioso”, comenta. “Convivimos con el entorno. Hay ruido, y leemos así”.

La caseta abre de lunes a domingo, con excepción de algunos lunes, de once de la mañana a siete u ocho de la noche. En ese horario circulan todo tipo de personas. Entre ellas, destaca la presencia constante de personas sin hogar.

“Muchos vienen por libros. Me sorprende cómo buscan cambiar su realidad mediante la lectura”, dice Yamil.

El sistema de intercambio busca ser equitativo. Un libro usado puede cambiarse directamente, y los ejemplares más recientes se obtienen mediante varios intercambios o con una pequeña diferencia económica.

“Tratamos de que sea justo para ambos lados”, explica.

Sin solemnidad ni barreras,la Caseta Cultural Cafre está allí para recordar a los paseantes que un libro también puede ser parte de su camino.

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