Ku Klux Trump

Por Renata Bermúdez / @Renbyh

Cuando creíamos que habíamos evolucionado socialmente nos encontramos de frente a una realidad que pensamos estaba muerta, pero como dicen que la historia es cíclica, volvimos a la intolerancia, a tenerle miedo a la otredad.

Cuando en mis clases de Historia Política de Norteamérica me explicaron las causas, el desarrollo y el fin de la Guerra de Secesión, donde se había roto el pacto federal en Estados Unidos y que como consecuencia, aquellos más lastimados por la pérdida de la guerra se habían aglutinado para hacer un grupo, que,  Woodrow Wilson definió como: “los hombres blancos que fueron provocados por un mero instituto de supervivencia hasta que finalmente surgió el Ku Klux Klan”.

Este grupo revive según la coyuntura norteamericana olvidando que el primer Klan era un grupo que no usaba la violencia, pero si tenía unos tintes esotéricos, hasta la primera reestructuración, cuando comenzó el terror: flagelaban personas, linchaban o castraban negros con el argumento de “defender a los débiles y oprimidos”, este fue el pretexto, para evitar que los esclavos libertos tuvieran el mismo acceso que los blancos a la educación, a una vida social igualitaria y a votar en las urnas, esto en 1867.

Siglos después, en 2016, cuando supuestamente somos una sociedad posmoderna, con la emergencia de redes sociales, glocales, transnacionales e internacionales, vuelve a nacer de sus cenizas este grupo, a recordamos que seguimos teniendo miedo al otro, al diferente, al extranjero, al que tiene una identidad distinta.

Es mentira que hemos evolucionado, y la muestra son las reacciones que ha provocado la elección de Donald Trump como presidente de una nación con 11.3 millones de migrantes; creemos que el hombre es la medida del tiempo y de la sociedad, pero es un hombre que es igual a mí, el que tiene un pensamiento homologado, tradiciones y cultura idénticas a las mías.

El miedo al otro provocó los genocidos del siglo XX, en los que la necesidad de eliminar al otro por religión, raza y cultura ponían de manifiesto la existencia de minorías, que son grupos resistentes al cambio; al cambio que la mayoría ideal y superior quiere imponer.

Estamos de frente a un narcisismo colectivo que explotó tras una serie de eventos desafortunados, no porque hayan dejado de existir, lo ocultamos, porque lo políticamente correcto es parecer tolerante, aparentar que somos socialmente progresistas y eso me atemoriza, porque seguimos siendo el lobo del hombre esperando atacar, me atemoriza que los migrantes sean la carne de cañón en Estados Unidos, de unos cuantos que no toleran las diferencias y que manchan una nación que ya en sí misma es grande. Make America great again, en panamericanismo, no en ataques entre hermanos separados por fronteras.

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