¡Súbanle, hay lugares!

Por: Yassin Radilla / @yasslego

Ella: ¿Quihubo?

Yo: Hey, hola

Ella: ¿cómo vas?

Yo: Bien bien. ¿Tú?

Ella: Esperando el camión. Ya tardó 20 minutos

Yo: Qué hueva. Eso sí es mucho

Ella: Media hora. Puto transporte público

Yo: Chale. Es tan frustrante llegar a tu casa. Fuera de esto, ¿cómo te ha ido?

Ella: Era para ir a la Ibero, pero ya no voy a ir. Después de 40 minutos ya mejor tomé el de mi casa. Estoy Enojada.

Así fue como entendí que no era el único que sufría por la ineficiencia de nuestro transporte público; que es necesario reflexionar, no sólo entre quienes toman las decisiones al respecto, sino entre todos los usuarios, acerca de las condiciones en las que debemos y deseamos transportarnos en este sistema.

En Puebla, de los tres millones y medio de viajes diarios, más de un millón 600 mil viajes son en transporte público; muchos de éstos en las peores condiciones. A pesar de que esta cifra involucra directamente a gran parte de la población, casi nada hablamos al respecto, quizá por temor a parecer de la clase mediatera quejosa, o porque no somos conscientes de nuestro derecho a recibir servicios de calidad por parte de empresas subsidiadas por el Estado, según ellos, a fin de garantizarnos un bien más que necesario.

Quizá para muchos sea vergonzoso salir del clóset como usuario de transporte público. Lamentaría si esa es la razón por la que no se inician conversaciones sobre cómo incidir en su mejora.  Prefiero suponer que esto se debe a esa atribución instantánea, tristemente heredada, que le damos a nuestro micro, metro, ruta… o lo que haya, de pésimo o mala calidad, como si esto obligadamente debiera ser así. Ser usuario de transporte público no debe, ni implica, ser amantes de la aventura y fieles resignados a lo peor.

Lamentablemente, en la capital poblana son evidentes no sólo la falta de una planeación inteligente para integrar los sistemas de transporte público para que este sea eficiente y de calidad, sino la falta de cordura misma para poder considerar, al menos un poquito, las necesidades del cliente final.

Los usuarios sí tenemos identidad. Sí pensamos en unidades limpias y funcionales; en que carecemos de suficiente espacio para acomodarnos, de conductores capacitados para entender a sus clientes y las dinámicas del espacio público, de cobertura inteligente, articulación entre diversos modos de desplazamiento (motorizado y no motorizado), entre otros aspectos cuya soluciones quedan como juego de niños si se intenta mitigar el problema desde el fondo: la corrupción y pereza política y gubernamental de corregir el problema y garantizar transporte público con dignidad.

Lamentablemente el transporte público parece ser, al menos en Puebla, un beneficio exclusivo de los concesionarios, con la cruda realidad de los operadores como su cara, y el suplicio diario de los usuarios como lo que lo alimenta. Y no la solución a los problemas de movilidad, tráfico y contaminación. Así se desperdician las oportunidades.

Y: Y luego nos llaman intensos y ociosos por pensar en la ciudad, su espacio público y la forma con la que nos desplazamos en ella.

Ella esperaba la ruta Bicentenario b, en una parada de la avenida las Torres, cerca de la 24 Sur, en dirección a la Ibero. Eran aproximadamente las 18:15 horas.

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